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jueves, 12 de diciembre de 2013

Las toallitas y yo: Volver a lo natural, un medio y un destino a la vez.

Cuando un cambio que parece pequeño, despierta muchas consciencias en simultáneo, contagiándose de otras y contagiando a muchas más.

por Flora Mitocondria
@FlorMito

Para recorrer el camino que nos acerca a una visión consciente de nuestra menstruación, existen –no azarosamente– numerosas alternativas.
El primer paso, importantísimo en mi recorrido, fue el hacerme cargo de mis cambios hormonales, ‘cortándole’ ese poder que antes supo estar en manos de los laboratorios. El cambio fue explosivo, en muchos de los sentidos posibles. Incluso los momentos más duros, de dolor físico y emocional, fueron productivos y positivos: mi cuerpo se estaba limpiando y sanando a sí mismo. Yo me estaba responsabilizando y concientizando en su limpieza y sanación. También empezaba a deducir que esa tarea estaba recién comenzando. Lejos de abrumarme, eso me entusiasmaba.
No pasó demasiado tiempo hasta que conocí las toallitas de tela, aunque el concepto no era tan extraño para mí. Habiendo sido un bebé en plena hiperinflación, en una época en la que todavía no llegaban a su auge los descartables; debo haber sido de las últimas generaciones de miles de bebés usuarios de combo tela-bombacha de goma. Aquel recuerdo volvía aún más natural y lógico el cambio en que estaba deviniendo.

Investigando las opciones accesibles en el punto del mundo donde estoy, una bocanada de información fresca me recibió. Después de varias semanas de averiguaciones, con mucha ilusión –tanta que mi menstruación se demoró un poco, como esperándolas- y en forma de autoregalo, me acerqué a una dietética de la ciudad y conseguí mis primeras toallas. La primera impresión fue más que grata y renovadora. Más allá de ser un producto, la dedicación y compromiso puesto en las toallas se veía a las claras. También el tono más amigable y de contención se transmitían, a diferencia de los packs descartables que asocian lo natural con lo “indeseado”, dándo una razón a la artificialidad de su producción, al mismo tiempo que se esconden los efectos adversos que estos tienen en el cuerpo de las usuarias. Acá me hablaban de un reencuentro con la naturaleza, con el hecho de la menstruación como un proceso que siendo natural, no tenía por qué conflictuar al entorno, contaminándolo y contaminando nuestros cuerpos. Estaba emprendiendo un camino y entendiendo el proceso desde una persperctiva más positiva y conciliadora, y que con el tiempo, también eliminaría los rasgos negativos que han sido asociados y que ayudan a la estigmatización y al posicionamiento de la sangre menstruante dentro de la columna de los “tabúes”.
No pretendo hacer propaganda del producto diciendo esto, sino poner atención y dar cuenta del cambio que significan. Es imposible mantener una postura de menstruación consciente sabiendo que cada mujer arroja a la Pachamama 12.000 toallitas descartables, en todo su ciclo fértil que tardarán 400 años en degradarse. Con las toallas de tela, el cambio de panorama es inmediato y se percibe inmediatamente. La secuencia cargada de pudor, vergüenza y en algunos casos, asco hacia la propia sangre; en el momento del cambio y desecho; se transforma en otra cosa:
Se produce un reencuentro con el ciclo y con todo lo que acontece interior y exteriomente en torno a él. La tarea del lavado, del previo remojo para después convidar a las plantas y devolver así, algo de lo que nos dan todo el tiempo; la búsqueda de consejos en pares para los cuidados que exigen las telas, en fin. Se establece un vínculo con las toallas, entendiéndolas como una representación palpable del cambio global que decidí hacer. Ya no se trata de arrojar basura sin mirar atrás, sino de tener en cada ciclo una nueva oportunidad para repasar el modo en que se vive cotidianamente y cómo se puede vivir mejor, compartiendo, devolviendo y considerando a nuestro entorno como lo que es, parte y sustento fundamental de la vida.

