Mostrando entradas con la etiqueta MUJERES. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta MUJERES. Mostrar todas las entradas

miércoles, 8 de enero de 2014

La intuición como conocimiento autorizado



El objetivo de este artículo* es llamar la atención sobre el uso que hacen las parteras de la intuición como fuente destacada de conocimiento autorizado. Nuestra intención no es discutir el concepto de intuición sino simplemente utilizar la formulación que hace Jordan (1993) de la noción del conocimiento con autoridad como herramienta teórica que nos ayude a entender el papel que tiene la intuición para las parteras contemporáneas. Empezaremos examinando algunas perspectivas teóricas recientes sobre la naturaleza de la intuición.

Sobre la naturaleza de la intuición: Perspectivas teóricas

Creo que como que estamos en una cultura que no respeta la intuición y tiene una definición muy limitada del conocimiento, podemos caer en la trampa de esta limitación. La intuición es otro tipo de conocimiento, profundamente personificado. No está allí arriba en las estrellas. Es conocimiento, igual que el conocimiento intelectual. No es insustancial, que es lo que la cultura intenta hacer que sea.
-Judy Luce, partera de partos en casa



        El American Heritage Dictionary (1993) define la intuición como << el acto o la facultad de saber o sentir sin necesidad de usar procesos racionales; la cognición inmediata >>. A pesar de ser algo muy frecuente, la psicología la entiende y estudia poco (Laughlin, 1997). Uno de los mejores estudios sobre el tema es el de Tony Bastick (1982), en el que aísla muchas características de la intuición, incluyendo la confianza en el proceso de intuición, el sentido de certeza de la verdad de la revelación, lo repentino e inmediato de la conciencia del saber, la asociación de afecto con percepción (no racional, no lógica) y el carácter gestalt de la experiencia, el aspecto empático de la intuición, la naturaleza << preverbal >> y frecuentemente inefable del conocimiento, la relación ineludible entre intuición y creatividad y la posibilidad que una nueva percepción pueda resultar ser objetivamente incorrecta.
        En Women’s Intuition (1989), una de nosotras (Elizabeth Davis) señala que, en cuanto a la adquisición de la información, la sociedad occidental otorga un estatus con autoridad sólo a modos muy lineales de razonamiento inductivo y deductivo. Sin embargo, es bien sabido que << no hay creatividad en la ciencia, efectivamente, en ningún ámbito de la actividad creativa, que no implique intuición >> (Laughlin, 1997: 6; ver también Bastick, 1982; Hayward, 1984: 29-33; Jung, 1971; Poincare, 1913; Slaatte, 1983; Vaughn, 1979; Weil, 1972; Westcott, 1968). ¿Por qué la intuición es tan desvalorizada en Occidente?
        Tal como han señalado un buen número de científicos (Martin, 1987; Merchant, 1983; Rothman, 1982) las metáforas mecanicistas de la Tierra, el universo y el cuerpo han ido adquiriendo cada vez más prominencia cultural desde tiempos de Descartes. El razonamiento deductivo conciente, que se puede explicar y replicar lógicamente, es la forma más parecida a la máquina del pensamiento humano. Así pues, lo procesos raciocinativos (<< raciocinar >> significa << razonar metódica y lógicamente >>) se materializan en occidente y a menudo se expresan en términos de reglas normativas (Rubinstein et al., 1984: 34; Beth y Piaget, 1966). La intuición, por el contrario, se refiere a la experiencia que tenemos de los resultados de los procesos cognitivos profundos que ocurren sin ser concientes de ello y que no pueden explicarse o reproducirse lógicamente. Laughlin (1992, 1997) postula que la intuición es neurognóstica –inherente a la estructura básica del sistema nervioso central humano-, lo que justificaría los atributos panhumanos de la experiencia de la nueva percepción intuitiva. Propone que el lenguaje y sus estructuras conceptuales raciocinativas concomitantes no evolucionaron para expresar todo el sistema cognitivo humano sino sólo aquellos relacionados con la adaptación, señalando que el tipo de conocimiento que se puede expresar mediante estructuras conceptuales y lingüísticas del cerebro humano es superficial comparado con los procesos neurocognitivos más profundos  << de los que depende el conocimiento en sus sentido creativo más amplio >> (Laughlin, 1997: 17).
La investigación neurofisiológica sobre las funciones complementarias de los dos hemisferios del cerebro ha arrojado algo de luz sobre el proceso de la intuición. El hemisferio izquierdo media principalmente entre la producción del lenguaje, el pensamiento analítico y la secuenciación lineal y causal de acontecimientos, mientras que el hemisferio derecho principalmente media entre la producción de imágenes, el pensamiento gestalt u holístico y el diseño espaciotemporal (Bryden, 1982; Ley, 1983; Sperry, 1974, 1982). Simplificando un poco, se podría decir que el lóbulo izquierdo distingue partes de conjuntos, haciendo posible el pensamiento analítico  y la comunicación lingüística, mientras que el lóbulo derecho hace posible y difícil de comunicar o analizar la percepción gestáltica en nuestro sistema lingüístico occidental.
Algunos investigadores han utilizado estos descubrimientos para proponer que nosotros los humanos tenemos dos modos de conciencia, una que responde a lo que llamamos << razón >>, asociada al funcionamiento del lóbulo izquierdo, y otra llamada << intuición >>, asociada con el funcionamiento del lado derecho (Lee, 1976). Tal como Laughlin (1997:9) señala, algunos teóricos antropológicos han ido hasta el extremo de sugerir dos tipos diferentes de cultura definidos por estas dos maneras de conocer. Por ejemplo, Warren TenHouten (1978-79) ha utilizado las etiquetas de << proposicional >> y << composicional >> y ha argüido que estas dos maneras de conocer residen en un continuo con un tercer modo, el << dialéctico >>, en medio como una integración de la cognición del lóbulo derecho e izquierdo. En 1941, Sorokin sugirió que todas las sociedades oscilan a lo largo del tiempo como un péndulo entre dos polos extremos, uno caracterizado por el conocimiento racional y los valores materialistas, y el otro por el conocimiento intuitivo y los valores espirituales. La propuesta de Sorokin tiene su paralelo en los escritos populares contemporáneos en la distinción que hace Rianne Eisler (1988) entre culturas << dominadoras  >> y << asociadas >>  y la de Daniel Quinn (1993) entre << las que toman >> y << las que dejan >>. Estas distinciones también tienen su paralelo en las diferencias entre la partería estadounidense contemporánea y la sociedad tecnocrática en medio de las cuales la partería existe y lucha por prosperar. La tecnocracia es en gran parte jerárquica, dominada por los hombres, orientada por las máquinas y basada en los principios del hemisferio derecho del cerebro de separación y discriminación, mientras que la partería que se hace en las casas es principalmente igualitaria, orientada a la naturaleza y a las mujeres, y basada en los principios del hemisferio derecho del cerebro de holismo y conexión.
Por supuesto que tales dicotomías aparentemente tan bien definidas crean a menudo confusión. Es importante recordar que, a pesar de las dominaciones hemisféricas, el conjunto del cerebro está implicado en las funciones cerebrales. Una división funcional fuerte entre los hemisferios se da sólo en sujetos cuyos cerebros fueron físicamente divididos o dañados, ya sea a causa de heridas o de la cirugía (Sprenger y Deutsch, 1981). En el cerebro normal y sano, la semejanza y la replicación de la función son mucho más comunes. Laughlin sugiere que la intuición está << mediada por redes neurales en ambos lóbulos, no simplemente en el lóbulo derecho >> (1997: 11), llamando a los procesos cognitivos que se producen intuición << trascendental >> en parte para subrayar su funcionamiento transhemisférico, que abarca todo el cerebro.  El cuerpo calloso, que juega un gran papel en la transmisión de información entre hemisferios, puede ser lo más importante en la génesis de la intuición. En Women’s Intuition, Davis (1989) postula que la coherencia interhemisférica relacionada con estados trascendentes (Goldberg, 1983) y las conexiones intuitivas pueden ocurrir más fácilmente en las mujeres que en los hombres, ya que parece que el cuerpo calloso del cerebro femenino es mucho mayor. Se puede argüir, sin embargo, que esta parte del cerebro puede desarrollarse deliberadamente sea cual sea el sexo.
Tal como hemos apuntado antes, la ciencia, dada su sobrevalorización del razonamiento deductivo del hemisferio derecho del cerebro, nunca podría haber avanzado sin la creatividad de la intuición; concomitantemente, ninguna cultura orientada hacia la intuición podría sobrevivir sin una gran dependencia de la raciocinación. De igual modo, se puede dar el caso que incluso los médicos más tecnocráticos sigan su intuición en vez de su razón (Fox, 1975, 1980), e incluso es posible que las parteras más holísticas, en esta época postmoderna, hayan alcanzado un alto nivel de competencia en el uso de las herramientas tecnocráticas del parto y sean capaces de explicar y defender sus acciones en términos científicos, lineales y lógicos. A praxis de la partería postmoderna comporta, en muchas maneras, el ejercicio cuidadoso del razonamiento inductivo incluso si continúa confiando para su espíritu primordial en la representación de la conexión corporal y psíquica.
(…)

