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miércoles, 8 de enero de 2014

La intuición como conocimiento autorizado



El objetivo de este artículo* es llamar la atención sobre el uso que hacen las parteras de la intuición como fuente destacada de conocimiento autorizado. Nuestra intención no es discutir el concepto de intuición sino simplemente utilizar la formulación que hace Jordan (1993) de la noción del conocimiento con autoridad como herramienta teórica que nos ayude a entender el papel que tiene la intuición para las parteras contemporáneas. Empezaremos examinando algunas perspectivas teóricas recientes sobre la naturaleza de la intuición.

Sobre la naturaleza de la intuición: Perspectivas teóricas

Creo que como que estamos en una cultura que no respeta la intuición y tiene una definición muy limitada del conocimiento, podemos caer en la trampa de esta limitación. La intuición es otro tipo de conocimiento, profundamente personificado. No está allí arriba en las estrellas. Es conocimiento, igual que el conocimiento intelectual. No es insustancial, que es lo que la cultura intenta hacer que sea.
-Judy Luce, partera de partos en casa



        El American Heritage Dictionary (1993) define la intuición como << el acto o la facultad de saber o sentir sin necesidad de usar procesos racionales; la cognición inmediata >>. A pesar de ser algo muy frecuente, la psicología la entiende y estudia poco (Laughlin, 1997). Uno de los mejores estudios sobre el tema es el de Tony Bastick (1982), en el que aísla muchas características de la intuición, incluyendo la confianza en el proceso de intuición, el sentido de certeza de la verdad de la revelación, lo repentino e inmediato de la conciencia del saber, la asociación de afecto con percepción (no racional, no lógica) y el carácter gestalt de la experiencia, el aspecto empático de la intuición, la naturaleza << preverbal >> y frecuentemente inefable del conocimiento, la relación ineludible entre intuición y creatividad y la posibilidad que una nueva percepción pueda resultar ser objetivamente incorrecta.
        En Women’s Intuition (1989), una de nosotras (Elizabeth Davis) señala que, en cuanto a la adquisición de la información, la sociedad occidental otorga un estatus con autoridad sólo a modos muy lineales de razonamiento inductivo y deductivo. Sin embargo, es bien sabido que << no hay creatividad en la ciencia, efectivamente, en ningún ámbito de la actividad creativa, que no implique intuición >> (Laughlin, 1997: 6; ver también Bastick, 1982; Hayward, 1984: 29-33; Jung, 1971; Poincare, 1913; Slaatte, 1983; Vaughn, 1979; Weil, 1972; Westcott, 1968). ¿Por qué la intuición es tan desvalorizada en Occidente?
        Tal como han señalado un buen número de científicos (Martin, 1987; Merchant, 1983; Rothman, 1982) las metáforas mecanicistas de la Tierra, el universo y el cuerpo han ido adquiriendo cada vez más prominencia cultural desde tiempos de Descartes. El razonamiento deductivo conciente, que se puede explicar y replicar lógicamente, es la forma más parecida a la máquina del pensamiento humano. Así pues, lo procesos raciocinativos (<< raciocinar >> significa << razonar metódica y lógicamente >>) se materializan en occidente y a menudo se expresan en términos de reglas normativas (Rubinstein et al., 1984: 34; Beth y Piaget, 1966). La intuición, por el contrario, se refiere a la experiencia que tenemos de los resultados de los procesos cognitivos profundos que ocurren sin ser concientes de ello y que no pueden explicarse o reproducirse lógicamente. Laughlin (1992, 1997) postula que la intuición es neurognóstica –inherente a la estructura básica del sistema nervioso central humano-, lo que justificaría los atributos panhumanos de la experiencia de la nueva percepción intuitiva. Propone que el lenguaje y sus estructuras conceptuales raciocinativas concomitantes no evolucionaron para expresar todo el sistema cognitivo humano sino sólo aquellos relacionados con la adaptación, señalando que el tipo de conocimiento que se puede expresar mediante estructuras conceptuales y lingüísticas del cerebro humano es superficial comparado con los procesos neurocognitivos más profundos  << de los que depende el conocimiento en sus sentido creativo más amplio >> (Laughlin, 1997: 17).
La investigación neurofisiológica sobre las funciones complementarias de los dos hemisferios del cerebro ha arrojado algo de luz sobre el proceso de la intuición. El hemisferio izquierdo media principalmente entre la producción del lenguaje, el pensamiento analítico y la secuenciación lineal y causal de acontecimientos, mientras que el hemisferio derecho principalmente media entre la producción de imágenes, el pensamiento gestalt u holístico y el diseño espaciotemporal (Bryden, 1982; Ley, 1983; Sperry, 1974, 1982). Simplificando un poco, se podría decir que el lóbulo izquierdo distingue partes de conjuntos, haciendo posible el pensamiento analítico  y la comunicación lingüística, mientras que el lóbulo derecho hace posible y difícil de comunicar o analizar la percepción gestáltica en nuestro sistema lingüístico occidental.
Algunos investigadores han utilizado estos descubrimientos para proponer que nosotros los humanos tenemos dos modos de conciencia, una que responde a lo que llamamos << razón >>, asociada al funcionamiento del lóbulo izquierdo, y otra llamada << intuición >>, asociada con el funcionamiento del lado derecho (Lee, 1976). Tal como Laughlin (1997:9) señala, algunos teóricos antropológicos han ido hasta el extremo de sugerir dos tipos diferentes de cultura definidos por estas dos maneras de conocer. Por ejemplo, Warren TenHouten (1978-79) ha utilizado las etiquetas de << proposicional >> y << composicional >> y ha argüido que estas dos maneras de conocer residen en un continuo con un tercer modo, el << dialéctico >>, en medio como una integración de la cognición del lóbulo derecho e izquierdo. En 1941, Sorokin sugirió que todas las sociedades oscilan a lo largo del tiempo como un péndulo entre dos polos extremos, uno caracterizado por el conocimiento racional y los valores materialistas, y el otro por el conocimiento intuitivo y los valores espirituales. La propuesta de Sorokin tiene su paralelo en los escritos populares contemporáneos en la distinción que hace Rianne Eisler (1988) entre culturas << dominadoras  >> y << asociadas >>  y la de Daniel Quinn (1993) entre << las que toman >> y << las que dejan >>. Estas distinciones también tienen su paralelo en las diferencias entre la partería estadounidense contemporánea y la sociedad tecnocrática en medio de las cuales la partería existe y lucha por prosperar. La tecnocracia es en gran parte jerárquica, dominada por los hombres, orientada por las máquinas y basada en los principios del hemisferio derecho del cerebro de separación y discriminación, mientras que la partería que se hace en las casas es principalmente igualitaria, orientada a la naturaleza y a las mujeres, y basada en los principios del hemisferio derecho del cerebro de holismo y conexión.
Por supuesto que tales dicotomías aparentemente tan bien definidas crean a menudo confusión. Es importante recordar que, a pesar de las dominaciones hemisféricas, el conjunto del cerebro está implicado en las funciones cerebrales. Una división funcional fuerte entre los hemisferios se da sólo en sujetos cuyos cerebros fueron físicamente divididos o dañados, ya sea a causa de heridas o de la cirugía (Sprenger y Deutsch, 1981). En el cerebro normal y sano, la semejanza y la replicación de la función son mucho más comunes. Laughlin sugiere que la intuición está << mediada por redes neurales en ambos lóbulos, no simplemente en el lóbulo derecho >> (1997: 11), llamando a los procesos cognitivos que se producen intuición << trascendental >> en parte para subrayar su funcionamiento transhemisférico, que abarca todo el cerebro.  El cuerpo calloso, que juega un gran papel en la transmisión de información entre hemisferios, puede ser lo más importante en la génesis de la intuición. En Women’s Intuition, Davis (1989) postula que la coherencia interhemisférica relacionada con estados trascendentes (Goldberg, 1983) y las conexiones intuitivas pueden ocurrir más fácilmente en las mujeres que en los hombres, ya que parece que el cuerpo calloso del cerebro femenino es mucho mayor. Se puede argüir, sin embargo, que esta parte del cerebro puede desarrollarse deliberadamente sea cual sea el sexo.
Tal como hemos apuntado antes, la ciencia, dada su sobrevalorización del razonamiento deductivo del hemisferio derecho del cerebro, nunca podría haber avanzado sin la creatividad de la intuición; concomitantemente, ninguna cultura orientada hacia la intuición podría sobrevivir sin una gran dependencia de la raciocinación. De igual modo, se puede dar el caso que incluso los médicos más tecnocráticos sigan su intuición en vez de su razón (Fox, 1975, 1980), e incluso es posible que las parteras más holísticas, en esta época postmoderna, hayan alcanzado un alto nivel de competencia en el uso de las herramientas tecnocráticas del parto y sean capaces de explicar y defender sus acciones en términos científicos, lineales y lógicos. A praxis de la partería postmoderna comporta, en muchas maneras, el ejercicio cuidadoso del razonamiento inductivo incluso si continúa confiando para su espíritu primordial en la representación de la conexión corporal y psíquica.
(…)