Entre las muchas reflexiones producto de este cambio en mi vida, también surgieron cuestionamientos en cuanto a la llegada efectiva que esta alternativa tenía: ¿Por qué no aparecen en televisión publicidades de las toallas o protectores de tela, como una opción al monopolio del descartable?
Aunque la pregunta sea un tanto retórica, tampoco es que se trate de cambiar una industria por otra, ya que los procesos de producción no tienen punto de comparación entre sí. Simplemente, que se visibilice con información fehaciente, una alternativa diferente, para que efectivamente tengamos la posibilidad de elegir entre distintas opciones, no sólo entre “distintas” marcas comerciales.
Investigando aún más, encontré mucha información libre y a disposición de todas. Las mismas personas que producen las toallas de tela, comparten los patrones de confección. Esto es una perspectiva totalmente diferente. Ya no estamos atadas a un producto en particular. Podemos tomar el compromiso y la gratificante tarea de poner manos a la obra y crear nuestras propias herramientas para que respondan como cada una quiera, a cada necesidad y preferencia.
Esta filosofía de compartir los saberes y las “armas” puede ser un punto de partida muy fuerte en el camino de recobrar la unión y el compañerismo entre las mujeres. La idea de unirse en grupos, de pasar la palabra, de elegir colores alegres y tomar la tela entre las manos para comenzar a darle forma, entre todas y con un mismo objetivo. La conformación de un sencillo taller de confección, además puede ser la base sobre la que empiecen a surgir aquellas otras cuestiones que nos atañen como mujeres y como personas en el mundo, la sororidad se hará presente y reforzará cada vez más a esos grupos y a cada mujer individualmente. El compartir ideas y acciones concretas en un espacio común son fundamentales para extender el cambio más allá de nuestras realidades. Partiendo desde ahí, las posibilidades se amplían inimaginablemente.
Comprender y responsabilizarse en una nueva tarea que amplía los modos de vida que cada una lleva o intenta llevar adelante, creyendo en que conforman tratos más saludables y no violentos con la naturaleza y con una misma, que es parte de ese mundo natural.

lunes, 15 de octubre de 2012

El dedo en la llaga: Menstruación.


Fragmento extraído del artículo citado más abajo, disponible en Wordpress. El link pueden encontrarlo en este mismo blog.

MENSTRUACIÓN: la sabiduría oculta.
Los peligros de la píldora anticonceptiva y los tampones convencionales

MI REFLEXIÓN


Hace siglos nos quemaban en la hoguera por ser brujas o utilizar la energía femenina y ahora en el siglo XXI somos mujeres modernas, liberadas, independientes, con estudios, que hemos conquistado el mundo EXTERNO pero desconectadas totalmente de nuestros cuerpos, nuestra esencia y de la Tierra.

El avance de la mujer ha sido meramente INTELECTUAL con la invasión femenina en el espacio tradicionalmente masculino. Pero nos falta la compresión intuitiva y espiritual de nuestra naturaleza.

La liberación de la mujer se hizo con prisa y saña pero con muy poca sabiduría y respeto a nosotras mismas. Realmente nunca existió una liberación completa sino que la opresión cambió de disfraz.

Las mujeres escaparon de la dependencia del marido/casa/hijos del orden patriarcal para lanzarse al mundo laboral como asalariadas (que no directivas¡¡) pero dentro del mismo sistema. Potenciándolo, no transformándolo. Vendiéndose, no integrando nuevos valores y reglas de juego. Los avances conseguidos son imprescindibles pero insuficientes, y algunos cuestionables y mejorables.

Y para realizar tantas conquistas, cedimos a la sociedad dominante y a la medicina toda nuestra naturaleza: menstruación (píldora y otros fármacos), parto (excesivo e innecesario intervencionismo y cesáreas), alimentación y cuidado de nuestros hijos (biberón, guardería desde lo 0 meses, crianza sin vínculo, …), menopausia (terapia hormonal), ….

Criticar todas estas supuestas ventajas no significa ser antifeminista sino anti una visión incompleta de las mujeres y falsa en algunos conceptos.

Ya es hora de continuar con una NEO-LIBERACIÓN FEMENINA, enmendar lo que corresponda y recuperar lo perdido, y la menstruación es lo más básico, personal, gratuito y poderoso que tenemos.

La sangre es precisamente lo que liga a las mujeres a la Naturaleza, lo que nos recuerda nuestra humanidad mas profunda. Al intentar ocultar, disimular, minimizar, eliminar la regla, en realidad, lo que hacemos es intentar olvidar nuestra propia condición humana

Estar en sintonía con nuestros ritmos y entregarnos a ellos puede abrirnos las puertas de una nueva independencia y luz para conocernos más, y no reprimir ni la feminidad ni nuestra esencia

“La sangre menstrual recuerda a las mujeres realmente lo que son,
y el día que las mujeres amen sus reglas
amarán verdaderamente su cuerpo y su alma”
Miranda Gray

Parece poca cosa pero no lo es. Tomar conciencia de nuestras menstruaciones y sus dones supone potenciar no sólo nuestro crecimiento emocional, intelectual y espiritual, sino también el de la sociedad y el entorno en que nos desarrollamos.