Las parteras y la intuición
La conexión como prerrequisito


        
          Lo primero que nos saltó a la vista de los datos de nuestras entrevistas fue el enorme valor que las parteras conceden a la << conexión >>. La conexión, tal como la viven estas parteras en un parto en casa, implica no sólo vínculos psíquicos sino también emocionales e intelectuales. No es simplemente una conexión a dos, como sucede con la conectividad de la partera con la madre, o de la madre con el bebé. Si tuviéramos que expresarlo mediante un diagrama, podríamos dibujar algo parecido a una telaraña, con filamentos que conectan a la mujer, al bebé, al padre y a las parteras entre sí. Si, más adelante, miráramos dentro de cada individuo, podríamos ver otros filamentos de la telaraña que conectan a cada individuo con la esencia más profunda de sí mismo. Nuestras entrevistadas insistían en que el grado de conexión que son capaces de mantener con la madre y el bebé depende del grado de conexión que mantienen con el flujo de sus propios pensamientos y sentimiento. Tan básica es la importancia de esta conectividad interna que muchas de ellas la buscan activamente antes del parto. Tal como Elizabeth Davis explicó durante su entrevista con Davis-Floyd:

A veces, especialmente cuando he estado haciendo muchas cosas, realmente me cuesta aclararme y llegar abierta al parto. Así pues antes de salir me echo un rato e intento relajarme y exponer mis preocupaciones del día y abrirme a mí misma para estar también abierta a la mujer y a su parto.
        
Este esfuerzo por << estar abierta >> a sí misma y a la mujer y a su parto es una cuestión que comparten las parteras que atienden partos en casa. La conectividad que esto facilita no sólo se extiende a la psique y a las emociones sino también a la sensación y a la experiencia física. Analicemos la siguiente cita de una partera canadiense:


En nuestra práctica colectiva, una de las cosas de que nos dimos realmente cuenta a lo largo del tiempo fue que si una de las parteras que atendían un parto tenía diarrea era un mensaje para que mirásemos las cosas con más detenimiento. Inevitablemente en esos partos algo pasaba…

P. ¿Cómo lo explicaría? ¿Por qué una partera tiene diarrea si algo va mal con el parto? ¿Cuál es la conexión?

Pienso que te estás dando cuenta intuitivamente de que algo no va del todo bien. Está entrando en tu cuerpo; aún no te ha llegado a la cabeza.

        La dimensión física de este acontecimiento, se ve reforzada en esta descripción de una partera de California:


Mi yo científico cree que todo pasa en mi cráneo, en mi cerebro. Intelectualmente poseo muchas aptitudes, muchas técnicas. Pero mi experiencia física me enseña que en situaciones peligrosas en las que mi mente no está segura de lo que debe hacer, de qué técnica sería la mejor –por ejemplo, sal la cabeza del bebé pero no se girará y tiene los hombros pegados- un cono de poder baja directamente a través de mi cabeza, a través de todo mi cuerpo, y me sale por las manos. Y mis manos empiezan a hacer una maniobra, y mi boca empieza a hablar y a decirle a la mujer que se gire apoyándose en las manos y en las rodillas, o cojo el trasero del bebé y estiro el bebé hacia abajo, o lo que sea –pero no sabía lo que haría antes de ese momento- y eso es la intuición de las parteras. [Maggie Bennett]
        

¿De dónde proviene ese << cono de poder >>? Si bien tanto Maggie como la partera canadiense antes citadas describen la intuición como intensamente física, el << cono de poder >> de Maggie también añade una dimensión espiritual. Al preguntar a muchas de nuestras entrevistadas dónde reside la intuición, nos dieron las siguientes respuestas: << En todo el cuerpo >>;  << Es celular >>; << En mi estómago >>; << Es un conocimiento interior; no sabes de dónde sale >>; << En tu corazón, en tus sueños >>; << En tu conexión con el universo >>; << En mi yo interior >>; << Soy muy auditiva; lo escucho como una voz que sale de mis entrañas >>. Podemos concluir que, para nuestras entrevistadas, la intuición parece implicar el cuerpo, la psique y el espíritu pero no la mente racional.
        Las parteras dicen que experimentan el tipo de abertura que describen Maggie Bennett y Elizabeth Davis, y la conectividad que ésta facilita, como algo fundamental para recibir mensajes intuitivos. Si están cerradas -<< recluidas >>, << desconectadas >> - no pueden escuchar esa voz interior y tienen que confiar en su amplio conocimiento intelectual y su pericia acumulados. Si bien no ven nada malo en ello, no parecen considerarlo un tipo de cuidados cualitativamente diferentes, tal como quedará claro en el siguiente apartado.

Aprender a confiar

En entrevistas formales y en conversaciones casuales, oímos a las parteras expresar que conocen bien las tecnologías de diagnóstico biomédico. Su jerga grupal está repleta de términos tecnomédicos, su bagaje como parteras rebosa tecnologías y sus gráficas de partos en casa son parecidas a los del hospital, con la temperatura y la presión arterial de la madre y los latidos del corazón del feto debidamente registrados. Y, sin embargo, estas mismas parteras que usan con tanta habilidad la jerga y las herramientas de diagnóstico de la medicina tecnocrática a menudo ven esta información así obtenida como una bendición muy adulterada, quizá una fuente de tantos problemas como soluciones. Tal como explicaba Elizabeth Davis:

Lo que veo que pasa en muchos programas de formación de parteras es la idea que aquí tenemos este corpus de conocimiento, y necesitamos que nos enseñen –la idea que el estudiante está vacío y esperando a que lo llenen, y el conocimiento está aquí y después que lo inculcan al estudiante está capacitado-. Pero en la partería, nada de esto compensará nunca la falta de confianza en ti misma o una habilidad para combinar el pensamiento crítico con la responsabilidad personal. Lo que hace que una partera sea realmente buena, creo yo, son esas calidades de análisis y de discernimiento internas, las emociones con las que se mantiene en contacto porque no separa su yo del proceso de aprendizaje para que los sentimientos de respeto hacia sí misma y de autoestima y de confianza en sí misma se combinen para hacer que sea humana y mantenerla conectada. Pienso en el parto, si no formas parte del proceso, eres una amenaza al proceso.
                