Las parteras y la intuición
La conexión como prerrequisito


        
          Lo primero que nos saltó a la vista de los datos de nuestras entrevistas fue el enorme valor que las parteras conceden a la << conexión >>. La conexión, tal como la viven estas parteras en un parto en casa, implica no sólo vínculos psíquicos sino también emocionales e intelectuales. No es simplemente una conexión a dos, como sucede con la conectividad de la partera con la madre, o de la madre con el bebé. Si tuviéramos que expresarlo mediante un diagrama, podríamos dibujar algo parecido a una telaraña, con filamentos que conectan a la mujer, al bebé, al padre y a las parteras entre sí. Si, más adelante, miráramos dentro de cada individuo, podríamos ver otros filamentos de la telaraña que conectan a cada individuo con la esencia más profunda de sí mismo. Nuestras entrevistadas insistían en que el grado de conexión que son capaces de mantener con la madre y el bebé depende del grado de conexión que mantienen con el flujo de sus propios pensamientos y sentimiento. Tan básica es la importancia de esta conectividad interna que muchas de ellas la buscan activamente antes del parto. Tal como Elizabeth Davis explicó durante su entrevista con Davis-Floyd:

A veces, especialmente cuando he estado haciendo muchas cosas, realmente me cuesta aclararme y llegar abierta al parto. Así pues antes de salir me echo un rato e intento relajarme y exponer mis preocupaciones del día y abrirme a mí misma para estar también abierta a la mujer y a su parto.
        
Este esfuerzo por << estar abierta >> a sí misma y a la mujer y a su parto es una cuestión que comparten las parteras que atienden partos en casa. La conectividad que esto facilita no sólo se extiende a la psique y a las emociones sino también a la sensación y a la experiencia física. Analicemos la siguiente cita de una partera canadiense:


En nuestra práctica colectiva, una de las cosas de que nos dimos realmente cuenta a lo largo del tiempo fue que si una de las parteras que atendían un parto tenía diarrea era un mensaje para que mirásemos las cosas con más detenimiento. Inevitablemente en esos partos algo pasaba…

P. ¿Cómo lo explicaría? ¿Por qué una partera tiene diarrea si algo va mal con el parto? ¿Cuál es la conexión?

Pienso que te estás dando cuenta intuitivamente de que algo no va del todo bien. Está entrando en tu cuerpo; aún no te ha llegado a la cabeza.

        La dimensión física de este acontecimiento, se ve reforzada en esta descripción de una partera de California:


Mi yo científico cree que todo pasa en mi cráneo, en mi cerebro. Intelectualmente poseo muchas aptitudes, muchas técnicas. Pero mi experiencia física me enseña que en situaciones peligrosas en las que mi mente no está segura de lo que debe hacer, de qué técnica sería la mejor –por ejemplo, sal la cabeza del bebé pero no se girará y tiene los hombros pegados- un cono de poder baja directamente a través de mi cabeza, a través de todo mi cuerpo, y me sale por las manos. Y mis manos empiezan a hacer una maniobra, y mi boca empieza a hablar y a decirle a la mujer que se gire apoyándose en las manos y en las rodillas, o cojo el trasero del bebé y estiro el bebé hacia abajo, o lo que sea –pero no sabía lo que haría antes de ese momento- y eso es la intuición de las parteras. [Maggie Bennett]
        

¿De dónde proviene ese << cono de poder >>? Si bien tanto Maggie como la partera canadiense antes citadas describen la intuición como intensamente física, el << cono de poder >> de Maggie también añade una dimensión espiritual. Al preguntar a muchas de nuestras entrevistadas dónde reside la intuición, nos dieron las siguientes respuestas: << En todo el cuerpo >>;  << Es celular >>; << En mi estómago >>; << Es un conocimiento interior; no sabes de dónde sale >>; << En tu corazón, en tus sueños >>; << En tu conexión con el universo >>; << En mi yo interior >>; << Soy muy auditiva; lo escucho como una voz que sale de mis entrañas >>. Podemos concluir que, para nuestras entrevistadas, la intuición parece implicar el cuerpo, la psique y el espíritu pero no la mente racional.
        Las parteras dicen que experimentan el tipo de abertura que describen Maggie Bennett y Elizabeth Davis, y la conectividad que ésta facilita, como algo fundamental para recibir mensajes intuitivos. Si están cerradas -<< recluidas >>, << desconectadas >> - no pueden escuchar esa voz interior y tienen que confiar en su amplio conocimiento intelectual y su pericia acumulados. Si bien no ven nada malo en ello, no parecen considerarlo un tipo de cuidados cualitativamente diferentes, tal como quedará claro en el siguiente apartado.

Aprender a confiar

En entrevistas formales y en conversaciones casuales, oímos a las parteras expresar que conocen bien las tecnologías de diagnóstico biomédico. Su jerga grupal está repleta de términos tecnomédicos, su bagaje como parteras rebosa tecnologías y sus gráficas de partos en casa son parecidas a los del hospital, con la temperatura y la presión arterial de la madre y los latidos del corazón del feto debidamente registrados. Y, sin embargo, estas mismas parteras que usan con tanta habilidad la jerga y las herramientas de diagnóstico de la medicina tecnocrática a menudo ven esta información así obtenida como una bendición muy adulterada, quizá una fuente de tantos problemas como soluciones. Tal como explicaba Elizabeth Davis:

Lo que veo que pasa en muchos programas de formación de parteras es la idea que aquí tenemos este corpus de conocimiento, y necesitamos que nos enseñen –la idea que el estudiante está vacío y esperando a que lo llenen, y el conocimiento está aquí y después que lo inculcan al estudiante está capacitado-. Pero en la partería, nada de esto compensará nunca la falta de confianza en ti misma o una habilidad para combinar el pensamiento crítico con la responsabilidad personal. Lo que hace que una partera sea realmente buena, creo yo, son esas calidades de análisis y de discernimiento internas, las emociones con las que se mantiene en contacto porque no separa su yo del proceso de aprendizaje para que los sentimientos de respeto hacia sí misma y de autoestima y de confianza en sí misma se combinen para hacer que sea humana y mantenerla conectada. Pienso en el parto, si no formas parte del proceso, eres una amenaza al proceso.
                
                Las otras parteras que entrevistamos estaban totalmente de acuerdo con ella. Para todas ellas, formar parte del proceso de dar a luz, estar conectadas, constituía el principal ingrediente de su éxito –un ingrediente mucho más importante que sus ya de por sí considerables aptitudes de diagnóstico técnico. Una de ellas incluso llegó a decir que:

Atender a mujeres en el parto se basa sólo en la intuición. Escucho el latir del corazón del bebé porque escucho el latir del corazón pero no me preocupo porque interiormente sé que todo va bien.
P. ¿También sabe cuando no todo va bien?
Por supuesto que lo sabes, hay una energía aquí.
P. ¿Ha ocurrido alguna vez que el estetoscopio le haya dicho una cosa y su intuición otra?
No. Si detecto un problema con el latido del bebé, ya ha habido signos que sospechaba que podía haber un problema. El latido del corazón casi siempre me lo dice todo, excepto que parece bonito sobre un trozo de papel para documentarlo. Hago esto para los abogados. [Jeannette Breen]
                Una hipótesis de trabajo muestra que cuanto más intensamente se formen las parteras en modelos didácticos de cuidados médicos basados en procesos raciocinativos, menos confiarán y dependerán de su intuición. Dado que hasta la fecha nuestras entrevistas se han centrado en parteras que demuestran su compromiso con el holismo asistiendo a las conferencias de MANA, no hemos podido investigar si esta hipótesis es cierta. Para hacerlo, deberíamos entrevistar a un número igual de enfermeras-parteras tituladas orientadas más médicamente. Todas nuestras entrevistadas declaran que aprender a confiar en su intuición es un proceso continuado. Nuestros datos sí que indican sin embargo algunas diferencias en la manera como las enfermeras-parteras tituladas formadas médicamente y las parteras formadas empíricamente (que aprenden sus conocimientos a través de la interacción individual del aprendizaje) viven este proceso. Las enfermeras-parteras tituladas parecen empezar considerando la intuición con desconfianza, a continuación pasan a la confianza a través de la experiencia vivida. Las parteras formadas empíricamente parecen empezar confiando en la intuición y pasan a la confirmación de esa confianza a través de la experiencia vivida. (…)
(…)