¿Qué hacer? Estos son mis CONSEJOS:

  • Dejar de ser esclavas de la píldora y demás medicamentos femeninos y de los laboratorios farmacéuticos, a la vez que ganamos más conocimiento y compromiso con nuestro cuerpo: con reflexión, con transición, cada una a su ritmo y posibilidades.
  • Escribir el diagrama menstrual que he explicado antes.
  • Sacar cada noche la cabeza por nuestras ventanas y mirar al Cielo: ver qué luna hay, agradecer al universo la belleza de la noche y la Vida y sentirnos una con la Creación.
  • Atender nuestras verdaderas necesidades de quietud y silencio durante la menstruación. La vida de la mayoría de nosotras es tan agitada que no podemos menstruar con naturalidad y seguimos exigiéndonos más y más. Pero EL CUERPO PIDE SANGRE y debemos permitirnos menstruar física y mentalmente
  • BOICOTEAR a las marcas convencionales de tampones, lideradas por TAMPAX, por siniestras, ocultadoras de información, más preocupadas por sus beneficios que por nuestra salud y por haber provocado en el pasado con su negligencia (y la de los organismos de control oficiales) miles de mujeres afectadas con diferentes enfermedades y cientos de muertes.
  • Usar otras alternativas más respetuosas con nuestros cuerpos y el planeta.
  • Prestar atención a nuestros sueños e intuiciones durante la menstruación, descifrar el mensaje y hacerles caso
  • Y sobre todo: recordar que hay un mundo mejor esperándonos.

Guadalupe Cuevas, transmisora de la sabiduría de la Diosa, tiene en el blog citado abajo un precioso y esclarecedor texto sobre “LA ESPIRITUALIDAD DE LA NATURALEZA” del que he extraído estas palabras:  

“Algunos mitos chamánicos dicen que la mujer tiene de forma natural el vientre ligado a la tierra y que el hombre ha de pasar por la condición de “coyote” y llorar a la luna, para conectar con su feminidad....por ello las mujeres somos responsables de volver a regar la tierra con nuestra sangre menstrual para recuperar nuestro lazo perdido, también somos responsables de dar expresión al mundo emocional que la luna despierta en nuestras hormonas y en los líquidos de nuestros cuerpos, somos responsables de no separarnos de la creación durante más tiempo, el mundo mental y racional no es nuestro reino, volvamos al reino del cuerpo y del instinto , del que nunca debimos salir...seamos una con los árboles, con las rocas, caminemos descalzas y abramos las piernas al poder telúrico de la tierra que nos nutre. ¡QUE LA ÚNICA SANGRE QUE LA TIERRA RECIBA SEA LA SANGRE MENSTRUAL DE MILLONES DE MUJERES QUE HACEN SU OFRENDA SAGRADA!...."