                Las otras parteras que entrevistamos estaban totalmente de acuerdo con ella. Para todas ellas, formar parte del proceso de dar a luz, estar conectadas, constituía el principal ingrediente de su éxito –un ingrediente mucho más importante que sus ya de por sí considerables aptitudes de diagnóstico técnico. Una de ellas incluso llegó a decir que:

Atender a mujeres en el parto se basa sólo en la intuición. Escucho el latir del corazón del bebé porque escucho el latir del corazón pero no me preocupo porque interiormente sé que todo va bien.
P. ¿También sabe cuando no todo va bien?
Por supuesto que lo sabes, hay una energía aquí.
P. ¿Ha ocurrido alguna vez que el estetoscopio le haya dicho una cosa y su intuición otra?
No. Si detecto un problema con el latido del bebé, ya ha habido signos que sospechaba que podía haber un problema. El latido del corazón casi siempre me lo dice todo, excepto que parece bonito sobre un trozo de papel para documentarlo. Hago esto para los abogados. [Jeannette Breen]
                Una hipótesis de trabajo muestra que cuanto más intensamente se formen las parteras en modelos didácticos de cuidados médicos basados en procesos raciocinativos, menos confiarán y dependerán de su intuición. Dado que hasta la fecha nuestras entrevistas se han centrado en parteras que demuestran su compromiso con el holismo asistiendo a las conferencias de MANA, no hemos podido investigar si esta hipótesis es cierta. Para hacerlo, deberíamos entrevistar a un número igual de enfermeras-parteras tituladas orientadas más médicamente. Todas nuestras entrevistadas declaran que aprender a confiar en su intuición es un proceso continuado. Nuestros datos sí que indican sin embargo algunas diferencias en la manera como las enfermeras-parteras tituladas formadas médicamente y las parteras formadas empíricamente (que aprenden sus conocimientos a través de la interacción individual del aprendizaje) viven este proceso. Las enfermeras-parteras tituladas parecen empezar considerando la intuición con desconfianza, a continuación pasan a la confianza a través de la experiencia vivida. Las parteras formadas empíricamente parecen empezar confiando en la intuición y pasan a la confirmación de esa confianza a través de la experiencia vivida. (…)
(…)

La razón versus la intuición: exactitud y fuente
                La lista exhaustiva de las cualidades de la intuición de Bastick (1982) incluye la posibilidad que una intuición pueda ser incorrecta. En esto muchas de las parteras de nuestro estudio no estarían de acuerdo, ya que acostumbran a definir la intuición per se como inherentemente exacta (ver también Vaughn, 1979). Muchas de ellas nos explicaron que la clave, cada vez que habla la voz, es cómo averiguar si es o no una intuición << verdadera >>, y la lucha es aprender a diferenciar entre la duda y el debate interiores que acompañan al pensamiento raciocinativo y la verdadera voz de la intuición. Su alta de inclinación a asumir que una intuición puede ser equivocada, descubrimos, surge de su creencia consensual de que la intuición encuentra su fuente en el ámbito espiritual o sus propios << yoes superiores >>, que por definición no pueden ser erróneos, o de las partes más profundas de nuestros cuerpos que, según el modelo holístico, son fundamentalmente campos de energía que funcionan en conexión con otros campos de energía y que, por lo tanto, tampoco pueden ser erróneos.
                En oposición, la razón, que está específicamente situada en el neocórtex, puede ser errónea, y a menudo lo es. Así pues, si una partera tiene lo que ella piensa que puede ser una intuición, pero resulta que es falsa, puede llegar a la conclusión de que no debe haber sido una intuición, en primer lugar, sino un producto de su << mente racional >>. Con ello no queremos decir que las parteras subestimen la razón y la raciocinación. Suelen sentirse cómodas con sus habilidades raciocinativas y  son muy concientes de que están culturalmente sobrevaloradas.  La voz de la razón es fuerte y agresiva; lo más difícil, según las parteras, es identificar y hacer caso de las verdades que dice la silenciosa, pequeña y culturalmente subestimada voz interior. El valor de esta empresa se demuestra por el notable grado de seguridad que las parteras que atienden partos en casa están alcanzando; un grado que se compara muy favorablemente con la << gestión activa >> intervencionista, cara y a menudo iatrogénica de muchos hospitales. (…)
(…)

Sancionar la intuición como conocimiento autorizado
(…)
Hasta hace poco, el uso de la intuición por parte de las parteras que atienden partos en casa como conocimiento autorizado en los procesos de dar a luz, ha sido totalmente informal. Se ha vivido en la singularidad de la situación, se ha hablado de ello como algo prodigioso y asombroso entre ellas y con las madres a las que atienden pero no ha sido codificado formalmente como una fuente oficial de conocimiento autorizado. Con la finalización y aprobación por consenso de la << Declaración de MANA DE Valores y ética >> (antes citado) en la reunión de MANA del 13 de noviembre de 1992 celebrada en Nueva York y la aprobación de 1994 de las << Competencias fundamentales de MANA >> arriba citadas, la intuición fue formalmente reconocida por parte de las propias parteras como un aspecto integral de la práctica competente de la partería.
(…)
(…) MANA se enorgullece de su carácter inclusivo. Cuando se crean exámenes y estándares que todas las parteras tienen que cumplir, algunas aprobarán y otras suspenderán y, muy posiblemente, las parteras que son competentes en los partos continuarán sin estar tituladas simplemente porque no han hecho bien el examen. En un esfuerzo por minimizar este tipo de resultado exclusivista, que limitaría la partería en casa a las que destacan en el pensamiento racional. El Grupo de Trabajo de Titulación está haciendo un gran esfuerzo por crear sistemas de examen y de evaluación que sean justos para todas. Al estar de acuerdo en que los exámenes por escrito (racionales), a pesar de ser los más fáciles de gestionar, no pueden proporcionar una idea general, las miembros del grupo de trabajo consideraron la idea de los tests de múltiples opciones para demostrar los conocimientos, incluyendo un examen de conocimientos simulado, en los que la aspirante a obtener una titulación podría acudir a un centro y demostrar sus conocimientos con modelos de plástico de una parturienta y su bebé. Cuando se presentó esta idea a las miembros de MANA, una respuesta común quedó ejemplificada por una partera que exclamó consternada: << Mis guías espirituales son las que me dicen lo que hacer en los partos, ¡pero no estarán allí si estoy trabajando con muñecos de plástico! >>. Otra partera subraya el papel fundamental de la intuición:
Decidamos cómo se tendría que examinar a una partera, y examinémosla de ese modo. No complazcamos los estándares de la profesión médica para demostrar que somos competentes. Demostrémonos a nosotras mismas que somos competentes, y que conoceremos esta competencia si nuestros corazones son verdaderos, y su somos honestas con nuestros conocimientos intuitivos. La intuición es a menudo lo que nos hace inteligentes, lo que hace que hagamos nuestro trabajo lo mejor que podemos, lo que nos hace entender los problemas antes que nadie más y por lo tanto que podamos ocuparnos de ellos con más eficacia. (Jill Breen, partera comunitaria, citada en Chester 1994:3)
En respuesta a tales llamados, la junta del NARM ha desarrollado un proceso de titulación para la Partera Profesional  Titulada en que lo raciocinativo y la práctica están equilibrados: requiere (1) que la solicitante se la examine de una larga lista de conocimientos exigidos por su mentora en la partería, que tendrá muchas ocasiones para ver cómo demuestra estos conocimientos a lo largo de su formación en un contexto conectivo en el que efectivamente puede escuchar a sus guías y a sus voces interiores; (2) aprobar un examen por escrito de un día para poner a prueba sus conocimientos y verificar su alcance y profundidad; (3) aprobar un examen de evaluación de sus conocimientos prácticos administrados por una partera experimentada. El equilibrio de la propuesta, al igual que la << Declaración de valores y ética de MANA >> y las competencias fundamentales indica la cada vez mayor determinación de estas parteras a aceptar tanto lo racional como lo intuitivo, como fuentes generalmente autorizadas y respetadas de conocimiento autoritativo.