La razón versus la intuición: exactitud y fuente
                La lista exhaustiva de las cualidades de la intuición de Bastick (1982) incluye la posibilidad que una intuición pueda ser incorrecta. En esto muchas de las parteras de nuestro estudio no estarían de acuerdo, ya que acostumbran a definir la intuición per se como inherentemente exacta (ver también Vaughn, 1979). Muchas de ellas nos explicaron que la clave, cada vez que habla la voz, es cómo averiguar si es o no una intuición << verdadera >>, y la lucha es aprender a diferenciar entre la duda y el debate interiores que acompañan al pensamiento raciocinativo y la verdadera voz de la intuición. Su alta de inclinación a asumir que una intuición puede ser equivocada, descubrimos, surge de su creencia consensual de que la intuición encuentra su fuente en el ámbito espiritual o sus propios << yoes superiores >>, que por definición no pueden ser erróneos, o de las partes más profundas de nuestros cuerpos que, según el modelo holístico, son fundamentalmente campos de energía que funcionan en conexión con otros campos de energía y que, por lo tanto, tampoco pueden ser erróneos.
                En oposición, la razón, que está específicamente situada en el neocórtex, puede ser errónea, y a menudo lo es. Así pues, si una partera tiene lo que ella piensa que puede ser una intuición, pero resulta que es falsa, puede llegar a la conclusión de que no debe haber sido una intuición, en primer lugar, sino un producto de su << mente racional >>. Con ello no queremos decir que las parteras subestimen la razón y la raciocinación. Suelen sentirse cómodas con sus habilidades raciocinativas y  son muy concientes de que están culturalmente sobrevaloradas.  La voz de la razón es fuerte y agresiva; lo más difícil, según las parteras, es identificar y hacer caso de las verdades que dice la silenciosa, pequeña y culturalmente subestimada voz interior. El valor de esta empresa se demuestra por el notable grado de seguridad que las parteras que atienden partos en casa están alcanzando; un grado que se compara muy favorablemente con la << gestión activa >> intervencionista, cara y a menudo iatrogénica de muchos hospitales. (…)
(…)

Sancionar la intuición como conocimiento autorizado
(…)
Hasta hace poco, el uso de la intuición por parte de las parteras que atienden partos en casa como conocimiento autorizado en los procesos de dar a luz, ha sido totalmente informal. Se ha vivido en la singularidad de la situación, se ha hablado de ello como algo prodigioso y asombroso entre ellas y con las madres a las que atienden pero no ha sido codificado formalmente como una fuente oficial de conocimiento autorizado. Con la finalización y aprobación por consenso de la << Declaración de MANA DE Valores y ética >> (antes citado) en la reunión de MANA del 13 de noviembre de 1992 celebrada en Nueva York y la aprobación de 1994 de las << Competencias fundamentales de MANA >> arriba citadas, la intuición fue formalmente reconocida por parte de las propias parteras como un aspecto integral de la práctica competente de la partería.
(…)
(…) MANA se enorgullece de su carácter inclusivo. Cuando se crean exámenes y estándares que todas las parteras tienen que cumplir, algunas aprobarán y otras suspenderán y, muy posiblemente, las parteras que son competentes en los partos continuarán sin estar tituladas simplemente porque no han hecho bien el examen. En un esfuerzo por minimizar este tipo de resultado exclusivista, que limitaría la partería en casa a las que destacan en el pensamiento racional. El Grupo de Trabajo de Titulación está haciendo un gran esfuerzo por crear sistemas de examen y de evaluación que sean justos para todas. Al estar de acuerdo en que los exámenes por escrito (racionales), a pesar de ser los más fáciles de gestionar, no pueden proporcionar una idea general, las miembros del grupo de trabajo consideraron la idea de los tests de múltiples opciones para demostrar los conocimientos, incluyendo un examen de conocimientos simulado, en los que la aspirante a obtener una titulación podría acudir a un centro y demostrar sus conocimientos con modelos de plástico de una parturienta y su bebé. Cuando se presentó esta idea a las miembros de MANA, una respuesta común quedó ejemplificada por una partera que exclamó consternada: << Mis guías espirituales son las que me dicen lo que hacer en los partos, ¡pero no estarán allí si estoy trabajando con muñecos de plástico! >>. Otra partera subraya el papel fundamental de la intuición:
Decidamos cómo se tendría que examinar a una partera, y examinémosla de ese modo. No complazcamos los estándares de la profesión médica para demostrar que somos competentes. Demostrémonos a nosotras mismas que somos competentes, y que conoceremos esta competencia si nuestros corazones son verdaderos, y su somos honestas con nuestros conocimientos intuitivos. La intuición es a menudo lo que nos hace inteligentes, lo que hace que hagamos nuestro trabajo lo mejor que podemos, lo que nos hace entender los problemas antes que nadie más y por lo tanto que podamos ocuparnos de ellos con más eficacia. (Jill Breen, partera comunitaria, citada en Chester 1994:3)
En respuesta a tales llamados, la junta del NARM ha desarrollado un proceso de titulación para la Partera Profesional  Titulada en que lo raciocinativo y la práctica están equilibrados: requiere (1) que la solicitante se la examine de una larga lista de conocimientos exigidos por su mentora en la partería, que tendrá muchas ocasiones para ver cómo demuestra estos conocimientos a lo largo de su formación en un contexto conectivo en el que efectivamente puede escuchar a sus guías y a sus voces interiores; (2) aprobar un examen por escrito de un día para poner a prueba sus conocimientos y verificar su alcance y profundidad; (3) aprobar un examen de evaluación de sus conocimientos prácticos administrados por una partera experimentada. El equilibrio de la propuesta, al igual que la << Declaración de valores y ética de MANA >> y las competencias fundamentales indica la cada vez mayor determinación de estas parteras a aceptar tanto lo racional como lo intuitivo, como fuentes generalmente autorizadas y respetadas de conocimiento autoritativo.

Conclusión
                En este artículo hemos intentado examinar el fenómeno de la disposición ocasional de las parteras a confiar en la intuición como fuente principal de conocimiento autorizado en una sociedad que concede legitimidad conceptual y legal sólo a lo que pertenece a procesos racionales. Hemos visto que la confianza que otorgan estas parteras a su conocimiento interior es una parte integral del conjunto de su filosofía, tal como se expresa en la << Declaración de valores y ética >> de MANA, y tal como se ejemplifica en las historias que nos explican sus experiencias individuales con la intuición y el parto. A diferencia del modelo tecnocrático, que incluye una plétora cada vez mayor de tecnologías de diagnóstico y de remedio basadas en la separación, esta filosofía holística de la partería concede un gran valor a la conexión inter e intrapersonal, e incluye una variedad de conductas que expresan esa << danza >> conectiva.
                La intuición, según estas parteras, surge de su propia capacidad de conexión interna con los aspectos corporales y espirituales más profundos de su ser así como de sus conexiones físicas y psíquicas con la madre y el bebé. Esta fiabilidad de la intuición está intrínsicamente relacionada con el hecho de surgir de esa matriz de la conexión física, emocional y espiritual –una matriz que da más poder y credibilidad a la intuición, en opinión de estas parteras, que la información que surge de las tecnologías de la separación. Que a pesar de todo las parteras llevan consigo y utilizan libremente tales tecnologías demuestra no sólo que también valoran lo racional sino que se están volviendo expertas en equilibrar los protocolos y las exigencias de la información obtenida tecnológicamente con su aceptación intuitiva de la singularidad de las mujeres durante el trabajo de parto y el parto. Proponemos que sus redes profundas, conectivas, de mujer-a-mujer, tejidas con tanto amor en una sociedad que no otorga a esas conexiones ninguna autoridad de conocimiento y poco valor a la realidad conceptual, tienen un gran potencial para restablecer el equilibrio de la intimidad a las múltiples alienaciones de la vida tecnocrática.
(…)


*Davis-Floyd, Robbie.La intuición como conocimiento autorizado en la partería y en los partos en casa, en  Perspectivas antropológicas del parto y el nacimiento humano. Ed. Creavida.


martes, 22 de octubre de 2013

"Las mujeres deberían descubrir que son las protagonistas absolutas del parto"

por Julia Ruppel

En esta ocasión tuvimos la oportunidad de preguntarle a Raquel Schallman* sobre parto respetado y cuáles son sus implicancias en las vidas de las mujeres; el rol de las parteras, el rol del Estado y el de los medios de comunicación en la difusión de esta práctica que tanto tienen que ver con la autonomía de las parturientas, y de cómo vivencian sus cuerpos y el de los recién nacidos.