domingo, 30 de septiembre de 2012

Tomar conciencia de la menstruación

Menstruar es uno de los grandes tabúes de la sociedad moderna, y el hecho de que una mujer deje ver que está sangrando puede resultar muy embarazoso. Sin embargo, merece la pena que analices tu propia reacción ante ese flujo con el que convives mes a mes para descubrir el porqué de cómo te sientes. ¿Cómo reaccionas cuando la sangre te mancha la ropa? ¿Eres capaz de tocarla? ¿Cómo te sientes si tu pareja la ve? ¿Usas tampones y esperaas vivir ese período como el resto del mes? ¿Eres consciente de la menstruación de otras mujeres con las que te relacionas? ¿Qué sabes de sus ciclos?
La pregunta sería la siguiente: ¿cuántas mujeres realmente son conscientes de que su regla es algo más que una función fisiológica mensual que resulta molesta, <<sucia>> y que le impide llevar la misma vida que el resto del mes? En la actualidad un gran porcentaje utiliza algún tipo de tampón, pues así puede seguir con su actividad diaria <<normal>> sin tener que preocuparse por las manchas y los desagradables bultos bajo la ropa, además de tener la posibilidad de nadar y hacer cualquier otra actividad física. El tampón ha concedido a la población femenina una libertad de movimiento que las compresas no le daban, pero al mismo tiempo no le deja tomar conciencia del acto de sangrar. Y a menos que sepas que vas a mesntruar porque sufres el síndrome premenstrual o sientes dolor, te <<desharás>> por completo de tu ciclo hasta que tengas que cambiarte el tampón.
El estigma social atribuido al sangrado femenino es que es incontrolable. De hecho, cuando la mujer tiene la posibilidad de sangrar libremente, sin encubrimientos, toma conciencia de que no puede hacer que el flujo se detenga; es un acto tan inevitable como el surgimiento de las energías asociadas a la menstruación. Por este motivo, lo que debería constituir un símbolo natural de la belleza del ciclo femenino se ha transformado en un estigma que recuerda a la sociedad que la naturaleza de la mujer es incontrolable e irrefrenable. Y el uso de tampones, que anula mentalmente la evidencia de la menstruación, hace más difícil que la mujer lo acepte. 
Esto no quiere decir que la mujer no pueda utilizar tampones si así lo desea; simplemente plantea la sugerencia de que deje de usarlos durante algún tiempo, ya que de este modo experimentará las sensaciones de su proceso de sangrar, tendrá la oportunidad de aceptarlo y podrá trasladar esa nueva percepción a su vida cotidiana.


  Gray, M. Luna Roja: Emplea los dones creativos, sexuales y espirituales del ciclo menstrual. Gaia.

La fase folicular y lútea



El propio ciclo menstrual refleja el modo en que la conciencia se convierte en materia y el pensamiento crea la realidad. En el plano estrictamente físico, durante el período comprendido entre la menstruación y la ovulación (llamado <<fase folicular>>), se desarrolla y crece un óvulo, mientras en el interior de la pared del útero también comienzan a formarse colecciones circulares de células del sistema inmunitario llamadas <<agregados linfoides>>. En el plano más amplio de las ideas y la creatividad, esta primera mitad del ciclo es también una muy buena época para iniciar nuevos proyectos. Una investigadora amiga mía me dice que durante esta parte de su ciclo tiene la máxima energía para poner en práctica ideas para nuevos experimentos. La ovulación, que ocurre a mitad del ciclo, viene acompañada por un brusco aumento de la hormona foliculoestimulante (HF) y la hormona luteinizante (HL). El aumento del nivel de estrógeno que lo acompaña se ha relacionado con un aumento de la actividad del hemisferio derecho (capacidad visual y espacial, como la de dibujar un cubo o entender un mapa). Pero esto podría ser contrarrestado por la simultánea cima en la producción de testosterona, que aumenta la capacidad visual-espacial y también la libido. La ovulación representa la creatividad en su grado máximo; la base biológica de esto podría ser la oleada de HF y HL que la acompaña y el consiguiente aumento de la producción hormonal. Las semanas siguientes a la ovulación conducen a la menstruación; este es un periodo de evaluación y reflexión, en que se contempla lo que se ha creado y los aspectos negativos o difíciles de nuestra vida que necesitamos cambiar o modificar. Mi amiga investigadora observa que durante esta parte de su ciclo prefiere hacer tareas rutinarias que no requieran mucha participación de otras personas ni pensamiento expansivo por su parte.
Nuestro ciclo creativo biológico y psíquico va paralelo a las fases de la Luna; en estudios recientes se ha descubierto que el sistema inmunitario del tracto reproductor también es cíclico: llega a su punto máximo durante la ovulación y después mengua. Desde épocas muy antiguas, algunas culturas han llamado <<lunares>> a los períodos menstruales. Cuando las mujeres viven en ambientes naturales, su ovulación tiende a ocurrir durante la Luna llena, y la regla y el periodo de reflexión durante la fase oscura de la Luna. Hay datos científicos que sugieren que los ciclos biológicos, así como los ritmos de los sueños y las emociones, están regulados por la Luna y las mareas, y también por los planetas. Concretamente, la Luna y las mareas interaccionan con el campo electromagnético de  nuestro cuerpo, influyendo por consiguiente en nuestros procesos fisiológicos internos. La propia Luna tiene una fase en que está cubierta por la oscuridad, y después, a partir de la Luna nueva, lentamente se nos vuelve a hacer visible y va creciendo hasta llenarse. 
 