Conclusión
                En este artículo hemos intentado examinar el fenómeno de la disposición ocasional de las parteras a confiar en la intuición como fuente principal de conocimiento autorizado en una sociedad que concede legitimidad conceptual y legal sólo a lo que pertenece a procesos racionales. Hemos visto que la confianza que otorgan estas parteras a su conocimiento interior es una parte integral del conjunto de su filosofía, tal como se expresa en la << Declaración de valores y ética >> de MANA, y tal como se ejemplifica en las historias que nos explican sus experiencias individuales con la intuición y el parto. A diferencia del modelo tecnocrático, que incluye una plétora cada vez mayor de tecnologías de diagnóstico y de remedio basadas en la separación, esta filosofía holística de la partería concede un gran valor a la conexión inter e intrapersonal, e incluye una variedad de conductas que expresan esa << danza >> conectiva.
                La intuición, según estas parteras, surge de su propia capacidad de conexión interna con los aspectos corporales y espirituales más profundos de su ser así como de sus conexiones físicas y psíquicas con la madre y el bebé. Esta fiabilidad de la intuición está intrínsicamente relacionada con el hecho de surgir de esa matriz de la conexión física, emocional y espiritual –una matriz que da más poder y credibilidad a la intuición, en opinión de estas parteras, que la información que surge de las tecnologías de la separación. Que a pesar de todo las parteras llevan consigo y utilizan libremente tales tecnologías demuestra no sólo que también valoran lo racional sino que se están volviendo expertas en equilibrar los protocolos y las exigencias de la información obtenida tecnológicamente con su aceptación intuitiva de la singularidad de las mujeres durante el trabajo de parto y el parto. Proponemos que sus redes profundas, conectivas, de mujer-a-mujer, tejidas con tanto amor en una sociedad que no otorga a esas conexiones ninguna autoridad de conocimiento y poco valor a la realidad conceptual, tienen un gran potencial para restablecer el equilibrio de la intimidad a las múltiples alienaciones de la vida tecnocrática.
(…)


*Davis-Floyd, Robbie.La intuición como conocimiento autorizado en la partería y en los partos en casa, en  Perspectivas antropológicas del parto y el nacimiento humano. Ed. Creavida.


jueves, 12 de diciembre de 2013

Las toallitas y yo: Volver a lo natural, un medio y un destino a la vez.

Cuando un cambio que parece pequeño, despierta muchas consciencias en simultáneo, contagiándose de otras y contagiando a muchas más.

por Flora Mitocondria
@FlorMito

Para recorrer el camino que nos acerca a una visión consciente de nuestra menstruación, existen –no azarosamente– numerosas alternativas.
El primer paso, importantísimo en mi recorrido, fue el hacerme cargo de mis cambios hormonales, ‘cortándole’ ese poder que antes supo estar en manos de los laboratorios. El cambio fue explosivo, en muchos de los sentidos posibles. Incluso los momentos más duros, de dolor físico y emocional, fueron productivos y positivos: mi cuerpo se estaba limpiando y sanando a sí mismo. Yo me estaba responsabilizando y concientizando en su limpieza y sanación. También empezaba a deducir que esa tarea estaba recién comenzando. Lejos de abrumarme, eso me entusiasmaba.
No pasó demasiado tiempo hasta que conocí las toallitas de tela, aunque el concepto no era tan extraño para mí. Habiendo sido un bebé en plena hiperinflación, en una época en la que todavía no llegaban a su auge los descartables; debo haber sido de las últimas generaciones de miles de bebés usuarios de combo tela-bombacha de goma. Aquel recuerdo volvía aún más natural y lógico el cambio en que estaba deviniendo.

Investigando las opciones accesibles en el punto del mundo donde estoy, una bocanada de información fresca me recibió. Después de varias semanas de averiguaciones, con mucha ilusión –tanta que mi menstruación se demoró un poco, como esperándolas- y en forma de autoregalo, me acerqué a una dietética de la ciudad y conseguí mis primeras toallas. La primera impresión fue más que grata y renovadora. Más allá de ser un producto, la dedicación y compromiso puesto en las toallas se veía a las claras. También el tono más amigable y de contención se transmitían, a diferencia de los packs descartables que asocian lo natural con lo “indeseado”, dándo una razón a la artificialidad de su producción, al mismo tiempo que se esconden los efectos adversos que estos tienen en el cuerpo de las usuarias. Acá me hablaban de un reencuentro con la naturaleza, con el hecho de la menstruación como un proceso que siendo natural, no tenía por qué conflictuar al entorno, contaminándolo y contaminando nuestros cuerpos. Estaba emprendiendo un camino y entendiendo el proceso desde una persperctiva más positiva y conciliadora, y que con el tiempo, también eliminaría los rasgos negativos que han sido asociados y que ayudan a la estigmatización y al posicionamiento de la sangre menstruante dentro de la columna de los “tabúes”.
No pretendo hacer propaganda del producto diciendo esto, sino poner atención y dar cuenta del cambio que significan. Es imposible mantener una postura de menstruación consciente sabiendo que cada mujer arroja a la Pachamama 12.000 toallitas descartables, en todo su ciclo fértil que tardarán 400 años en degradarse. Con las toallas de tela, el cambio de panorama es inmediato y se percibe inmediatamente. La secuencia cargada de pudor, vergüenza y en algunos casos, asco hacia la propia sangre; en el momento del cambio y desecho; se transforma en otra cosa:
Se produce un reencuentro con el ciclo y con todo lo que acontece interior y exteriomente en torno a él. La tarea del lavado, del previo remojo para después convidar a las plantas y devolver así, algo de lo que nos dan todo el tiempo; la búsqueda de consejos en pares para los cuidados que exigen las telas, en fin. Se establece un vínculo con las toallas, entendiéndolas como una representación palpable del cambio global que decidí hacer. Ya no se trata de arrojar basura sin mirar atrás, sino de tener en cada ciclo una nueva oportunidad para repasar el modo en que se vive cotidianamente y cómo se puede vivir mejor, compartiendo, devolviendo y considerando a nuestro entorno como lo que es, parte y sustento fundamental de la vida.

Entre las muchas reflexiones producto de este cambio en mi vida, también surgieron cuestionamientos en cuanto a la llegada efectiva que esta alternativa tenía: ¿Por qué no aparecen en televisión publicidades de las toallas o protectores de tela, como una opción al monopolio del descartable?
Aunque la pregunta sea un tanto retórica, tampoco es que se trate de cambiar una industria por otra, ya que los procesos de producción no tienen punto de comparación entre sí. Simplemente, que se visibilice con información fehaciente, una alternativa diferente, para que efectivamente tengamos la posibilidad de elegir entre distintas opciones, no sólo entre “distintas” marcas comerciales.
Investigando aún más, encontré mucha información libre y a disposición de todas. Las mismas personas que producen las toallas de tela, comparten los patrones de confección. Esto es una perspectiva totalmente diferente. Ya no estamos atadas a un producto en particular. Podemos tomar el compromiso y la gratificante tarea de poner manos a la obra y crear nuestras propias herramientas para que respondan como cada una quiera, a cada necesidad y preferencia.
Esta filosofía de compartir los saberes y las “armas” puede ser un punto de partida muy fuerte en el camino de recobrar la unión y el compañerismo entre las mujeres. La idea de unirse en grupos, de pasar la palabra, de elegir colores alegres y tomar la tela entre las manos para comenzar a darle forma, entre todas y con un mismo objetivo. La conformación de un sencillo taller de confección, además puede ser la base sobre la que empiecen a surgir aquellas otras cuestiones que nos atañen como mujeres y como personas en el mundo, la sororidad se hará presente y reforzará cada vez más a esos grupos y a cada mujer individualmente. El compartir ideas y acciones concretas en un espacio común son fundamentales para extender el cambio más allá de nuestras realidades. Partiendo desde ahí, las posibilidades se amplían inimaginablemente.
Comprender y responsabilizarse en una nueva tarea que amplía los modos de vida que cada una lleva o intenta llevar adelante, creyendo en que conforman tratos más saludables y no violentos con la naturaleza y con una misma, que es parte de ese mundo natural.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Opinología

