martes, 29 de octubre de 2013

Porque para decidir hace falta más de una opción

por Flora Mitocondria

Los objetos como tales, son inanimados. Son inertes. Son objetos y nada más. Pero a veces, en la ducha, podía sentir a la dichosa “maquinita” de afeitar mirándome, juzgándome. Tras ella, venía marchando toda la otra maquinaria: La de la idealización del cuerpo “perfecto”, “ideal”, bellamente barbístico, esbelto, suave y lampiño como un buen pedazo de plástico.
Cada ocasión en la ducha me recordaba a los primeros años de la pubertad, donde la revolución hormonal comenzaba a tomar el terreno de mi cuerpo. La idea de la depilación en esos tiempos ya me sonaba por lo menos sospechosa e innecesaria. Pero el tiempo y la transición hacia la adolescencia cambiaron el panorama. Como “señorita” debía cumplir con ciertos requisitos que llovían desde la TV, las revistas y el duro proceso de adolecer aquel anhelo de aceptación de los pares y el dilema del despertar de la sexualidad. La opción de no encajar no contaba como tal y la meta de la belleza juvenil ideal, inalcanzable. 
En ese ámbito empieza a desarrollarse el gérmen de lo estéticamente deseable y el desprecio de lo que se sale de estas pautas, creando y haciéndonos creer que existe un tipo de belleza “correcta” y apetecible; y al que se debe llegar de una u otra manera. ¿Es redundante el aclarar que dichos estándares responden a un “gusto” formador social, cultural y fundamentalmente masculino o de una visión del macho? Por si acaso dejo abierta esta pregunta.
Como la mayoría de las chicas/mujeres, hube de someterme al hábito depilatorio, como uno de los requisitos de la inmensa lista que portan aquellos valores estéticos. Mis dudas con respecto a estas prácticas eran reales, tanto como las miradas y las críticas implacables que estarían al pie del cañón si decidía rechazarlas. En retrospectiva, lamento que el peso social haya sido mayor.
Innumerables sesiones de quemaduras con cera, pellizcos con pinzas o depiladoras eléctricas debieron pasar. Depilarse resulta una costumbre terrible para mi, además de doloroso, inútil y nada productivo. Muchos años de dolor físico y emocional por correr la zanahoria de las piernas y axilas bellas y sedosas, y que nunca sería alcanzada por mi, tuvieron que pasar. Durante esos años y después, fueron resonando cada vez con más fuerza preguntas como: ¿Cuál es el propósito de emprender una tarea tan imposible como fingir que algo natural como el vello, no existe? ¿Es un deseo propio el de tener un cuerpo plastificado? ¿A quién respondo cuando acepto los modelos que se me demandan? ¿Realmente quiero hacer esto?
Esta última pregunta es fundamental. Más allá de lo que se espera en la sociedad de las mujeres, en cuanto a lo estético, considero mucho más urgente el plantearse esto.
¿Es de mi deseo consumir MI energía, MI tiempo y MI dinero en mantener un patrón de belleza basado en los deseos de otros? Yo no puedo responder positivamente a esto, pero quien pueda hacerlo de corazón no merece ningún reproche.
Mientras seamos conscientes de nuestros cuerpos, de las prácticas que aplicamos sobre ellos y de las consecuencias de esas prácticas (físicas, emocionales, de autoestima, sociales) no hay lugar para el error. No hay correcto o incorrecto en este tema: debe ser una cuestión de elección, pero de una elección honesta. Es central sincerarnos con nosotras mismas para obtener una coherencia en el accionar.
Aquellas mujeres que eligen la depilación por gusto personal tienen todo mi respeto. Cada quién puede y debe decidir sobre su cuerpo y su vida, pero esto sólo se logra plenamente luego de haber reflexionado y considerado las demás opciones.
Yo elegí prescindir de la depilación. La decisión no fue difícil y hasta lo sentí como un proceso lógico en mi vida. Pero por supuesto que todo acto tiene sus consecuencias y éstas deben tenerse presentes, también a la hora de elegir.
Las relaciones sociales rebalsan de prejuicios respecto a este tema y no son fáciles de evadir, en una época dónde e aspecto físico está tan sobrevalorado. El ámbito laboral, el académico y todo evento social son tenidos en cuenta a la hora de decidir y elegir salir a la vida con el cuerpo sin procesar, esquivando la ruta de los “salones de belleza”.
Unos meses después de recuperar el tiempo que la máquina me había afeitado, vinieron los días de calor. Uno de esos días coincidió con mi clase de teatro. Esperando a que comience la clase, dos de mis compañeras me dieron una hermosa sorpresa: Polleras y pantalones cortos mostrando vivaces piernas peludas y remeras sin mangas descubriendo axilas a las que no les interesa ser lisas y sedosas.
Por supuesto que la decisión personal es fundamental y por ello es que vuelvo tanto sobre la cuestión; pero ver la libertad tan naturalmente en otras mujeres, ayuda a combatir las miradas prejuiciosas y las críticas banales. Pensando en esa rivalidad entre mujeres que fue implantada en el ideario social, un punto de luz fue para mi aquella situación. No fue necesaria ninguna acotación. Los cuerpos libres hablan por sí solos.
Esta misma situación abre el abanico a todo lo que la elección sobre el cuerpo de cada una puede significar. Invito a partir desde este punto y trazar todos los despliegues posibles que atañan al poder de decidir. Mi cuerpo es mío y sólo yo debo y puedo decidir sobre él. Por más que suene trillado, una pasada por los espacios publicitarios televisivos y el efecto boomerang que producen en la sociedad, me hace pensar que nunca está de más mencionarlo.
Aliento entonces a poner todas las cartas sobre la mesa de las posibilidades. Elegirnos y aceptarnos es parte del camino hacia el amor al propio cuerpo y el entendimiento de lo que la belleza puede (o no) significar.