Las mujeres también pasamos por un periodo de oscuridad cada mes, periodo en que nuestra fuerza vital parece desaparecer (fases premenstrual y menstrual). No tenemos por qué tener miedo ni pensar que estamos enfermas si nos menguan la energía y el ánimo durante unos cuantos días cada mes. En muchas partes de India es perfectamente aceptable que las mujeres aminoren su ritmo de trabajo y descansen más durante la menstruación. He llegado a comprender que todo tipo de enfermedades relacionadas con el estrés disminuirían muchísimo si sencillamente siguiéramos la sabiduría de nuestro cuerpo una vez al mes. Demetra George escribe entonces, en la oscuridad de la Luna, cuando <<la vida se limpia, revitaliza y se transforma en su desarrollo evolutivo en espiral hacia la sintonía con su naturaleza esencial>>. Hay estudios que demuestran que muchas mujeres comienzan su periodo menstrual durante la fase oscura de la Luna (Luna nueva) y empiezan a sangrar entre las cuatro y las seis de la mañana, la parte más oscura del día. Muchas mujeres, entre ellas yo, hemos observado que el primero o los dos primeros días de la regla sentimos el deseo de ordenar la casa o el lugar de trabajo, hacer limpieza de los armarios y de nuestra vida. La limpieza biológica natural va acompañada de una limpieza psíquica.
 
Si no quedamos biológicamente embarazadas durante la ovulación, pasamos a la segunda mitad del ciclo, la fase lútea, es decir, la que va desde la ovulación hasta el comienzo de la menstruación. Durante esta fase, de modo natural nos retiramos de la actividad exterior y nos dedicamos más a la reflexión. Nos volvemos más hacia el interior, preparándonos para desarrollar o dar nacimiento a algo que procede de lo más profundo. La sociedad no se muestra tan entusiasta por esta fase como por la fase folicular. Así pues, juzgamos <<malas e improductivas>> la energía, las emociones y a introversión premenstruales.
Dado que por lo general nuestra cultura sólo valora lo que podamos entender racionalmente, muchas mujeres tienden a bloquear en toda ocasión el flujo de información <<lunar>> inconsciente que les llega antes de la menstruación o durante ella. La información lunar es reflexiva e intuitiva.Nos la transmiten los sueños, las emociones y los anhelos. Se nos presenta bajo la capa de la oscuridad. 