por Julia Ruppel

El jueves 31 de octubre, como para "celebrar" el día de brujas, me fui a la proyección de la película “Parirás con Poder” realizada por NuestraAmérica Profunda. El encuentro, organizado por la ONG Vos Podés, y Vos sabés en La Plata, contó con la presencia de Las Casildas, y muchas mujeres de distintos ámbitos: algunas recientemente embarazadas, otras finalizando su embarazo, otras con la ya experiencia de un parto (o varios) ó cesáreas - es decir con historias desde el cuerpo: algunas felices, otras traumáticas, pero todas de aprendizaje en fin -, parteras, doulas,  hijas, niñas, curiosas, investigadoras, etc., y algunos hombres también.
Debo aclarar ante todo que estoy embarazada de 5 meses y medio, lo que me convirtió en los últimos meses de mi existencia en una persona de lo más sensible y cargada de algunas vivencias particulares, por ende estuve a punto de llorar y ahogar a toda la audiencia circundante con mis lágrimas durante y luego de ver la película. No podía salir del shock que me había producido todo lo que había visto en las imágenes. El impacto emocional de ver nacimientos –unos con mucha ternura, otros tan violentos- , de entender el propio luego de haber visto el de otros, de sentirme más cerca de los nacimientos de cualquier bebé y mamá en el momento del parto, me había chocado de sobremanera-.
Luego de la proyección, hicimos una ronda para ponernos a conversar. Así comenzaron los relatos de las historias de algunas de nosotras. En mi estado de embarazo protagónico y de emoción total,  escuché las historias de las mujeres que se animaban a hablar de sí mismas, de sus experiencias con respecto al embarazo y al parto. Obviamente, me temblaba todo el cuerpo, quería llorar, tuve bronca, pero… lo más llamativo para mí fue que entre las que estábamos embarazadas por primera vez, las sensaciones eran muy parecidas: miedo, soledad, desamparo ante las opiniones cotidianas de los otros –muchas veces insistentes y sin información-, el sentirnos juzgadas. Es más,  en ese momento de la charla había pensado en no hablar porque todas estaban diciendo cosas que me pasaban a mí, que me pasan hoy a mí, pero sentía que tenía que hacerlo…
Y lo hice. Conté sobre mi nacimiento por cesárea, sobre mi relación angustiante con mi mamá a través de su experiencia por la maternidad y la mía como hija, la tristeza que me produce la desconexión entre las mujeres, comenté un poco mi experiencia de las opiniones sobre mis decisiones en cuanto al embarazo y al parto…  en fin. Fue increíblemente sanador. Y me lloré la vida, también.
Y así como en su momento no pensaba hablar pero sentía que tenía que hacerlo, ahora también siento que necesito escribirlo. ¿Y por qué? Porque no soporto tener todas estas sensaciones adentro mío, y ahora que sé que no soy la única que las tiene, menos lo aguanto. Me acompañan cuando voy a trabajar, cuando viajo en el micro,  en las visitas al obstetra, en las visitas a la familia, y podría seguir… ¡Y descubrí que no sólo me pasa a mí, sino a la mayor parte de las embarazadas primerizas! Así que no voy a esperar a volver a somatizar y enfermarme nuevamente de una bronquitis – cuando le conté a mi partera ella me dijo: “¿Qué te hizo agarrar tanta bronca?”, muy oportuna su observación-  como me pasó en los primeros meses de embarazo. Entonces, si sos embarazada primeriza, y estuviste o no en la proyección de “Parirás con poder”, tal vez te sientas identificada con algunas cuestiones que tenemos que vivir en la cotidianidad de nuestra co-habitación con las panzas in-crescendo.
En primer lugar, a mis 23 años no tengo título universitario y trabajo de algo que no me gusta. Trabajo rodeada de gente. Estas cuatro cosas, para el sentido común son bastante importantes ya que exacerban el tipo de comentarios que he llegado a recibir. Segundo, estar en un lugar de referencia y con prestigio en la cabeza de cualquier miembro de tu familia hacen que cuando das la noticia de tu embarazo, primero viene el llanto, después el llanto, más llanto (con bronca mezclada)… y así sucesivamente hasta que cuando te dirigen la palabra es algo así como “Se me cayó el edificio” o comentarios por el estilo rodeados de miradas acusadoras.  Las miradas, por ejemplo, son un tema bastante importante, ya que las personas de tu alrededor cuando se enteran que estás embarazada te miran con lástima. Sí, al principio tardé un poco en darme cuenta, pero es así. Miradas. Y lo peor es que te relojean todo el cuerpo, el que todavía no dio ni una señal externa de cambio, y ahí nomás te tiran el comentario: “¡Y cómo te va a cambiar el cuerpo!”, “Chau a la cintura”. Los comentarios y las miradas sobre el cuerpo en vías de transformación están en los primeros puestos del top ten sobre comentarios inoportunos,  sin que se dé lugar a los que tengan realmente que ver con la experiencia corporal de la maternidad y mucho menos los que las futuras madres quieren escuchar, o necesitan. Generalmente no pedimos opinión, al menos en mi caso, pero nos vemos atestadas de ellas, y en la mayoría de los casos  no con muy buena onda, por no decir con una onda de porquería.
Otro tipo de comentarios es sobre la pareja. “¿Y tu pareja que dice?” “¿Trabaja?” “¿Cómo van a mantener al bebé?” “¡Ah! Los hombre son infieles con las mujeres cuando están embarazadas” “Ellos pierden deseo sexual cuando te ven con la panza gigante” “En el puerperio es un garrón”.  Y así, bastante. Yo no sé si es el comentario de oficina el que tiene un perfil en sí mismo, pero la verdad es que se escucha de todo… A veces me gustaría saber si realmente lo preguntan desde el interés, o desde la necesidad de tener un tema para la hora del almuerzo. Siempre es más fácil hablar de la vida de los demás más que de la de uno mismo.
No voy a escribir sobre el hecho de que soy vegetariana, porque las embarazadas vegetarianas sabemos muuuuuy bien que somos altamente irresponsables por nuestro tipo de alimentación… ¿o no? ¡HIERRO! ¡ÁCIDO FÓLICO! ¡A COMER CARNE! DESDE ANTES DE QUEDAR EMBARAZADA, ANTES DE PENSAR EN TENER UN HIJO, ÁCIDO FÓLICO, CARNE, CARNE ROJA, ¡¡¡HIERRO!!! ¡¡¡SUPLEMENTOS!!! Paranoia.
De los pseudointelectuales he llegado a recibir comentarios como : “Claro, ahora que estás embarazada no salís nunca y te rodeás de parejas, de mamás embarazadas” “¿Ahora estás new age que leés << La cientificación del amor >>? –con tono de burla-. Miran tu biblioteca y se estremecen por todos los títulos sobre maternidad que hay ahí… “Estás monótona”. No, estoy embarazada. O… “No leas tanto, ya vas a saber lo que es cuando lo tengas.” – lo dicen con expresión de gravedad las que ya son madres con Licenciatura en maternidad-. “¿Para qué leés para aprender a ser mamá?, eso no lo enseña ningún libro”. Tampoco podemos leer: ni durante el embarazo ni luego de haber parido porque “Después ya no vas a poder comprarte tantos libros”. El “después” es la amenaza con la que nos vemos todo el tiempo acorraladas porque nosotras claro, todavía no sabemos lo que es ser madre. También de este grupo de gente están los motivos por los cuales a los 20 y pico “no es conveniente” quedar embarazada, porque no terminaste de ir a la universidad (generalmente las observaciones las hacen quienes o bien nunca fueron a la universidad o tienen 35 años y deben desde los 25 tres materias para recibirse) las salidas, la autonomía… la juventud, no tenés una posición económica sólida, no sabés nada de la vida, etc. “Te va a cambiar la vida” – con cara de que va a ser para peor  y justamente las palabras las emiten personas que no pasaron por la experiencia de la ma(pa)ternidad.  Justo en el momento que diste la noticia, el comentario es “Te felicito… pero yo llego a quedar ahora y me suicido”. Gracias.
Una nunca está bien preparada para quedar embarazada. Es decir, o somos demasiado jóvenes, o viejas, o estamos sin pareja, o estamos con una pareja que seguro no quiere que hayas quedado embarazada por ende va a dejarte en los próximos segundos o después de que se dé cuenta que tu vagina quedó como una cacerola o tu cuerpo como gelatina. Tampoco tal vez tengamos el mejor cuerpo para quedar embarazadas ni para ser madres, porque vamos de seguro a ir a cesárea por tener las caderas estrechas, por ser muy chiquitas, por ser muy grandotas. O tal vez no podamos amamantar, “Porque no todas pueden ¿viste?”.  
Pero ¡a no preocupar! Que cuando dejemos nuestro querido cuerpo en manos del magnánimo Dr. Obstetra –mezcla entre Richard Gere, Mel Gibson y Troy Mcclure-  él va a saber qué hacer. Aunque los comentarios no van a dejar de aparecer. Es decir, el feto no tiene ni dos semanas, el comentario: “¿Y, ya tenés obstetra?”. La ecógrafa, aterrorizada: “¿¡¡¡ES LAPRIMERA QUE TE HACÉS EN 17 SEMANAS DE EMBARAZO?!!!”, se ve que nadie le explicó que hasta la semana 22 no suele ser necesaria una ecografía y que en países como Holanda no se hacen esos procedimientos. Todos los estudios que tenía que hacerme los conocí por quienes me rodeaban antes que por el médico, quien a muchos de ellos ni siquiera los mencionó… o más bien dijo: “Si alguna amiga tuya se hizo un estudio que quieras probar podemos hacerlo” (¿).  Es cierto, ahora que lo pienso no sé qué es peor. Al menos la visita con el obstetra duró sólo 20min, y fue una sola vez…
Pero entonces una empieza a alejarse.  Habla menos, se calla. Empieza a ser invisible. A todo responde con una risita ingenua. Ya no pregunta tanto en ámbitos donde no quiere escuchar opinión. Es decir, NO HABLA MÁS en casi ningún lado. Es dejada de lado en las salidas a bares, en la parte divertida de la vida… pero tampoco se lo toma a mal. Una ya no es cool. Cool son las fotos en tanga con la panzota;  cool es el baby-shower, la fiesta de nacimiento; cool es después del embarazo adelgazar rápido como la China Suárez o Luisana Lopilato y volver a salir en pelotas a mostrar el cuerpazo. En el “mientras tanto”, sos desplazada, o te auto-discriminás para no estresarte. Yo, para no agarrarme otra bronquitis.
Es curioso que la gente en vez de diplomarse en Buenos deseos para el prójimo ó Buena voluntad lo haga en todo este tipo de cuestiones mencionadas anteriormente. Cuando quedamos embarazadas, necesitamos pocas cosas… que generalmente no vienen de las palabras, ni del universo virtual – al que estamos tan acostumbradas hoy en día -, y con esto no me refiero sólo a las computadoras o a los celulares, sino a la no presencia física del otro. Y las embarazadas somos un “otro”, sujetos sociales vulnerables y “sujetas” a todo este tipo de comentarios cotidianamente.  Creo que escuché más veces la palabra “irresponsable” en menos de 5 meses de lo que en toda mi vida – ¡¡¡contando la adolescencia!!! -, en vez de un buen deseo, que es lo que una necesita, o al menos: SILENCIO. Por suerte, el jueves conocí a un grupo de mujeres que me hicieron ver que no estamos tan solas como creemos.  Que tal vez tengamos que unirnos a quienes comparten algo con nosotras para generar un pequeño cambio, y no por menos importante: el cambio de nuestra vida. Después las redes que tejamos son otro tema –también importante pero que exceden este texto-.