Raquel, ¿por qué creés que en un acto fundamental en la vida de las mujeres como lo es el parto, se controla, se apura, se mide en tiempos ajenos a ellas?

Desde lo más profundo, diría que el patriarcado que nos somete desde hace casi 6.000 años, no puede tolerar el poder que significa que una mujer pueda generar vida en su cuerpo, sin ninguna cosa extra. Es normal y natural.
Desde lo actual, diría que las mujeres han perdido su poder de parir, a partir del miedo generado desde el sistema médico (no de los médicos solamente, sino de un sistema que los somete a ellos también)
El sistema médico conoce solamente un modo de "asistir" los partos: y es conducirlos, de acuerdo a lo que cada profesional aprendió. Esto es: manipular absolutamente todo el proceso, y para eso es imprescindible difundir una cantidad de mitos que llenan de miedo a las mujeres que termina creyendo que semejante maltrato es lo "natural"

A raíz de esto, ¿qué podés decirles a las mujeres que no saben que hay otra alternativa, es decir que existe el parto respetado? ¿Qué pueden descubrir con esta experiencia?

Las mujeres deberían descubrir que son las protagonistas absolutas del parto. Ellas parirán con o sin profesionales, con o sin instituciones. El cuerpo lo ponen ellas. Deberían investigar todas las opciones que hay.
En mis grupos de abordaje corporal emotivo, ese proceso lo viven a través de pocos meses y les sirve no solamente para el parto sino que termina siendo un modo de plantarse y plantearse la vida.

¿Pensás que la mayor parte de las mujeres siente en el fondo que no pueden parir sin la ayuda de los médicos, en una institución, debido a un trabajo sistemático en sus creencias?

Creo que es lo que las mujeres piensan. No lo que sienten. Las que se animan a respetar esos sentimientos, son las que contra viento y marea y contra los que le dicen que están locas, investigan, descubren, hacen una experiencia vital y transformadora. No importa si el parto es en el casa o no, y aún si termina en una cesárea. Lo importante es que ella sea la protagonista.
Es inconcebible para la OMS y la naturaleza, un 80% de cesáreas! 
Pero una cesárea puede ser salvador para el 9% que sí la necesitan.

Los mitos en torno al embarazo y al parto, ¿funcionan desde el temor para que las mujeres no tomen la iniciativa de su propia experiencia?

Efectivamente

¿La desconexión en el ámbito hospitalario de mujeres y parteras a raíz de la fuerte figura del médico/obstetra es un acto que tiene consecuencias al momento del parto?

Totalmente. Pero la "fuerte figura del hombre/médico" también es mentirosa. Se le ha entregado un poder que no tiene y que suele usar mal.
Las médicas trabajan desde el "poder médico masculino". En general, salvo rara excepción, suponen que es la única forma de competir con el "varón/médico". 
La desconexión de las parturientas y sus cuerpos tienen consecuencias graves, porque persiste después del parto. Las separan de sus bebés, y esos bebés que necesitaban con urgencia el cuerpo de la madre, entran a la vida abandonados, solos, manipulados, violentados, agredidos. Eso es lo que se siembra en estas generaciones. 
En el parto mismo, la alteración de lo natural es absoluta: si se les quita su ropa y se les dan batas humillantes, como lo primero de todo, eso desde luego altera el proceso biológico. La obligatoriedad de estar quietas, acostadas y calladas,  altera totalmente el proceso. Y cuando la intromisión se vuelve violenta: tactos excesivos, rotura de bolsa, goteos enloquecedores, anestesias, indudablemente el parto que debió ser, será otra cosa, siempre mucho peor.

En el panorama actual, ¿ves muy lejos la posibilidad de una legitimación de las prácticas de las parteras que hoy actúan por fuera del sistema oficial, bajo la premisa del parto libre?


Esas prácticas son totalmente legitimas y legales. 
El costo para esas parteras es alto, porque entregan la mayor parte de su vida al servicio de cada parto. Es lo que el sistema no acuerda: no "industrializar" el proceso. 
La formación académica ya no existe. Las universidades forman "licenciadas en obstetricia" enseñando a estas profesionales a estar al servicio del médico.
No hay opciones en el país. Las que consiguen, despues de muchos años, terminar esa carrera, tienen que desaprender todo lo aprendido, y hacer experiencia al lado de alguna que acepte a esta aprendiz, aunque sea una egresada universitaria.

¿Las consecuencias de un parto institucionalizado en la salud de las mujeres y bebés suelen darse sin distinción de clases sociales o generalmente quienes sufren más son los sectores vulnerables? (En este sentido, ¿podríamos decir que hoy en día las embarazadas son un sector vulnerable per se?)

Sí, a las dos preguntas. No hay distinciones. Y las embarazadas son un sector vulnerable per se.

¿Cuál es la diferencia en cuestión de salud de las mujeres y bebés en países donde el Estado garantiza el parto en casa, o parto respetado, de los que no?

En esos países, muy pocos: Holanda , Australia., Inglaterra... la gran diferencia es que el estado paga el parto, y los partos respetados no son vilipendiados, descalificados, como si fueran una criminalidad.
Eso hace que las parteras puedan ofrecer sus servicios públicamente, tanto en partos en casa, como en casas de partos. Y se hace visible de a poco, las enormes ventajas -para todos- de un parto no intervenido.
Bajo costo económico para el estado, beneficios para la salud de los profesionales, para la satisfacción de las familias

¿Las mujeres  que realizan consultas con vos muchas veces desconocen las prácticas que realiza el sistema médico con los recién nacidos, o suelen saberlo y lo toman como una verdad dada que asumen como necesaria?

La mayor parte de las veces los desconocen. Porque apenas nacido "se llevan al bebé, para las prácticas de rutina" y en 10 minutos el bebé está de vuelta, bañado, peinado y vestido y no se les informa a los padres, ni se les pregunta si están de acuerdo.
Menos veces, consultan conmigo precisamente para evitar esas prácticas.
En mi libro "Parir en libertad, en busca del poder perdido" están descriptas. Pero como ese libro se escribió hace algunos años, ahora han aumentado las intervenciones sobre los bebés. Siempre de modo cruento, innecesario y dañino.
De todos modos, la mayoría acepta como naturales las prácticas violentas sobre los niños. Por ejemplo, la mamadera, es normal. No tienen idea del daño de las leches "maternizadas".... y es solo un ejemplo.

¿Qué importancia le das a los medios de comunicación y a la transmisión de ideas entre las propias mujeres como un motor de cambio ante la concepción de que el parto medicalizado es más seguro?

Los medios de comunicación son tremendos. A mí me hacen entrevistas y luego las publican dadas vueltas o descontextualizadas.
Una vez  que pedí leer la nota antes de su publicación, y estaba bastante bien, le agregaron un título que decía algo así como "los peligros del parto en casa", de modo que toda la nota estaba teñida de la palabra "peligro"
En cuanto a las mujeres, y a la sociedad toda, en realidad, lamentablemente, se someten al sistema a partir de la amenaza del riesgo.
En los últimos 100 años se han inventado enorme cantidad de enfermedades y la industria farmacéutica se ha convertido en una de las más poderosas del mundo. 
Se descalifica terriblemente a los profesionales que pensamos diferente, aún cuando los resultados que podemos mostrar son espectaculares.
A cada uno de los poquísimos médicos que trabajan realmente de forma respetuosa, les van prohibiendo la entrada en las clínicas de la ciudad y alrededores, sin justificación alguna. 
Después de tantos años de mi ejercicio profesional, esta es la primera vez que en marzo me invitaron a hablar en un congreso nacional de obstétricas.
Me dieron el peor horario, me maltrataron públicamente. Lo pasé mal.
Al mismo tiempo, me han invitado a participar de congresos y encuentros en otros países del mundo, a través de varios años.
El único camino, creo, son las redes de mujeres que sean capaces de unirse y difundir.  Es un camino desalentador, pero vale la pena.