 Cuando bloqueamos rutinariamente la información que nos llega durante la segunda mitad del ciclo menstrual, ésta no tiene otra alternativa que volver como síndrome premenstrual o el llamado furor menopáusico, igual como nuestros otros sentimientos o síntomas corporales suelen causar enfermedades si no les hacemos caso.
 La fase lútea, desde la ovulación hasta el comienzo de la menstruación, es la fase en que las mujeres están más sintonizadas con su saber interior y con lo que no funciona en su vida. Se ha demostrado que los sueños son más frecuentes y más gráficos durante las fases premenstrual y menstrual del ciclo. Antes de la menstruación es más delgado el <<velo>> que separa los mundos visible e invisible, lo consciente de lo inconsciente; tenemos acceso a partes con frecuencia inconscientes del yo que nos son menos accesibles en otros momentos del mes. De hecho, se ha demostrado experimentalmente que antes de la menstruación se activa más el hemisferio cerebral derecho, es decir, la parte relacionada con el conocimiento intuitivo, mientras que disminuye la actividad del hemisferio izquierdo; curiosamente, también aumenta la comunicación entre ambos hemisferios. La fase premenstrual es, por lo tanto, un periodo en que tenemos más acceso a nuestra magia, a nuestra capacidad de reconocer y transformar los aspectos más difíciles y dolorosos de nuestra vida. Antes de la menstruación estamos más sintonizadas de modo natural con lo que tiene más sentido en nuestra vida; somos más propensas a llorar, pero las lágrimas siempre están relacionadas con algo que tiene sentido para nosotras. Diversos estudios de la doctora Katerina Dalton han documentado que las mujeres son más emotivas antes de la menstruación, tienden más a desahogar la rabia, son más propensas a los dolores de cabeza y al cansancio, y es posible incluso que experimenten una exacerbación de enfermedades ya existentes, como la artritis, por ejemplo. Mientras estemos desconectadas de nuestras partes ocultas vamos a sufrir antes de la menstruación. Años de experiencia personal y clínica me han enseñado que los problemas premenstruales dolorosos o desagradables son siempre reales y deben tratarse.
Es necesario creer en la importancia de los problemas que nos surgen antes de la menstruación. Aunque es posible que nuestro cuerpo y nuestra mente no expresen estos problemas e inquietudes del modo como lo harían durante la primera parte del ciclo (los llamados días buenos), nuestra sabiduría interior ciertamente nos pide que le prestemos atención. Una mujer me contó, por ejemplo, que siempre que está en la fase premenstrual se inquieta por la casa, el coche y las inversiones que están solamente en nombre de su marido. Cuando se lo dice, él le contesta: <<¿Y qué hay de malo en eso? ¿Acaso no confías en mí?>>. Yo a eso lo llamaría <<chequeo>> premenstrual de una realidad que necesita atención. Un hombre me explicaba que durante la fase folicular su esposa era fabulosa, estaba siempre alegre y animada, tenía la casa en orden y cocinaba; pero que después de la ovulación se <<dejaba estar>> y hablaba de volver a estudiar y salir más. Yo le dije que esos problemas que surgen antes de la menstruación deberían tomarse en serio, y le pedí que considerara que las necesidades de su mujer eran para su pleno desarrollo personal. Le señalé que ese comportamiento difícil antes de la menstruación era su manera de expresar sus necesidades. ¡Claro que ella también necesita aprender a expresar verbal y francamente sus necesidades!
Durante todo el ciclo menstrual hay una estrecha relación entre la psique de la mujer y el funcionamiento de sus ovarios. Antes de la ovulación estamos extrovertidas y animadas; durante la ovulación estamos muy receptivas hacia los demás, y después de la ovulación (antes de la menstruación) estamos más introvertidas y reflexivas. Un asombroso estudio realizado en los años treinta apoya mis observaciones. La doctora Therese Benedek, psicoanalista, estudió las historias psicoterapéuticas de un grupo de pacientes mientras su colega el doctor Boris Rubenstein estudiaba los ciclos hormonales ováricos de esas mismas mujeres. Fijándose en el contenido emocional de la mujer, la doctora Benedek era capaz de decir con increíble precisión en qué fase de su ciclo menstrual estaba. Los autores escribieron: <<Nos complace y sorprende descubrir una correspondencia exacta de las fechas de ovulación determinadas independientemente por los métodos>>, es decir, el material psicoanalítico contrastado con los hallazgos fisiológicos. Descubrieron que antes de la ovulación, cuando el nivel de estrógeno está en su cúspide, las emociones y el comportamiento de las mujeres estaban dirigidos hacia el mundo exterior. Durante la ovulación, sin embargo, se sentían más relajadas y contentas y estaban muy receptivas al cariño y la atención de los demás. Durante la fase postovulatoria y premenstrual, cuando es el nivel de progesterona el que está en la cúspide, las mujeres tendían más a centrarse en sí mismas y estaban más interesadas por actividades orientadas hacia el interior. Curiosamente, en las mujeres que tenían reglas pero no ovulaban, los autores encontraron ciclos similares de emociones y comportamiento, sólo que alrededor de la fecha en que la ovulación debía haberse producido, estas mujeres no sólo no presentaban la ovulación, sino que tampoco tenían las emociones que suelen acompañarla; es decir, no estaban relajadas, ni contentas, ni receptivas a la atención de otras personas.
Dada nuestra herencia cultural y las creencias acerca de la enfermedad en general y del ciclo menstrual en particular, no es difícil entender cómo las mujeres han llegado a equiparar su fase premenstrual con una enfermedad o maldición y no a considerarla un periodo para la reflexión y la renovación. De hecho, se ha demostrado experimentalmente que el lenguaje empleado por nuestra cultura para referirse al útero y a los ovarios afecta al ciclo menstrual de las mujeres; una mujer a la que, en estado hipnótico, se le dicen cosas positivas respecto a su ciclo menstrual, es mucho menos propensa a sufrir molestias relacionadas con la menstruación. Por otra parte, en un estudio se comprobó que las mujeres a las que se le hizo creer que tenían problemas premenstruales cuando en realidad no los tenían, decían que experimentaban más síntomas físicos adversos (retención de líquido, dolor e irritabilidad) que las mujeres de otro grupo a las que se le hizo creer que no tenían problemas premenstruales. Estos estudios son excelentes ejemplos de cómo los pensamientos y creencias tienen el poder de influir en las hormonas, la bioquímica y la experiencia subsiguiente.




 Northrup, Christiane. Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer: una guía para la salud física y emocional. Urano.