(Sí, ya voy a escribir el tipo de comentarios que recibí al enterarme que es nena…)

miércoles, 21 de agosto de 2013

Sobre la sororidad


"(...) así como tenemos las palabras paternal y paternidad, que derivan de pater, padre, y maternal y maternidad, de mater, madre, y no es lo mismo, ni mucho menos, lo paternal y lo materna, ni la paternidad y la maternidad, es extraño que junto a fraternal y fraternidad, de frater, hermano, no tengamos sororal y sororidad, de soror, hermana. En latín, hay sororius, a, um, lo de la hermana, y el verbo sororiare, crcer por igual y juntamente."
La tía Tula. Miguel de Unamuno.

----------------------------------------------------


Ahora más que nunca es necesario estar agrupadas, juntas pero más que eso hermanadas, considero relevante entrar en esta cultura de sororidad pues significa que somos hermanas de causa, por el solo hecho de ser mujeres, ser camaradas, estar dispuestas a la ayuda, en la que no cabe ningún sentimiento negativo como la envidia, la competencia encarnizada o la rivalidad.

Justamente ésta cultura de la sororidad busca romper ese viejo mito de que "mujeres juntas ni difuntas" yo, como muchas compañeras de lucha pensamos y sentimos que ha sido un mito para mantener separadas a las mujeres.

Están sucediendo cosas terribles a las mujeres que cercanas de la familia, de nuestro barrio, de nuestra ciudad, de nuestro país, del mundo. Estamos en una situación crítica y si no nos agrupamos en una hermandad de género con el objetivo de buscar el crecimiento de todas y como consecuencia de la sociedad en general, no lograremos nuestros objetivos.


Veámonos como hermanas, sintamos el dolor de cada una de la mujer pobre del Africa, de la violencia que sufre la rica, la pobre, de la que pierde la vida en un aborto clandestino, de quien es maltratada psicológicamente y en silencio, de la que fue abandonada por un hombre que no la ama, de la que no tiene recursos para mantener a sus hijos, etc., etc. de tantas amenazas en las que nos encontramos por el solo hecho de ser mujeres en un mundo masculinizado.


No nos abandonemos más, no lloremos solas, no veamos rivales en donde podría estar una hermana, porque eso somos ahora una hermandad sororal.


Me declaro contra el mito patriarcal de mujeres separadas y me vuelvo a la cultura de la sororidad.


Fuente: http://mar-mardeideas.blogspot.com.ar/2011/07/sororidad-la-nueva-cultura-de-hermandad.html


------------------------------------------------------------------------------------------

¿Qué significa la sororidad?
Anónima (2012)

El término 'sonoridad' y derivados, como en "Saludos sororos", "En sonoridad", hace alusión específica a la solidaridad entre mujeres en el contexto patriarcal, es decir, en el contexto de un sistema social que no parte de la consideración de que todas las personas tienen un cerebro y una mente humanas (consideración comprendida por más gente en el siglo 20 que, aplicada a la organización social, daría lugar a sociedades no patriarcales), sino que parte de la falacia biologicista patriarcal, por la que se justifica organizar la sociedad en función del sistema sexo-género, que parte a su vez de la clasificación básica de las personas en dos grupos definidos por el hecho biológico de que se disponga de un pene o de un útero ("sexo"; dejándose fuera además cualquier otro hecho biológico relacionado con el sexo), y que le asigna a cada uno de los grupos un papel definido desde la ideología del Sistema, por el cual el Hombre (el hombre en la visión patriarcal) es superior en todos los sentidos a la Mujer (la mujer patriarcal) y debe, por tanto, asumir el control de la sociedad incluido del cuerpo de la Mujer ("género"). 


Dadas las violencias que la noción de Mujer ejerce contra las personas mujeres (y las que no lo son pero están asociadas socialmente a ese grupo, como los que reciben el ataque de violencia verbal en la forma de la palabra "maricones" por quienes se sienten justificados para ello por el Sistema, pues se considera que son hombres que teniendo el derecho a ser Hombre prefieren ser Mujer, lo inferior; o los hombres capaces de comprender que el Sistema es la barbaridad que es, que asumen un punto de vista feminista, crítico con el Sistema y solidario/sororo con sus objetivos/víctimas), con la noción 'sororidad' se posibilita la acción humana de amor-respeto hacia ese grupo de personas injustamente difamado, explotado, reprimido, oprimido. No hace falta "ser de la Familia", de la "Religión del verdadero dios", del "Partido político adecuado", del "Ejército correcto", no hace falta ser de un grupo cuya identidad requiere y se justifica en la opresión de otros grupos (es decir, de un grupo violento); desde la sororidad se comprende que quienes han sido despojadas de su condición humana son objetivos del Sistema patriarcal, y se ofrece un apoyo para que cada cual pueda sobreponerse y optar por transformar su vida interior, su comprensión del mundo y con ello el lugar que ocupará en el escenario de la sociedad. (Obviamente, esta comprensión, este apoyo no conlleva ceguera, pues comprender es lo contrario a no comprender. No hay que olvidar, a pesar de la empecinada difamación a que someten al feminismo, que la herramienta de comprensión feminista va unida siempre a la autocrítica, pues se sabe bien lo profundamente que influye la cultura en la construcción de nuestra identidad/mente, que los problemas exteriores tienen conexión con desde dónde y cómo contemplamos y comprendemos las cosas por dentro.)