¿Cuál es el saber que las mujeres, parteras y parturientas, deberíamos recuperar en torno al acto increíble que es el parto-nacimiento?


Todas deberíamos recuperar la conciencia  y la certeza de que las mujeres SABEN PARIR, como cualquier mamífero nos muestra hoy en día.
Eso nos devolvería el poder para no aceptar tanto maltrato, daño y sometimiento para nosotras, y nuestros hijos.
Recuperar la alianza entre mujeres en lugar de dejarnos separar por cosas intrascendentes. El sistema estimula estas divisiones todo el tiempo. Nos exigen ser jóvenes, hermosas, perfectas, madres sin errores, grandes amantes, duritas, esposas devotas, y podría seguir.
Ese modelo nos obliga a competir entre nosotras , mientras al mismo tiempo, la autoexigencia se vuelve descomunal.



*Raquel Schallman egresó de la Universidad de Buenos Aires y se graduó en la Escuela de Técnicas Corporales. Fruto de una larga investigación, creó el A.C.E. (Abordaje Corporal Emotivo), sistema que difunde a las parturientas de sus grupos de consulta. Es, entre muchísimas otras cosas, autora del libro Parir en Libertad. En busca del poder perdido.
Para más información:    www.partolibre.com.ar

viernes, 19 de octubre de 2012

La puerta mágica


Los saberes vinculados al parto como práctica autónoma (después los adjetivos proliferan y abundan: amoroso, natural, respetado, en casa, etc.) tienen una fuerza política que se desconoce o se desprecia cuando sólo se lo interpreta como una cuestión de moda. En todo caso, ese prejuicio intenta tapar la fuerza de un poder popular y de un saber de autogestión que obliga a las instituciones a revisarse y a la disciplina médica a pronunciarse. Que la moda hippie chic saque su tajada es inevitable. Lo que se vuelve políticamente insoslayable es poner en primer plano qué batallas dan muchísimas mujeres por su autonomía y cómo se construyen comunidades para enfrentar estos desafíos. Esos saberes muchas veces nos dan la oportunidad de conectar nuestra imaginación con rituales de todos los tiempos. Así fue el inicio del Encuentro Internacional para reflexionar sobre el parto y el nacimiento amoroso y respetado, realizado en La Casona de Flores.

Por Veronica Gago


Casi doscientas mujeres se juntaron en el patio de lo que hace un siglo fue un orfanato socialista para niñas. Estábamos alrededor de quienes oficiaban de maestras de ceremonias. El altar estaba servido: varios aguayos alfombraban el piso, invitaban a muchas a descalzarse y hacían creer que la tierra estaba inmediatamente debajo de esos colores brillantes. Había flores, se quemaron hojas de coca, y un perfume dulzón invadió el lugar. Todo con el murmullo sobrecogedor de una concentración de energía, de unas palabras mágicas que calientan el corazón, de una preparación para un día de fiesta.

Ellas, las que organizaban el primer anillo de la ronda, son parteras. Fueron convocadas por el Colectivo Editorial Madreselva. Mujeres familiarizadas con “la puerta mágica”, dicen riendo. “¿Saben lo que significa bruja?”, pregunta Vivian Camacho, nacida en Cochabamba, médica cirujana especializada en Bélgica. “Viene de la palabra neerlandesa ‘brug’: quiere decir ‘puente’. Esta ceremonia va por todas aquellas que murieron en las llamas por sus poderes fronterizos, por ser puentes entre la vida y la muerte, por ser expertas en ritos de pasaje. También por las que queremos para todxs todo, y porque para nosotras no es ajena ninguna injusticia del mundo.” La generosidad del discurso zapatista se cose con la cita velada del Che y el encuentro arranca.

FRIDA

En la villa 1.11.14 del Bajo Flores, esas prácticas y conocimientos autónomos son los que permiten denunciar el racismo hospitalario y la discriminación institucional, pero también recuperar la confianza en la red de vecinas y amigas que de boca en boca proveen recursos y ahuyentan juntas el miedo. “Nosotras mantenemos vivos nuestros saberes que hacen que la villa sea un territorio donde laten muchas cosas, un territorio vivo”, dice Frida Rojas, cochabambina que vive hace más de dos décadas en el Bajo Flores. Frida desde pequeña fue elegida por la partera de su barrio en Bolivia para que la asista y así se convirtió en una joven aprendiz. Ahora, todos en la villa 1.11.14 saben de doña Frida, porque su nombre circula a la hora de asistir a las niñas embarazadas o a una mujer que casi roza los cincuenta y le llegó un cuarto hijo que no esperaba.

“Nosotras nos fuimos haciendo conocidas porque peleamos. Hace algunos años cuando íbamos con nuestros aguayos por la ciudad nos miraban muy mal. Ni qué decir del hospital, que cuando envolvíamos a nuestros niñxs las enfermeras nos decían: ‘¡lo va a ahogar, lo va a matar!’” Hoy el aguayo estampa carteras, zapatillas y polleras (se consigue harto en Palermo, bromean por ahí), pero en los hospitales todavía despierta recelos.

“¿Por qué se les ocurre parir en día de fiesta?”, le dicen los médicos de guardia del Hospital Piñero a Celia, otra vecina boliviana del Bajo Flores, cuando llega en las vísperas de Navidad con su hija y fortísimas contracciones. La espera se hace infinita. Ellas mismas se ponen a trabajar. “Se salvó porque empezamos a gritar y porque después yo entraba a escondidas caldos que preparamos nosotras, especiales para las parturientas”, cuenta. “Nosotras ya sabíamos que a otra vecina del barrio cuando se le murió su hijo en el vientre le dijeron ‘no te hagas problema que vos el año que viene estás de nuevo acá pariendo’.” Ya son vox populi las acusaciones de parir como animales que los profesionales les dedican a las mujeres migrantes cuando se acuclillan o se meten en el baño para parir tranquilas. Muchas van al hospital para obtener su documento. Muchas otras ya se animan a hacerlo en el barrio. “Son nuestras rebeldías como mujeres las que nos dan fuerza para parir como queremos, sin la energía negativa que implica recibir esas miradas y palabras de desprecio por portación de piel”, dice Frida.

Esa sabiduría también penetra en algunas instituciones y grupos de profesionales y los convoca a modificar las cosas. Por eso, buena parte del auditorio de este encuentro en La Casona de Flores eran médicas y médicos de hospitales públicos. Sin embargo, la ridiculización como modo de reaccionar frente al desconcierto está siempre a la mano. Liza cuenta la cara de sorpresa del obstetra y de las enfermeras cuando pidió llevarse su placenta. Nunca había pasado en esa clínica y finalmente el médico autorizó. “¿Tenés cómo llevártela?”, atinó a preguntar aun descolocado. Liza dijo que sí mientras escuchaba el runrún de las enfermeras, que decían que seguro querría usarla para hacer cremas. “Ni se imaginan –dice Frida– que nosotros las enterramos porque son una nutrición fundamental para la tierra y porque es una forma de reciprocidad.” En Buenos Aires, en el Parque Avellaneda, donde hay un espacio sagrado de distintos colectivos de pueblos originarios, hay decenas de ellas enterradas como ofrendas. Y allí, la tierra agradecida.

La ley de parto humanizado promulgada en 2004 no es mágica, pero para Frida y las mujeres del Bajo Flores ha sido una herramienta para aprovechar. “Hicimos muchas fotocopias y ahí vamos pues al hospital con la fotocopia. Es importante, especialmente para las paisanas que no se animan a hablar o se inhiben cuando el doctor les habla duro, ahí nomás sacan la fotocopia. Las jovencitas están más cancheras, ya hicieron propia nuestra lucha.”

Frida es también experta en un saber ancestral llamado “manteo”, para lo cual siempre tiene su aguayo listo. Se trata de una técnica poderosa de movimientos y masajes que logra dar vuelta a los bebés que están mal ubicados cuando se acerca la hora del parto. “En el barrio lo hago muchísimo. Especialmente vienen las mujeres que en el hospital ya les programaron cesárea porque en las ecografías las guaguas están dadas vuelta. Así yo lo hago y luego los médicos ven la nueva ecografía y no lo pueden creer. Pero ellas no les dicen del manteo. Es nuestro secreto”, avisa de nuevo riendo.

ROSSINA

“El parto es una ceremonia tan poderosa que no podemos dejar de ir con nuestros muertos”, así empieza Rossina Torterolo, clínica obstétrica de la Escuela de Parteras de la Universidad de la República del Uruguay y del colectivo Nacer Mejor. “No es común hablar de la muerte cuando se habla de los nacimientos y ése es un problema porque están fuertemente ligadas”, dice esta obstetra uruguaya que se presenta como militante de las capacidades y derechos de las mujeres, hija, madre de un hijo/a no nacido, sanadora, partera. “Poner el cuerpo en tránsito, eso es el parto, nos conecta con la vida y la muerte y eso hay que poder trabajarlo. Cuando nuestros muertos nos acompañan la vida toma un sentido más poderoso.” Como partera, aclara, cuando te piden acompañar un parto es necesario hablar de la muerte, porque ante la menor complicación todos los miedos y fantasmas se te vienen encima de la peor manera.

“Nosotras como equipo sacamos ese tema porque la responsabilidad es compartida. Claro que la institución te ofrece hacerse cargo de eso, para bien o para mal te quita el problema: ahí la responsabilidad es exterior. Nuestro punto es otro y convocamos desde otro lugar.”

Rossina insiste en que el momento de pasaje del parto es ése en el cual los primeros movimientos del bebé son ambiguos, los gestos e incluso la respiración no es del todo clara: está al borde de la vida. En esos momentos la propia madre ha sido transformada. Nace una mujer y muere otra. Son ceremonias de transformación que tienen una sabiduría propia de cómo lidiar y poner en relación la vida y la muerte, “por eso los partos son tan intensos energéticamente”. Además, “hay que tener en cuenta que el momento del parto es de mucho poder: tenemos entonces la intuición de nuestros cuerpos como cuerpos perfectos en su fuerza”.

Además de partos, ellas acompañan abortos –tan antiguos como los nacimientos–, porque es un tema que, incluso cuando se milita fervientemente a su favor, no logra ser pensado como un proceso de duelo que merece ser sanado. Dice Rossina: “Un aborto, parto prematuro, muerte del feto dentro de útero, en todos los casos es una ‘pérdida’, un duelo. La mujer, su pareja y familia pierden un hijo, nieto, hermano... Por lo tanto es preciso acompañar desde el amor, el respeto y el cuidado como en todo proceso reproductivo. Esta es una entrega y búsqueda cotidiana, pudiendo ser responsables y cuidadosos con el cuerpo y las emociones de otros”.

Tomarlo como una decisión propia y soberana no puede eludir ese cuidado y, menos aún, la ráfaga de emociones: “Muchas veces suponemos que va a ser como un trámite y que apenas pueda vuelvo a mi vida normal. Pero no es así, necesitamos respetar y darle tiempo a ese proceso de pérdida”. También es importante, aclara, hacerle lugar a ese proceso en las familias, tanto por los hijos que vendrán como por los hijos que se tienen y que viven estos procesos y los de su propia madre. ¿Pero hay diferencia entre un aborto deseado y uno no deseado para pensar estas cuestiones? “En realidad, creo que podemos hablar de aborto voluntario o espontáneo. Desde mi lugar como mujer y como partera no le veo diferencia, en ambos casos se ponen el cuerpo, las emociones, las expectativas, el dolor de lo que no podrá ser... Lo que sí creo es lo que cambia la experiencia, y que en muchos casos la hace más difícil, es la ‘culpa’ cultural, en caso de los abortos voluntarios por haberlo decidido y en el espontáneo por no haber sido ‘perfecta’ para gestar. Y se ve la muerte como algo culposo, sufriente y digno de lástima o vergüenzas, según el caso, entorno, familia y/o creencias.” Algunas mujeres contaron experiencias a viva voz sobre sus abortos, otras se acercaban a Rossina en los pasillos. Querían saber más sobre aquello de cómo convivir con nuestros muertos.

MONTSERRAT

“El modo en que nacemos nos hace obedientes”, dice Montserrat Catalán, también médica especialista en obstetricia, directora y fundadora de la casa de nacimientos Migjborn, de Barcelona. Por eso a la frase del famoso obstetra Michel Odent “cambiar la vida requiere cambiar la forma de nacer”, ella le agrega un contundente “y, viceversa”.

“Autonomía en el parto, nacimiento sin violencia, sí. Parto consciente, sí. Dejar que el cordón lata, sí. Pero todo ello tiene sentido en el marco de una vida llena de respeto, de autonomía y libertad, consciente y coherente (el discurso y la actitud), donde el corazón lata y el sentimiento se expanda en un mundo sin violencia, es decir, sin injusticia”, señala esta mujer de pelo blanco y una simpatía inmensa. Catalán aprovechó cruzar el océano y se embarcó en varias actividades por el interior del país, en Chile y en Uruguay. Editorial Madreselva acaba de publicar el libro Parir, nacer, crecer, donde, entre otrxs autorxs, esta madre y abuela narra los diez años de experiencia de la casa de nacimientos catalana.

“Hay una cuestión clasista con los nacimientos que no podemos dejar de pensar: ¿por qué algunas vidas se cuidan con mucho esmero, se les destina una buena porción del llamado gasto social, y otras no son tan importantes? ¿Depende de a qué estadística corresponden? Y más aún: ¿qué muertes se aceptan como inevitables y cuáles no?”, dice.

Montserrat evocó el libro Si me permiten hablar de la boliviana Domitila Chungara para referir a las palabras que necesitamos encontrar porque están en los cuerpos como memoria histórica: los saberes de cómo parir, dijo, se alojan en los cuerpos de nuestras mujeres, abuelas, madres o mujeres aún más ancestrales.

Esa memoria, dice, es una memoria sensible y lo fundamental es no anestesiarla. La casa de nacimientos ha cumplido una década y se ha convertido en una referencia y en un lugar de aprendizaje para muchxs.

Para Montserrat, sin embargo, esta tarea no puede pensarse por fuera de una reforma social más amplia y radical: “Educar actualmente es sinónimo de enseñar a no sentir. Educar supone un entrenamiento para que acepte la impotencia de que no se puede cambiar nada, para que a la cobardía y a la resignación ante hechos y situaciones claramente inhumanas se le llame conducta civilizada, y a la rebeldía, terrorismo, como hace poco tiempo se le llamaba comunismo. El sistema necesita un ‘demonio’ al que adjudicarle todas las culpas para liberarse de todos los males”.

Las preguntas se suceden, los comentarios y cuchilleos crecen. Se hace la hora del almuerzo y el pasilleo se incrementa. El patio de la ceremonia se transforma en un tapiz de picnis improvisados. La parrilla humea choripán, hamburguesas y bondiolas, también hay sandwichs vegetarianos.

Verónica Diz, la organizadora y miembro de la editorial Madreselva, es una anfitriona que, a la vez que cuida cada detalle, llama a la autoorganización. No hay arancel ni entrada. Sólo colaboraciones voluntarias en una piñata de colores.

VIVIAN

No entendía qué hacía trasplantando hígados en Bélgica. Su especialización la había llevado hasta allí pero Vivian Camacho se preguntó “¿cuándo voy a hacer yo trasplantes de hígado en Bolivia?” Se conectó con las parteras de aquel país y vio que eran respetadas y reconocidas y volvió a preguntarse: ¿esto sí es importante para nuestras mujeres en Bolivia y en Latinoamérica? Así que Vivian se empeñó en estudiar y aprender experiencias del parto donde el saber femenino tiene el rol protagónico.

Ahora, como en otras partes del mundo, pronuncia su ponencia vestida con la ropa de sus abuelas cochalas (pollera a la rodilla, blusa bordada, sombrero y trenzas y una chuspita de colores que cuelga): dice que así sana sus heridas, las de aquellas ancianas que padecieron la discriminación y el racismo. Vivian tiene el don de la palabra ágil y conmovedora, pero se ayuda con imágenes que proyecta en un powerpoint. Usa a cada rato la palabra científica, un poco para poner en conexión el lenguaje de los saberes ancestrales con el de un paradigma alternativo de la medicina que ella llama cuanticoholográfico, otro poco para señalar que la sabiduría femenina, la que se teje en comunidades de mujeres cuidadoras, no tiene nada que envidiarle (y sí mucho que pelearle) al conocimiento académico.

Vivian plantea desde el vamos la interculturalidad contrahegemónica. “Cuidado porque interculturalidad es una palabrita que les gusta a muchos, el FMI y otros organismos internacionales ya la han adoptado”, advierte. “Yo hablo de parteras como las mujeres mayas, que son por su rol también líderes políticas y espirituales: son las que ayudan a nacer a su pueblo, con todo lo que eso significa. Ellas, por ejemplo, me contaron que cuando están tristes no atienden partos: esa inteligencia del cuerpo es lo primero. Y esa tristeza es la que el sistema capitalista necesita para desarmar nuestro deseo de una vida digna. Cuando nos bajoneamos demasiado es porque le estamos dando nuestra fuerza al sistema. Cuando nos podemos decir que así tal cual somos y de donde venimos, valemos la pena, pues entonces nuestra vida cobra sentido.” Y esos saberes se vuelven dignos y políticamente potentes.

Muchas veces estos discursos son tomados como esotéricos o supersticiosos, como un modo banal de minorizarlos. Vivian arremete: “Las astrólogas y las parteras tienen mucho que ver porque entienden la conexión profunda entre fuerzas distintas. Interpretar esas energías es algo que se realiza desde hace miles de años, con un saber riguroso y profundo porque somos parte de ese campo de energía más amplio”.

Así Vivian sigue conversando y da la sensación de que podría hablar por horas. Tiene mucho que contar. Por ejemplo, cómo ha ido armando, tomando de aquí y de allá como científica y como joven sabia, su teoría de “la fuerza sanadora de nuestros vientres”: “Los embarazos son procesos de sanación de nuestras heridas del corazón y de nuestro lado femenino. Recuperar el saber propio es sanar el abandono social que a muchas nos lastimó”. Esa autogestión de los cuidados no es poesía ni medicina para pobres, es poder social.


Fuente:
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-7507-2012-09-21.html

jueves, 18 de octubre de 2012

El borde de la vida

Guatemala es uno de los países del mundo donde las comadronas o parteras podrían ayudar a reducir la muerte de gestantes por causas evitables. Allí, parir en la propia casa no es una experiencia de mujeres acomodadas, como puede serlo en ciudades como Buenos Aires; es, sencillamente, la única opción: el idioma de sus comunidades no se entiende en los hospitales, sus tradiciones no son respetadas y las distancias las aíslan de las instituciones. Entonces, el apoyo de una partera que pueda combinar los saberes ancestrales con los beneficios de la medicina resulta fundamental. Esto que sucede en Guatemala, sin embargo, también puede registrarse en nuestro país, tanto en pueblos alejados de centros urbanos como en barrios periféricos de Buenos Aires, donde las mujeres migrantes son menospreciadas cada vez que quieren poner su sabiduría tradicional en juego a la hora de parir.


Por Florencia Goldsman

Más allá de Juanita Viale y de Carla Conte, dos exponentes argentinas de la tendencia cool del parto en casa, hay una realidad. Parir con la ayuda de una comadrona es la única opción para muchas mujeres en el mundo. Sin muchas aristas elitistas ni tampoco tras la huella una tendencia neo hippie. De acuerdo con cifras de las Naciones Unidas cada año mueren 358 mil mujeres durante el embarazo o al dar a luz, cerca de dos millones de neonatos fallecen en las primeras 24 horas de vida y 2,6 de fetos mueren a causa de cuidados médicos deficientes.

Se necesitan más de 350 mil comadronas en el mundo, señala el mismo estudio de Unfpa y da una solución: esta antigua profesión ayudaría a evitar un 90 por ciento de las muertes maternas. Entre los países con mayores necesidades en esta área se listan: Camerún, Haití, Nigeria, Somalia y Guatemala.

Daniela Abadi es una obstetra y comadrona argentina, integrante de Médicos sin Fronteras, quien junto a un grupo de mujeres tiene el proyecto de una escuela de Comadronas en el lago de Atitlán, en Sololá, un municipio de Guatemala. Abadi señala que su actual país de residencia tiene uno de los porcentajes más altos de muerte materna después de Haití. “Lo que se sabe es que en departamentos como en Sololá un 80 por ciento de las mujeres siguen pariendo en domicilios con comadronas tradicionales. Y agrega algunos datos para ilustrar: “La mortalidad materna en Guatemala es alrededor de 200 por 100 mil en número de muertes maternas por nacidos vivos. En países europeos es de 8 por 100 mil, al tiempo que en algunos países de Africa subshariana es de 400 por 100 mil o más”.

Mientras que en la capital guatemalteca y en algunos departamentos del país el acceso a la salud mejora de forma progresiva, en otras provincias las comunidades ven bloqueados derechos fundamentales como el acceso a la alimentación, educación, transporte y la salud. De la población total guatemalteca, el 38,4 por ciento son indígenas, según datos del Instituto Nacional de Estadística de Guatemala (INE), aunque según algunas organizaciones indígenas este porcentaje supera el 60 por ciento de la población del país. En este contexto, la situación de las mujeres indígenas a la hora de parir es particular a razón de sus escasos recursos económicos y la dificultad en el uso del español en detrimento de sus idiomas originarios como el kaqchikel, tz’utujil o quiché, entre otros. Si bien muchas mujeres ni se imaginan acudiendo al hospital, cuando los embarazos se complican el cuadro general eleva su complejidad. Señala Abadi: “Cuando las comadronas tradicionales que se dirigen al sistema de la salud, en general las retan, las critican, no les dejan asistir, las dejan afuera, las tratan como si fueran unas ignorantes”. Por estos meses en Guatemala, mientras más de 20 candidatos se disputaban la presidencia, el problema de la salud quedó desplazado por el discurso de la “mano dura” y la “seguridad” al tope de la agenda política.

Ester Pop (48) es comadrona desde hace más de 30 años en San Pedro la Laguna, un pueblo de 13 mil habitantes, cuyo idioma nativo es el tz’utujil y que tiene 28 comadronas activas. Ella cuenta que “sintió el llamado” de ser comadrona cuando todavía era adolescente y no podía explicar por qué la imagen de una mujer en la postura de parto la conmovía. Tal vez sus padres que iban de pueblo en pueblo ayudando a las mujeres a parir la inspiraron. En el presente, sendas carreras de enfermería profesional mediante, entrega su tarjeta que la identifica como “Educadora de Planificación Familiar” y realza cómo la tensión entre la sabiduría tradicional y el sistema hospitalario se extiende en el tiempo. “Siempre hay un roce. A muchas personas les digo que lo que nos hace la diferencia es ¡el pedazo de cartón! Por eso es que nos miran. Siempre me ubico como comadrona, no como profesional, y digo: lo que Dios me ha dado es lo que valoro. No estudié para ser comadrona, entonces inicié de la nada: es una sabiduría que proviene desde lo alto. Porque los médicos han estudiado sobre los partos, cómo debe pujar la señora, cuánto tiempo y qué debe hacer uno con el bebé. El ser de comadrona una lo obtuvo del cielo, nadie, nadie le instruyó a la comadrona en los tiempos ancestrales. Si nosotros como generación estamos vivos es ¡gracias a ellas! Pero llevamos a una paciente al hospital y ¿qué nos dicen? `Deje a su paciente y se va para afuera’. Pienso que es por un celo porque la mayoría de partos son atendidos por comadronas. Que le gritan a uno y la mayoría no sabe hablar español y todo el mundo habla el español y nadie lo atiende. A uno le gustaría expresar lo que siente, pero si nadie lo entiende mejor se queda callado. Y por otro lado, los médicos a veces tienen razón porque muchas mujeres llegan a última hora muy manipuladas o con otras complicaciones que se debieron evitar.”

PARIR EN CASA

Elena Chabajay tiene 31 años y es una mujer de origen maya, cuyo primer idioma es el tz’utujil. Las flores del comedor combinan con los motivos de su huipil (blusa tradicional) y su mirada cálida invita a pasar a su hogar. Revive con la periodista de Las 12 el nacimiento de su único hijo Lanchito (Lorenzo) que ese día cumple 10. Su comadrona fue Ester y de ella rescata lo simple: caminar. Ese fue uno, entre todos los consejos que recibió durante el embarazo, de los aprendizajes más fáciles y sabios. Hasta el día del parto, Elena bajó a pie la cuesta junto con su abuela “cuando decidimos volver a la casa yo les dije `vamos a pie’ ¡y fuimos a pie todavía! Pero venía caminando pero ya con los dolores y le dije ‘cuando lleguemos a la casa que venga el bebé’”. Y así fue: cuando llegaron las comadronas el trabajo de parto ya había comenzado, el tiempo voló y en sólo dos horas Lanchito ya había llegado al mundo.

La comadrona Ester señala que su trabajo comienza a las pocas semanas de embarazo: “Con 15 días de retraso menstrual la gente me busca. Los primeros meses ellas vienen al consultorio. Ya los últimos meses voy a sus casas”. El seguimiento lo realiza con consejos de alimentación, higiene, cuidado de la futura madre y, a posteriori, del niño o niña. Y a diferencia del vínculo entre las parteras que brindan el servicio en las grandes ciudades, las comadronas de los pueblos no les piden a las mujeres indígenas ningún pago a cambio. “Aquí cuando es gente indígena no cobro ni un solo centavo, es voluntad de las familias. Tanto como para los controles prenatales, el plan educacional, el parto, es voluntad de la familia. Ya cuando hablo con familias extranjeras es diferente porque ellas ya tienen una tarifa”, explica. En su oficina, los alaridos de los gallos se cuelan por las ventanas y las paredes muestran carteles con información médica. Un detalle: las mujeres visten los coloridos trajes tradicionales, el corte (falda larga hasta el tobillo) y huipil.

Elena, por su parte, sostiene que el parto en un hospital es una posibilidad cada vez más usual para algunas familias indígenas (en especial para aquellas que tienen medios económicos). Sin embargo, la gran diferencia reside aun en el vínculo entre médicos y pacientes. “Creo que la clínica atiende bien, pero un tiene un límite para pagar. En cambio, la comadrona no le pide a la familia ningún dinero. Pero tampoco es que uno no le da un quetzal sólo, sino lo que está en sus posibilidades. La comadrona ayuda a la persona. Y yo le tengo mucha confianza al igual que mucha otra gente que cree en ella. La forma en que la trata a una y después también te da tratamientos para reestablecerte, tomar vitaminas, qué hacer con el bebé, porque al principio una no sabe qué hacer. En cambio, si una va al hospital se regresa sin nada, sin ninguna sugerencia, sin ninguna recomendación. Pero la comadrona al siguiente día después del parto viene a verte, para ver cómo estás, cómo está su bebé. Ayuda bastante en una primera experiencia. Yo nunca he ido al hospital pero cuentan que cuando va una la dejan ahí tirada porque hay mucha gente que atender. En cambio, Ester no. Lo que he visto de ella es que está al tanto de todo lo que pasa, su trabajo no lo hace igual ahora de cómo lo hacía hace diez años. Está actualizada y te dice: mira esto ya no se hace así”.

Mariu Gobbato (23) es madre de dos niños, pero a diferencia de Ester proviene de otra esfera social guatemalteca. Esta sociedad aún parece dividirse con un abismo tajante entre clases populares, comunidades indígenas y un establishment muy poderoso dueño de los medios de producción. “También yo nací en mi casa, como mis tres hermanos. Mi mamá es una ladina de clase media alta, un ambiente alternativo, de la clase de Guate que decidió que no iba a ir al hospital a parir a sus hijos. En esa época parían con un médico acupunturista. Pero fue un poco atreverse y hacerlo.” La experiencia de Mariu con las comadronas se sitúa en España hace unos cuatro años. Cuando decidió dar a luz por fuera del sistema hospitalario se dio cuenta que iba a tener que pedir dinero prestado ya que, cuenta, el precio por un parto en casa oscilaba entre los mil y dos mil euros. Superado el obstáculo comenzó un proceso personal de preparar el momento único de convertirse en mamá. Narra Mariu que comenzó a leer y a “entrar en contacto con el bebé, conocer tu cuerpo, entender cosas interesantes acerca del proceso fisiológico del parto para no tener miedo de lo desconocido”. De su parto no recuerda haber sentido temor, pero sí la sensación del agua corriendo desde sus hombros en tobogán por la columna. “Cuando me acosté en la cama, rompí aguas y ocurrió que en el líquido vimos meconio. Ahí nos preocupamos un poco, pero estuvimos escuchando el corazón de mi hija y latía bien. Descartamos la posibilidad de ir al hospital. Entonces decidimos quedarnos en la casa y ahí quise meterme en la bañera. La partera me decía que no, que esperara porque quería ver cómo salían las aguas. Al fin, cuando me pude meter en el agua fue un alivio aaah ¡tan rico! Seguía el trabajo de parto, las contracciones, me servía mucho el agua, estirar los pies y quería sentir el agua corriendo en mi piel. Entonces tenía al papá de mi beba echándome agua todo el rato. En ese momento ya había llegado la otra comadrona, porque trabajan de a dos, y una hora después de que entré en el agua finalmente nació mi hija. Ahí en la bañera.”

RECIBITE DE COMADRONA EN MARZO

Daniela Abadi señala la complejidad de la profesión de comadronas en el país, si bien hay casos como el de Ester Pop, la gran mayoría de ellas no pueden capacitarse y actualizar sus conocimientos. “La autoridad indígena tampoco quiere que estas comadronas formen parte del sistema, quiere conservarlas a un nivel más tradicional. Nosotras pensamos que estas comadronas tienen muchísima experiencia. Muchas veces tienen un conocimiento de la cultura y de las tradiciones muy rescatable que se pierde cada vez más.”

La joven Mariu, junto a Abadi y otras mujeres de la región trabajan sobre una escuela de comadronas en el lago de Atitlán con el objetivo de compartir el conocimiento y mejorar de a poco los servicios que se prestan a las futuras madres. Así, grafica Abadi, la idea es crear una nueva generación de comadronas. “Rescatar todo lo bueno de la tradición y al mismo tiempo tener las competencias necesarias para poder hacer frente a una complicación, si la hay, y referir al sistema de salud.” El proyecto de la escuela lleva varios años en gestación pero no se concreta todavía por falta de fondos. La currícula está completa, convocará a mujeres indígenas pero también a extranjeras: “Pensamos que la formación tenga un precio simbólico para las mujeres de acá, que las comprometa un poquito, les dé más sentido de dignidad y de empoderamiento. La idea entonces es que sea intercultural y que la mitad de las alumnas sea extranjera. Son las que van a pagar y la otra mitad es de Guatemala”, destaca Gobbato. En el reclutamiento, resalta Ester Pop, la comadrona de San Pedro, intentarán identificar el antiguo llamado de la “vocación”. “Si yo he invertido tiempo en esto es para decir ‘he convertido mi sueño en realidad’, porque si puedo formar dos o tres alumnas ya me puedo morir tranquila”, detalla con una sonrisa. Y vaticina que la existencia de este reconocimiento conllevará cambios generales: “Pienso que la relación con los médicos a partir de la escuela sí va a cambiar. Posiblemente los que están ahorita se jubilen y también porque hay una nueva generación de médicos que está más abierta”, resume.

Dar vida o morir en el intento. Plantearse nuevas formas de concebir y priorizar la salud de las madres y en el medio un precipicio: el de las razones tan disímiles de las mujeres por parir o no con comadrona. Y la vida como hermoso paisaje. “Me niego a decirle a nadie que hay riesgo cero, eso no existe ni en la casa ni en el hospital. El riesgo cero tampoco existe en la vida, es un ideal totalmente falso. El parto es un momento más de la vida y quién dijo que la vida no tiene riesgos. El parto es un momento ínfimo en la vida de crear un ser humano. El día que nace el bebé... ahí empieza el baile”, puntea la comadrona Abadi.

La actriz y poeta de origen maya quiché Rosa Chávez describe su llegada al mundo de manos de una comadrona.

“Nací de comadrona, en la casa donde nació mi madre, en casa de mis abuel@s, yo, pequeña rata chillona, enferma y con ojos de quien casi se va de este mundo, dice mi madre que me soplaron guaro, me dieron a oler tabaco, me saturaron con ruda y resistí. Gracias sagrada vida y muerte por los ciclos, por mi lado luminoso y mi oscuridad turbulenta, por las letras zarandeadas, mi hijo, amig@s, el amor desbordado, por las pruebas superadas, gracias por mi paso ensoñado por Kayala.”


Fuente:
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-6764-2011-09-23.html