4 comentarios:

  1. ACEPTAR EL PROPIO CUERPO, AMRALO COMO ES, ES PARTE DEL CAMINO HACIA LA AUTONOMÍA Y LA LIBERTAD

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    1. ¡Hola Carolina! ¡Gracias por comentar!
      Desde acá creemos lo mismo y seguiremos intentando al menos sembrar una semilla de duda sobre las cosas que vemos y hacemos todos los días.
      ¡Cariños!

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  2. Yo lo vivencié desde el otro lado. Un lado bastante menos doloroso, pero tampoco lindo.
    Nosotros también pasamos por la pubertad. Y pasa que cada mujer o chica que ves está depilada (dejemos de lado ahora a maquillajes, ropajes y demás cánones estéticos). Lo ves en tu familia, en tus amigas, en tus compañeras de clase, lo ves en la tele (¡y cómo se esfuerzan en los medios de comunicación para evidenciarlo!), lo ves en la playa...
    Se nos presiona de todos lados para que tu conciencia se adapte y se moldee a los cánones. Sin cuestionar. Sin pensar en ellas como personas. Sin pensar en lo que pueden sentir.

    Cuento una experiencia personal: tendríamos 16 años cuando vinieron a dar charlas de "educación sexual" al colegio. Está entre comillas porque, por lo que puedo recordar, se centraban sobretodo en métodos de prevención de enfermedades y de embarazos: muy importante pero ¿eso es lo único importante en una etapa crucial en el desarrollo sexual y emocional? Continúo con la anécdota. En un ejercicio de clase, entre todos los chicos se hacía una lista de las condiciones "imprescindibles" que debía tener una chica, y viceversa. Uno de los items que se destacó era la depilación total (remarcando el total) en las mujeres. En ese momento creo que me empezó a hacer ruido el asunto de la depilación. Es decir, por primera vez surgía a las claras un hecho al que nunca le había prestado demasiada atención.
    Y empecé a verlo desde fuera, manteniéndome al margen de tal opinión pero sin poder forjar la mía propia. Era difícil, puesto que seguía sin haber visto una mujer sin depilar. Siempre piernas lisas, axilas lisas. ¿Cómo poder forjar una opinión, un gusto, una filosofía, desde la soledad, solo desde una vocecita interior que te dice que las cosas están mal?
    Pasaban los años y yo siempre veía a las mujeres, algunas más, otras menos, pero siempre atravesadas por todos esos cánones. Veía a mis compañeras en clase lindas. Llegaba el sábado por la noche, y de repente cambiaban. Ahora eran maquillajes con forma de mujer. Las mismas que en el día estando abrigadas decían «cierra la ventana, hace frío», a la noche iban "muy muy desabrigadas". Eso me chocó muchísimo. A ver, si ellas lo querían así, lo entiendo, si ellas son así, bien. Pero el asunto me empezó a provocar rechazo.
    No quería pensar que todas las mujeres eran así, tontas (sin ofender, pienso igual de la mayoría de hombres), siempre pendientes de modas y opiniones ajenas, siempre buscando la belleza en el exterior.
    Rechazo era una palabra insuficiente para definir lo que sentía.
    Poco a poco me forjé una opinión pero basada en mis propias convicciones. Interiormente me sentía "como en la búsqueda del santo grial." Esperando encontrar si existía aquello que yo defendía.

    Recuerdo que en un momento defendí frente a mi tía a las mujeres sin depilar. Su opinión era que el vello era feo, que el día que yo viera una mujer sin depilar vería que eso era asqueroso. Que una mujer dijera eso me molestó mucho.

    Fue no hace mucho que ví varias axilas velludas. Y me sentí muy bien. Bien por ellas, bien por mí, bien por la verdad, bien por el cambio, bien por la libertad.

    Así que desde este lado les mando un mensaje de fuerzas, un deseo de que como así ustedes logran la confianza en ustedes mismas, las demás también lo logren.
    Siendo ustedes mismas no sólo se demuestran a ustedes que pueden con todo, nos lo hacen saber a todos.
    Gracias a todas. Porque entre todos y todas vamos a avanzar.
    Con la lucha de cada una se da un paso más.

    ~Abrazos~

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    1. ¡Hola lingpaselia! La verdad me has hecho emocionar muchísimo. Te agradezco de corazón que hayas compartido tus vivencias con nosotras, porque eso nos ayuda a entender muchas cosas del presente, de los modos dominantes de la "enseñanza", de las creencias pasadas que sobreviven aún hoy, y muchisimos modos de analizar cómo se ha ido construyendo una idea de lo que la mujer debe ser para satisfacer al resto.
      Desde este lado, estamos totalmente a favor de la propia autonomía de las vidas y los cuerpos, allí no hay Dios ni patria y lo que sea que decidamos sobre ellos será nuestra voluntad. Esto lo alentamos desde una decisión sincera, escuchando nuestra propia voz. Con respecto a esto, ¡por supuesto que se puede forjar una opinión desde cada uno!. Eso no significa que no nos veamos influenciados desde ciertos lugares que nos significan. Esas influencias son parte de la vida y de los vínculos que se van creando social, cultural, ideológicamente.
      Lo de tu tía es una pena, sobretodo si su gusto por la depilación ha sido inculcado. Es lamentable que cada día escuchemos comentarios de las propias mujeres, con ideas tan naturalizadas que indignan. Pero agradezco a las mujeres y hombres como vos que intentan todo los días salir adelante como seres, como sociedad. Porque todos juntos debemos avanzar.
      Gracias a vos, gracias por la fuerza.
      Flora.

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