En la vida cotidiana, socialmente, construir y unirte a las redes de sororidad implica compartir el análisis de los problemas, la información, y dar apoyo emocional y psicológico desde la racionalidad empática, escapando así a los mecanismos aprendidos en el patriarcado de chantaje emocional, manipulación y dogmatismo vital. Individualmente, comprender la sororidad es liberarse de la mezquindad aprendida, y de la estupidez aprendida (de las violencias comprendidas y/o toleradas) y ubicarse en un nivel humano, de persona con una mente inteligente donde nacen las emociones unidas a lo que se comprende (inteligencia empática).


Sororidad: nueva práctica entre mujeres 

Mónica Pérez (2004, Fuente vínculo externo)

Como sostiene Marcela Lagarde, feminista y antropóloga mexicana: "La alianza de las mujeres en el compromiso es tan importante como la lucha contra otros fenómenos de la opresión y por crear espacios en que las mujeres puedan desplegar nuevas posibilidades de vida". En este contexto surge el concepto de sororidad, el cual se refiere a una nueva experiencia práctica intelectual y política entre mujeres que pretende materializarse en acciones específicas.


La palabra sororidad se deriva de la hermandad entre mujeres, el percibirse como iguales que pueden aliarse, compartir y, sobre todo, cambiar su realidad debido a que todas, de diversas maneras, hemos experimentado la opresión. De acuerdo con Marcela Lagarde, en un texto sobre cultura feminista, las francesas, como Gisele Halimi, llaman a esta nueva relación entre las mujeres sororité, del latín sor, cuyo significado es hermana. Las italianas dicen sororitá, y las feminista de habla inglesa la llaman sisterhood. Sin embargo, la acepción para esos vocablos es la misma: "amistad entre mujeres diferentes y pares, cómplices que se proponen trabajar, crear y convencer, que se encuentran y reconocen en el feminismo, para vivir la vida con un sentido profundamente libertario", según palabras de Lagarde. Asimismo, explica que la sororidad comprende la amistad entre quienes han sido creadas en el mundo patriarcal como enemigas, es decir las mujeres, y entendiendo como mundo patriarcal el dominio de lo masculino, de los hombres y de las instituciones que reproducen dicho orden. Agrega que la sororidad está basada en una relación de amistad, pues en las amigas las mujeres encontramos a una mujer de la cual aprendemos y a la que también podemos enseñar, es decir, a una persona a quien se acompaña y con quien se construye. Habla también de que en esta relación, unas son el espejo de las otras, lo que permite a las mujeres reconocerse "a través de la mirada y la escucha, de la crítica y el afecto, de la creación, de la experiencia" de otras mujeres. Por ello, afirma que en la sororidad se encuentra la posibilidad de eliminar la idea de enemistad histórica entre mujeres.


De esta forma, el feminismo propone que este concepto vaya más allá de la solidaridad. La diferencia radica en que la solidaridad tiene que ver con un intercambio que mantiene las condiciones como están; mientras que la sororidad, tiene implícita la modificación de las relaciones entre mujeres. En resumidas cuentas, la sororidad se traduce en hermandad, confianza, fidelidad, apoyo y reconocimiento entre mujeres para construir un mundo diferente; percatarse que desde tiempos antiguos hay mujeres que trabajan para lograr relaciones sociales favorables para ellas y para nosotras, recordando siempre que todas somos diversas y diferentes.


¿Qué significa la sororidad?, Anón. Y 2004, Sororidad, nueva práctica entre mujeres, Mónica Pérez (basado en análisis de Marcela Lagarde)


Fuente: http://www.mujerpalabra.net/pensamiento/analisisfeminista/sororidad.htm


---------------------------------------------------------------------------------

La sororidad

La fraternidad es un concepto que abarcaría a mujeres y a hombres porque tiene reconocimiento humano. Abarcaría también la cultura de la sororidad. Este no es un concepto religioso, pero sí tiene un latinajo ‘sor’ (hermana). Significa que ninguna está jerarquizada. Tiene como sentido la alianza profunda y compleja entre las mujeres.


Sororidad/ soridad/ sisterhood: pacto político de género entre mujeres que se reconocen como interlocutoras. No hay jerarquía, sino un reconocimiento de la autoridad de cada una. Está basado en el principio de la equivalencia humana, igual valor entre todas las personas porque si tu valor es disminuido por efecto de género, también es disminuido el género en sí. Al jerarquizar u obstaculizar a alguien, perdemos todas y todos. En ocasiones, la lógica patriarcal nos impide ver esto.


La sororidad tiene un principio de reciprocidad que potencia la diversidad. Implica compartir recursos, tareas, acciones, éxitos… Reconocer la igual valía está basado en reconocer la condición humana de todas, desde una conceptualización teórica de lo que significa.


Otro aporte de la sororidad es dar a conocer las aportaciones de las mujeres para construir la valoración no sólo de la condición humana sino de sus hechos. La cosa no es ‘cómo nos queremos’; la clave está en que nos respetemos, algo difícil porque no estamos educadas en el respeto a las mujeres. Se trata de enfrentar la misoginia, grave problema que causa grave daño a la democracia.


La sororidad exige de nosotras revisar la propia misoginia; cada una tiene que ir descubriendo dónde, cómo se nos aparece, cómo nos legitima para dañar a las otras. Eso también es violencia.


La sororidad es una política que trata de desmontar la misoginia, acción básica para el empoderamiento de las mujeres y la construcción de la igualdad. Si ella, nos pondremos trabas entre nosotras mismas. ¿Cómo lograr la sinergia entre mujeres diferentes que reconocen que la diversidad es un valor positivo, que se unen para universalizar los derechos y para contribuir a la valoración de los derechos de las mujeres en el mundo?


La sororidad es posible como un proceso, siempre y cuando cada una sea posible de alcanzar la mismidad, basada en la autonomía de las mujeres. ‘Auto’ (otro latinajo) quiere decir ‘yo’, poder tener la independencia, también sexual.


La mismidad consiste en ir asumiendo esta construcción de las mujeres como sujeto, como nosotras mismas y en el mundo. Está relacionada con el empoderamiento individual y con el colectivo.


Todo esto es la Carta de las Mujeres a la Humanidad.


En el turno de preguntas...


- Sobre que los hombres dicen sentirse excluidos en los espacios de mujeres.


Lo que no aceptan los hombres no es su exclusión, sino nuestra agregación. Sólo la aceptan si es para rezar, intercambiar recetas o hacer otras actividades más modernas como andar en bici, pero no si es para identificarnos y para lograr una complicidad entre nosotras. La agregación entre mujeres que no sean de vínculo sanguíneo es algo novedoso desde el punto de vista antropológico. Los hombres deben de estar asustados, teniendo en cuenta que cuando ellos se han reunido ha sido para nuestra exclusión; piensan que nosotras vamos a hacer lo mismo. A las mujeres se les ha mantenido aisladas, no sólo excluidas. Tenemos que pensar pasar de los grupos de apoyo de amigas a los de conciencia feminista.


- Sobre el feminicidio.


Toda violencia es política y la violencia contra las mujeres es la forma más normalizada en la sociedad. El feminicidio es el homicidio político de género y contribuyen a él las comunidades y las instituciones que no hacen lo necesario por construir una cultura de igualdad, por reformar la educación y por respetar las leyes nuevas de igualdad.



Fuente: http://www.mujeresenred.net/spip.php?article1771


Conferencia de Marcela Lagarde sobre "la sororidad":


http://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=8CKCCy6R2_g



lunes, 15 de octubre de 2012

Mujeres, en plural


XXVII ENCUENTRO NACIONAL DE MUJERES



El lunes, mientras en Misiones miles de mujeres acordaban volver a encontrarse el año que viene en San Juan para seguir debatiendo y defendiendo sus derechos, en la ciudad de Buenos Aires se empezaba a fraguar una vulneración de esos mismos derechos contra una mujer en particular a quien se le negó la mínima reparación de interrumpir un embarazo producto de una violación. Contrastes aparentes que se resuelven cada vez que una mujer dice basta, cada vez que muchas mujeres lo dicen al mismo tiempo y son capaces de poner el grito en el cielo, de tomarlo por asalto.

Por Luciana Peker


Desde Posadas
Son muchas. Muchas. Las calles se llenan de voces femeninas que hablan, debaten, ríen, discuten. Los talleres le dan la voz a cada una de ellas y cada una tiene la palabra que suele estar silenciada. Se cansan mientras caminan bajo el calor de Posadas. Son jóvenes y se quedan en bikini mientras escuchan una radio abierta. Son las osadas que se refrescan bajo el agua que cae en catarata en las plazas. Son las que comen juntas bajo una sombrilla o las que comen caminando para no perderse nada. Son, fundamentalmente, las que se encuentran. En el XXVII Encuentro Nacional de Mujeres, en Posadas, donde alrededor de 25 mil participantes debatieron y se expresaron contra la violencia, los femicidios, el turismo sexual, las violaciones correctivas a lesbianas, los agrotóxicos, la trata de mujeres y la necesidad de legalizar el aborto legal, seguro y gratuito. Pero además de intercambiar, expresarse, marchar y dejar su huella en Misiones y decidir seguir marchando el año que viene, en el XXVIII Encuentro en San Juan, las mujeres se vieron la cara y volvieron transformadas. Por eso, en ese arco iris de ganas, edades, cuerpos, identidades y orígenes Las/12 aprovechó para pecar con la pregunta original: ¿Qué es ser mujer?, y no intentar obtener una respuesta sino muchas.
“Es un privilegio que Dios me dio con la capacidad de dar vida, que es algo que los hombres no tienen”, define Julia Antúnez. Tiene 38 años y cinco hijos. Está en Misiones y viene de cerquita, Corrientes capital. Disfruta del Encuentro, de ese recreo de la crianza que reivindica, y dice que ser mujer es mejor cuando se es entre muchas. “Si podemos estar juntas mejor”, dice ella, que vive de un microemprendimiento de viveros y también recibe la asignación universal. Julia está muy cerca de Susana Gamba, que tiene 63 años, es presidenta de la Fundación Agenda de las Mujeres y una larga trayectoria dedicada al feminismo. Ella sabe dónde está parada, pero también busca, busca una respuesta que no quiere terminar de encontrar: “No existe una respuesta porque hay millones de modos de ser mujeres. No hay una esencia. Estamos atravesadas por la clase, la cultura, la educación. Hace muchos años, cuando empecé en el feminismo, hubiera creído en estereotipos. Pero no debemos denostar sino potenciar la sensibilidad, la creatividad y la ternura”.
Es la primera vez que viene. Josefina tiene 23 años y comparte el enorme campamento del Anfiteatro Manuel Antonio Ramírez como una aventura. Ser mujer, para ella, que llegó a Misiones desde Punta Indio, “es una construcción que se desarrolla con los sentimientos que una tiene”. “Oh, la, la”, se ríe de la pregunta, por volver al ABC del feminismo, Nina Brugo con el boletín impecable sin una falta desde 1986, cuando los encuentros arrancaron en Buenos Aires. Ahora tiene 69, es presidenta de la Comisión de la Mujer de la Asociación de Abogados porteña e integrante de Buenos Aires para Todos. Ella proclama: “Ser mujer es ser más de la mitad de la humanidad que fue avasallada históricamente por la cultura patriarcal y que, gracias a las feministas, hemos logrado una revolución pacífica. Pero tenemos muchos derechos por conquistar y mucho por batallar”.
Vanesa Valle tiene 33 años y está desocupada. Es parte del movimiento de mujeres sanjuaninas y de la Coordinadora Provincial de Desocupados de la Corriente Clasista y Combativa. Sabe que ser mujer es algo que se va de los márgenes de los discursos: “Es una lucha constante del día a día porque sufrimos la discriminación en todos los ámbitos, pero pudimos ocupar muchos lugares que antes estaban negados a la mujer”.
De Jujuy llegó Sofía Ruiz Díaz, empleada y estudiante de comunicación social: “Es lo que hago día a día, desde que me levanto hasta que me acuesto, tratando de ver mis verdaderas raíces de los pueblos originarios, ser estudiante y trabajadora”, describe. Esta, también, fue su primera vez. Y le gustó dejar de nombrarse ella para pasar a ser nosotras. “Este primer encuentro me llevó a valorarme colectivamente”, reivindica.
Tiene una vincha violeta y un piercing, apenas 19 años y en la marea femenina que hace selva en la ciudad de Posadas no resalta. O mejor dicho, acá, cuando la geografía las agrupa, nadie es rara. Marina Salas viene de Tucumán y alerta: “No sé qué es exactamente ser mujer pero sí que se nos imponen ciertos roles como ser sumisas y tranquilas, y ser mujer no es lo que se alerta o lo que se impone”.
La temperatura arrasa. La piel no puede permanecer indiferente. Ni al clima ni al bullicio del final de fiesta. Noelia Linares viene de La Pampa y acá no sólo vio calles con lomadas profundas y el final de la costanera al río, sino también la multiplicación de una rabiosa alegría. Ella es comerciante y productora independiente de ropa y la pregunta la responde con alegría: “Ser mujer es lo mejor que te puede pasar en la vida porque tenemos posibilidades que los hombres no tienen. Podemos ser madres y somos más luchadoras. De hecho, ser mujer es una lucha constante: en el trabajo, en la casa, en todos lados”.
Del otro lado de las definiciones, Bettina Castaño se anima: “No soy mujer”. No es a lo único que se anima. Ella es profesora de discapacitados visuales e integrante de la Red Nosotras en el Mundo. “Yo soy otra cosa. Me identifico como lesbiana. Esa es mi identidad. No todas las tortas somos chongas y jugamos al fútbol. Yo sigo habitando la A pero desde otros lugares: me formateo el pelo y la ropa para visibilizarme. En otro momento no va a ser importante nombrarse lesbiana, pero ahora le otorga importancia política a la palabra porque lo que no se nombra no existe”, remarca.
“La connotación de mujer, como me han educado, como lo que se supone que es ser mujer, es una frontera que te limita y te mantiene estática. Nunca me sentí muy cómoda con la clasificación de ser mujer. Son maneras que el Estado construye para ejercer control social. En lo que me he sentido mujer es en que hemos sido oprimidas, pero las identidades son propias. No tienen un solo nombre”, desclasifica Elena Pollan González, española de 28.
Al lado de ella, en la ronda de espera para el viaje de vuelta, está Emilce Farias, de la Red Nosotras por el Mundo, sin hijos y sin querer tenerlos. Ella —la que cargó equipos y transmitió bajo el sol todo el encuentro por la radio en Internet de la Red, la que convidó aceitunas regaladas por su papá y la que compró aerosoles para dejar signadas sus consignas—, ella dice que se define más como feminista que como mujer. Ella elige: “Me identifico más con ser feminista como una transformación permanente que con ser mujer. Así sé que puedo mutar”.
Augusta Caballero es docente jubilada y se ríe ante la pregunta. “Ahhh”, se sorprende. “Mmm”, duda. Pero después arremete con seguridad: “Ser mujer es para mí el brazo y la pierna derecha de la sociedad y sobre quien descansa la responsabilidad de ser esposa, de ser mamá, de la educación y de todo lo que hace a la construcción del porvenir de una nación, porque la mujer es la que administra todo a pesar de que se la tiene en cuenta como de segunda categoría y vive una doble opresión por su género y su clase. Por eso, en estos encuentros a una se le abre la mente y se da cuenta de lo importante que es como ser humano. Nos vamos con mucho más de lo que trajimos. Este Encuentro es una revolución cultural”.

Fuente: