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viernes, 1 de noviembre de 2013

Caen las cortinas

ESCRIBO DESDE MI ÚTERO, sabiendo que lo que ahora diré llama a la controversia y profundiza donde duele. Como sea, la intención es la de conmover, no la de revolver y vomitar insultos ni descalificaciones. De primeras aclaro que, para mí, TODA MUJER ES MI HERMANA, y que ellas, ahora, son mi prioridad. Que, como hermanas, somos diferentes, aunque el palpitar es el mismo. Lo que ahora escribo no trata de criminalizar ni señalar con el dedo. Que se abstenga aquél de señalar con el dedo y tachar de bruja, puta o impía a cualquiera de mis hermanas (hermana, si tú señalas con el dedo a alguna de nosotras, por favor fíjate que al alzar tu índice hay tres dedos que también te señalan a ti; reflexiona y siéntete una entre todas). Este texto nace de la reflexión pura y sentida, os invito a acompañarme:
Acabo de ver un documental, muy recomendable, sobre el movimiento social y feminista francés Ni putas Ni sumisas. Se llama Soraya, Nadjet i les altres[1]. En el documental se muestra cómo un grupo de mujeres se moviliza para concienciar a mujeres, niñas, hombres y niños de los barrios marginales franceses – y del resto también – de que por ser muer de origen inmigrante -¡se puede ser la cuarta generación en Francia y no ser aún considerados francesas! - con intención de estudiar y ser independiente, no se es puta. Y que para no ser tratada de este modo – violaciones sistemáticas, ataques físicos y verbales y demás aberraciones – muchas deciden volverse sumisas. Reivindican que la mujer es más que eso, y que se ha de tomar conciencia para actuar[2].
Hasta aquí, no podía estar más unida a estas hermanas. Sin duda, siento que su labor es muy necesaria, pero en el documental algunas mujeres hablan del logro que supone para la mujer la píldora anticonceptiva, el aborto y la anestesia epidural en el parto, así como de las bondades de ser trabajadoras y no simple amas de casa.
Ahora comienza mi reflexión:
Valoro que la contracepción es una herramienta muy útil para conocer el cuerpo de la mujer: conocer su fertilidad y los ciclos naturales, pero rotundamente niego que la píldora nos haya ayudado a ser independientes: siento que nos hace dependientes de las farmacéuticas y nos borra cualquier memoria intuitiva e instintiva de nuestro cuerpo, además de los perjuicios y toxicidad para el mismo. La píldora nos anestesia de nuestro ciclo y nos vuelve lineales, tal y como son biológicamente los hombres - ¡es genial que los hombres sean lineales, pero nosotras somos cíclicas por algún motivo! -. Además, es cómico que la mujer sea fértil durante tres o cuatro días – a lo sumo – al mes, y seamos nosotras las que tomemos anticonceptivos periódicamente, aunque de la misma manera si fueran los hombres quienes tomaran anticoncepción, también serían dependientes de las farmacéuticas y estarían desconectados de su naturaleza.
En definitiva, en este punto quiero aportar mi granito de arena para avanzar en la reflexión de la << conquista de la independencia femenina >>, pues mientras que la contracepción y concepción son fuentes de autoconocimiento, la píldora nos aleja de nuestro Ser femenino y cierra el pico a nuestro Cuerpo.
Otro tema peliagudo: el aborto. Siento que el ser humano – hembra o macho – no tiene el magnánimo poder de quitar o dar la Vida, sino que es el universo en su plenitud quien permite que se manifieste a través de nosotros. Vivir o morir son dos caras de una misma moneda, y ninguna es mala o buena. Lejos de mi sentir más espiritual, creo importante resaltar que la mujer ha de tener derecho a ejercer su responsabilidad con su propio Ser, con su propio Cuerpo. Veo injusto que muchas mujeres mueran por infecciones al haber abortado de manera clandestina o que otras muchas sean tratadas como escoria por haber optado por esta opción. Sin duda, sé que tomar esta decisión no es nada fácil para ninguna mujer, y que muchos embarazos son fruto de violaciones y atropellos a la razón y al sentimiento.
Sin embargo, he de manifestar que dudo que abortar nos libere de algo, dudo que abortar nos dé poder sobre nuestro Cuerpo. De nuevo somos intervenidas por manos ajenas y nos hacemos dependientes de la situación económica y social de un país. De nuevo siento que estamos sutilmente manipuladas. Ser dueñas de nuestro Cuerpo es conocer, amar y honrar nuestro Ser, cada poro de nuestra piel. Esto supone poner un freno, ENTRE TODAS, a los abusos de poder, a las concesiones sexuales cuando no queremos, a conocer nuestra sexualidad y a no tenerle miedo. Para mí, esto es Poder: decidir con quién y cómo deseo fundirme en el sexo; comprender que engendrar es uno de los poderes más valiosos de la feminidad, pues es la Creación en estado puro; amar nuestro Cuerpo para entender el porqué de tener que hacernos respetar y valer. Esto para mí es ser independiente.
No planteo el << no al aborto >> ni << abajo la píldora >>, como lo hace la iglesia católica, la que nos condena por ser hijas de Eva << la pecadora >>, la que se sube al carro de << la Vida >> cuando lo que quiere es lo de siempre: someter a la mujer, porque su Cuerpo es pecaminoso y ha de mantenerse en orden y pureza. Esta iglesia que trajo consigo el oscurantismo y las hogueras en las que ardieron miles de mujeres. La misma que, de manera rotunda, nos recuerda que << pariremos con dolor >>, pues hemos de pagar por lo que hizo nuestra madre Eva. No confundáis mis reflexiones, por favor, con el atropello a la razón y al sentimiento de esta empresa que es la iglesia – no hablo de los creyentes de a pie – que ha cubierto con un velo de oscuridad e << impudicia >> a la naturaleza femenina. Aún hoy, muchas mujeres sienten su cuerpo como ajeno, su regla como un castigo y su maternidad como un sacrificio.
Ahora bien, algunos movimientos feministas – o al menos en sus comienzos – piden y pidieron lo contrario como derecho propio: al exigir independencia e igualdad, muchas mujeres pasan del padre / esposo al médico / psiquiatra. Yo apuesto por volver a nosotras, viajar hacia nuestras raíces y SENTIR qué queremos de verdad. Intoxicar nuestro cuerpo cada mes, parir drogadas, anular nuestro instinto materno en pro de la producción NO ES INDEPENDENCIA NI IGUALDAD. Éstos son otros yugos; de nuevo hemos vuelto al redil, por muy diferente que nos parezca. Seguimos teniendo rejas en nuestras nuevas celdas. Ahora no hacemos lo que mi esposo reclama sino lo que exige mi jefe.
Hermanas, abramos los ojos y despertemos. Pongamos las manos en nuestro vientre y SINTAMOS. Nuestro Poder no es el de envenenarnos, va mucho más allá. Nuestro Poder es el de habitar nuestro cuerpo, nuestra psique, tomar decisiones en función de nuestra intuición y recobrar la valía apoyándonos las unas en las otras.
Abandonemos las luchas entre nosotras mismas. Dejemos de llamarnos putas o señalar a las que creemos sumisas. Mientras sigamos divididas, la sociedad patriarcal vencerá. ¡Es momento de unirse y poner fin a los juicios!
Con todo mi Amor.


Fuente: Irusta, Erika, Caen las cortinas, en Una nueva maternidad. Reflexiones de mujeres en la Red. La Tribu 2.0. Editorial Obstare, 2da Edición, España, 2011.




[1] Vernhes, B.: Soraya, Nadjet et les autres. Francia, 2004.
[2] Más información en: http://www.niputesnisoumises.com/ ; http://www.mediterraneas.org/article.php3?id_article=499

miércoles, 16 de octubre de 2013

¿Quién pone el cuerpo?

A siete años de sancionada la ley que consagra el derecho de cualquier persona adulta a optar por la ligadura tubaria o la vasectomía, el balance habla de muchas mujeres poniendo el cuerpo a una operación que exige anestesia total y una internación de por lo menos dos días y de muy pocos hombres que piden una intervención con anestesia local, sin posoperatorio y fácil de revertir. ¿Las razones? Inequidad de género, falta de información y prejuicios tanto de los beneficiarios como de los servicios de salud.

Por Mariana Fernández Camacho

Provincia de Buenos Aires, 2005
“Al Sr. director del hospital: me dirijo a usted con el motivo de solicitar que se me realice ligadura de trompas. Tengo 32 años, tengo siete hijos y los siete son con cesáreas. Estamos de acuerdo yo y mi marido. Desde ya muchas gracias. Estoy de 31 semanas.”

Provincia de Buenos Aires, 2005
“Sr. director del hospital: solicito por la presente, nuevamente, se me realice una ligadura de trompas en mi próxima cesárea. Estoy cursando el quinto mes de mi décimo embarazo. En el último de ellos no se me realiza la ligadura por no tener el informe que se habría realizado autorizándome. Mis antecedentes constan en la historia clínica, el servicio de obstetricia y en el comité de bioética del hospital. A la espera de una respuesta satisfactoria. Atentamente...”

La ley nacional Nº 26.130, hace siete años, incorporó la ligadura de trompas de Falopio y la vasectomía como métodos electivos de anticoncepción definitivos en los servicios del sistema de salud, a partir de la autodeterminación de las personas mayores de edad y sin necesidad de consentimientos conyugales, indicaciones terapéuticas o autorizaciones judiciales. Se daba fin así a un largo camino de gestiones y de evaluaciones psicológicas, sociales y médicas que legitimaban (o no) deseos personales de otras. De esas otras mujeres que a través de cartas pedían al Estado ser escuchadas, y exponían su intimidad y sus dolencias empeñadas en obtener permiso para actuar sobre su propia vida. Mujeres que consiguieron transformarles la vida a todas.

En su libro Salud reproductiva y derecho a decidir. Experiencias sobre ligadura de trompas en la provincia de Buenos Aires –donde se recogen las cartas cuyos fragmentos son acápite de esta nota–, la licenciada Liliana Siede exploró la gestación del proceso de decisión de mujeres que se acercaron a hospitales públicos de la provincia de Buenos Aires para evitar tener más hijos, antes de la sanción de la ley. Para la mayoría de las mujeres de la muestra, llevar a cabo una ligadura de trompas significó sentir que por primera vez en sus vidas tomaban solas una decisión. Según Siede, la experiencia sobre el propio cuerpo enseña a construir valores: “Como si el apropiarse de decidir no tener más hijos quedara inscripto en un tiempo definido de cambio, de una necesidad interior que da lugar a una nueva etapa con otras perspectivas”.

Luces y sombras

Patricia Urbandt es especialista en bioética, coordinadora del centro quirúrgico en el Hospital Interzonal Especializado Materno-Infantil de la ciudad de Mar del Plata, y una testigo de los últimos 30 años del sistema de salud público: “Desde residente he pasado por todas las etapas. He conocido a médicos que decían ‘Esta señora no puede tener más hijos porque no tiene dientes, el marido está sin trabajo, se le murieron dos nenes, basta’ y entonces decidían la ligadura de trompas sin avisarle a la mujer, hasta ahora que con la ley las embarazadas piden las cesáreas para hacerse la ligadura aunque ésa no sea la indicación. Es decir, se pasó de una actitud paternalista por parte de los profesionales a otra donde a veces parece que el médico estuviera en un negocio vendiendo cosas. Con la operación de cesárea hacen dos por uno y se privilegia la distribución operativa de recursos físicos y materiales. Yo creo que las mujeres tienen derecho a elegir, pero sobre todo tienen derecho a saber y a estar informadas, porque no se están cambiando el color de pelo, se están haciendo algo de carácter permanente”.

Ante la falta de estadísticas, algunos estudios que a partir de la ley vienen siguiendo la evolución de la lisis tubaria en el partido de General Pueyrredón de la provincia de Buenos Aires reflejan que el 50 por ciento de las mujeres que hicieron uso de su derecho eran menores de 30 años, llegando a un 25 por ciento las menores de 25 (cifras relevadas entre septiembre de 2006 y agosto de 2011). También se evidencia un constante incremento en el número de prácticas realizadas en hospitales públicos y la aparición con mayor frecuencia de mujeres de entre 18 y 21 años que piden turno para operarse.

En sus cuadernillos informativos, desde el Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable del Ministerio de Salud enumeran el tener menos de 25 años y desconocer otras opciones de métodos anticonceptivos entre los factores de riesgo de arrepentimiento a la ligadura. Se plantea además que una adecuada consejería preoperatoria es fundamental y que las arrepentidas son más cuando se ligan las trompas durante una cesárea.

En este punto, Urbandt abre el fuego: “Se debe partir de una idea central: la ligadura tubaria es una opción anticonceptiva permanente (la más gravosa), entre varias otras disponibles que tienen carácter reversible. Por eso, este tipo de intervención no puede funcionar en forma aislada de la normativa vigente en materia de salud reproductiva y procreación responsable. Si las mujeres recurren a la ligadura de trompas de Falopio como único método de anticoncepción por la fácil accesibilidad, el bajo costo que les genera, su innecesario control posterior y la alta efectividad, no podemos hablar de una opción legítima alcanzada entre otras alternativas válidas. Sería muy positivo que los jueces y efectores de salud pusieran el mismo celo que mostraron para ordenar y acordar las esterilizaciones por vía amparo, para hacer cumplir las leyes de salud reproductiva. No es posible, por ejemplo, que existan períodos en los que un hospital discontinúe la provisión de preservativos o anticonceptivos orales e inyectables. Es de esencial importancia que se encuentren disponibles los insumos para que todos los esfuerzos de información, educación y ejercicio de la autonomía personal no caigan en el vacío, ni se concentren sólo sobre una opción drástica de planificación familiar para las mujeres en edad fértil”.

Poner (siempre) el cuerpo

La operación de las mujeres consiste en la oclusión bilateral de las trompas de Falopio para que no se unan las gametas (óvulo-espermatozoide) y evitar los embarazos. En la vasectomía se realiza el corte de los conductos deferentes, por donde viajan los espermatozoides. El resultado es semen estéril. En general, se usa anestesia local y no requiere reposo. Ese mismo día el hombre vuelve a su casa y al siguiente puede ir a trabajar. En cambio, el post de la lisis tubaria es compleja, y si se realiza durante la cesárea se trata de una doble intervención que puede necesitar entre 48 y 72 horas de internación. Por otro lado, el nivel de eficacia de la vasectomía es del 99 por ciento, y a su vez tiene un porcentaje más alto de reversibilidad que la ligadura de trompas.

Es importante, además, echar por tierra los mitos que se le endosan a la esterilización masculina: no disminuye la libido, ni se goza menos, ni se tienen pocas erecciones y eyaculaciones. Todo sigue igual (de bien o mal) que antes de la intervención.

Para Urbandt, la defensa del género también tiene que ver con reclamar que alguna vez el cuerpo lo ponga el otro: “La mayoría de los métodos anticonceptivos están preparados y pensados para la mujer, aquí y en el mundo. Hay una cuestión de machismo que hace que el varón ni siquiera se coloque el preservativo, entonces la anticoncepción siempre recae sobre nosotras, con las consecuencias que cada método conlleva. Somos las mujeres las que ponemos el cuerpo para reproducirnos y para dejar de reproducirnos. Tenemos que entender que la reproducción es responsabilidad compartida, del varón y de la mujer. ”

Fuente:
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-8321-2013-09-20.html

Información para decidir sobre nuestro cuerpo

Por Florencia Kot Hansen

En enero de 2012 empecé con un cuadro de mucha angustia y ansiedad que me impactó profundamente, dado que no tenía ningún motivo objetivo para estar mal: estaba de vacaciones, mis hijos estaban sanos y hermosos, con mi pareja habíamos llegado a un momento de estabilidad óptima y mi trabajo me gustaba. Sin embargo, como el cuadro no mejoraba, con el correr de las semanas consulté a un psiquiatra, que me recetó un antidepresivo.

Pero el cuadro no desapareció y lo que me llamó la atención fue que se agudizaba con los síntomas premenstruales. Entonces decidí hacer lo que todos desaconsejan: buscar respuestas en Internet. Quería saber si existía alguna relación entre los dolores menstruales, el uso del Dispositivo IntraUterino (DIU), la ansiedad y la angustia. En mi primera búsqueda en español, sólo aparecieron vínculos relacionados con el DIU hormonal. Repetí la búsqueda pero esta vez en inglés. Fue como abrir la caja de Pandora. Con gran sorpresa descubrí que el DIU de cobre, el cual me fue presentado por el obstetra como un método barrera e inocuo, en realidad funciona gracias a la interacción del cobre con el organismo. El cobre impide que se genere la pared en el útero donde anidan los óvulos fecundados y, además, es altamente espermicida. El rol del cobre es primordial en este método anticonceptivo, tanto como lo son las hormonas en el DIU hormonal. Después de cruzarme con varios foros donde cientos de mujeres presentaban cuadros similares al mío (cuadros de depresión, ansiedad y pánico que aparecen de la nada), me enteré de que, al parecer, un exceso de cobre en el organismo puede generar, entre otros, síntomas de depresión, ansiedad, pánico, acné, pérdida de cabello. Tuve todos estos síntomas. Ninguno de los profesionales que consulté admitieron la relación de éstos con el DIU. Todos coincidían en señalar que la cantidad de cobre es mínima para producir algún efecto nocivo en la salud.

Como mujer y como feminista, me resulta doloroso “embarrarle la cancha” a un método anticonceptivo tan eficaz para tantas mujeres. Sin embargo, creo que todas tenemos derecho a tomar una decisión informadas, todas debemos saber qué riesgos estamos asumiendo a la hora de optar por un anticonceptivo y evaluar si realmente vale la pena. En http://cuidadoconeldiudecobre.wordpress.com/ estoy subiendo en castellano la información que voy encontrando. Mi objetivo es acercar esta información a la población de habla hispana y abrir un interrogante acerca de la real inocuidad del DIU. Lo vivido, lo leído y lo investigado me llevan a pensar que hay mucho más que lo informado en los prospectos. Los invito a leer y sacar sus propias conclusiones.


Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/20-7685-2012-11-30.html


miércoles, 2 de enero de 2013

El aborto por la Dra. Christiane Northrup



Para muchas mujeres, el aborto es un “asunto inconcluso” y como tal se merece un análisis completo. Si viviéramos en una cultura que valorara la autonomía de la mujer, en la que hombres y mujeres practicaran un control de la natalidad cooperativo, el aborto sería un asunto discutible. Si a las mujeres occidentales se las obligara a abortar, como se hace actualmente en China, el aborto tendría aquí un sentido diferente del que tiene ahora.[1]
El aborto pone fin intencionadamente a una vida en potencia. Pero no permitir el aborto mata en potencia a dos vidas. El vínculo entre madre e hijo es el más íntimo de toda la experiencia humana, En esta relación humana, la más primaria de todas, debe haber amor, una buena acogida y receptividad en abundancia. Obligar a una mujer a parir y criar un hijo en contra de su voluntad es por lo tanto un acto de violencia. Constriñe y degrada el vínculo madre-hijo y siembra las semillas del odio, no las del amor. ¿Puede haber una peor entrada en el Universo que obligar a un niño a habitar en un cuerpo que le es hostil? Una vida es demasiado valiosa para inhibir su pleno desarrollo y sus posibilidades obligando a una mujer a parirla en contra de su voluntad. Sabemos que los primeros años de vida de criminales y delincuentes suelen estar plagados de pobreza y desesperación, por lo cual incluso podría ser peligroso traer al mundo un ser que no es deseado. (En su famosísimo libro Freakonomics –Ediciones B, Barcelona, 2006-, Steven Levitt y Stephen Dubner teorizan que la disminución de crímenes en las últimas décadas se puede remontar a la legalización del aborto.) En el horizonte se ve el espectro de más y más mujeres atrapadas en embarazos no deseados mientras la capacidad reproductora de la mujer sea tratada como un trueque político.
Todo el mundo sabe esto en mayor o menor grado, incluso aquellos que públicamente niegan a la mujer el derecho a controlar su fertilidad. Cuando hacía mis prácticas como residente en Boston, no era infrecuente que viniera a verme una chica católica embarazada a la que llevaban sus padres. Éstos me decían: “No somos partidarios del aborto, pero si nuestra hija tiene este hijo, arruinará su vida. ¿Puede hacer algo?”.
Una cosa que he aprendido a lo largo de los años e que no existe así la llamada “libertad sexual”. Creo que por eso siempre me ha desagradado la expresión “aborto a petición”. Habiendo trabajado muchos años en el ámbito de la reproducción de la mujer, veo que el actual debate sobre el aborto es un síntoma del problema mucho más profundo del que he hablado en los primero capítulos: mientras las mujeres continúen entendiendo mal la manera de satisfacer sus necesidades eróticas, mientras continúen sacrificando su cuerpo por el placer sexual de los hombres, no iremos a ninguna parte. Y mientras el aborto sea considerado únicamente un “problema de la mujer”, tampoco.
Realicé abortos durante muchos años, y siempre seré una defensora del derecho de la mujer a decidir sobre su reproducción. Pero he llegado a comprender lo complejo que es el tema del aborto y que no hay soluciones fáciles.
El aborto siempre es un tema espinoso, porque obliga a cada mujer a afrontar sus más profundos sentimientos acerca de la capacidad de los hombres de fecundar a las mujeres y de la capacidad de las mujeres de retener o rechazar el resultado de esa fecundación. El aborto golpea en el corazón de las creencias de la sociedad acerca del papel de las mujeres. ¿Está la sociedad a favor de la participación plena de la mujer en la economía? ¿Cuál es el papel que nos corresponde desempeñar en el hogar y en la sociedad? “El aborto ilustra el control político de lo personal y lo fisiológico –escribe la historiadora Carroll Smith-Rosenberg-. Tiende un puente entre lo inmensamente individual y lo ampliamente político. En todos los planos, hablar de aborto es hablar de poder.”[2]
Cuando practicaba abortos, siempre me sentía como si estuviera sentada en medio de un campo minado. A veces me enfurecía cuando hacía abortar por cuarta vez a una mujer que sencillamente no usaba ningún método anticonceptivo. Otras veces practicaba abortos a mujeres que en realidad no lo deseaban pero pensaban que no tenían otra alternativa. Claro que embarazos no intencionados ocurren en mujeres que usan religiosamente un método anticonceptivo, y éste no impidió el embarazo.
La expresión “aborto a petición” da a entender que la mujer no tiene por qué responsabilizarse de su comportamiento sexual ni de sus consecuencias. Supone que está bien tener relaciones sexuales con quienquiera que se desee, cuándo se desee y sin tener que afrontar las consecuencias, tal y como lo han hecho los hombres durante siglos. Muchas mujeres que se han hecho repetidos abortos me han dicho que después han llegado a comprender que sus relaciones sexuales con los hombres eran una forma de abuso contra sí mismas, el resultado del odio contra sí mismas y de su poca autoestima. La expresión “aborto a petición” supone que las relaciones sexuales en cierto modo pueden y deben separarse  de los demás aspectos de nuestra vida, como el de la necesidad de ser amadas, abrazadas o respetadas. Supone que la misma conducta que encontramos repugnante en los hombres (tener relaciones sexuales sin preocuparse por las consecuencias) está bien para las mujeres. ¿Por qué desean las mujeres imitar a (algunos) hombres en el terreno sexual? Deberíamos resistirnos a cualquier contacto sexual con hombres que no respetan también nuestra alma y nuestro yo más íntimo. Al comienzo del siglo XXI, muchas mujeres están reconsiderando su programación sexual. El primer paso en este proceso es tener claro cuál es esa programación.
Cuando una mujer decide hacerse un aborto, en nombre de sí misma y de su propia vida, nada contra una corriente de 5.000 años de condicionamientos, de ideas y programas sociales propugnados por iglesias y otras instituciones dominadas por hombres, que dicen que la principal finalidad de l mujer es tener hijos y servir a sus hijos y a su marido. Permitir que las mujeres elijan el rumbo de su vida va muy en contra de una idea muy antigua y arraigada.
En los veinte últimos años, en que el número de mujeres que luchan contra esa idea ha aumentado enormemente, las fuerzas políticas y sociales que desean mantenernos en “nuestro lugar” han elevado sus voces y se han hecho más destructivas. Un siglo y medio de retórica destinada a hacernos sentir culpables y avergonzadas en torno al aborto por preferir el autodesarrollo por encima de la maternidad, hace poco sorprendente que el aborto no sea un tema fácil sobre el cual las mujeres podamos hablar libremente. Sin embargo, si todas las mujeres que se han hecho un aborto, o aunque fuera la tercera parte de ellas, estuvieran dispuestas a hablar de su experiencia, no con vergüenza sino con sinceridad respecto a lo que eran entonces, lo que sabían, lo que han aprendido y lo que son y saben ahora, todo este asunto sanaría con mucha mayor rapidez.
Desde la primera edición de este libro me han escrito muchas mujeres para agradecerme que haya tratado este tema. Y me han escrito diciendo cómo su buena disposición a decir la verdad sobre su experiencia del aborto las ha sanado. Kris Bercov, terapeuta que ofrece orientación para superar un aborto, ha escrito un conmovedor librito titulado The Good Mother: An Abortion Parable (La buena madre: Parábola sobre el aborto). Cuando me envió un ejemplar me escribió: “La experiencia del aborto tiene una enorme capacidad para herir o sanar, depende de cómo se lleve e interprete. Como bien sabes, son muchísimas las mujeres que pasan por esta experiencia inconscientemente, dejando a su cuerpo la difícil (y a veces peligrosa) tarea de comunicar sus sentimientos no resueltos.” Este libro de Kris es específicamente revolucionario porque ayuda a las mujeres a buscar a tientas su camino a través de la experiencia, y así sanarla. Se ha usado eficazmente en varias clínicas de abortos.
El clima cultural de cualquier época histórica tiene profundo efectos sobre el bienestar emocional y físico en general de las personas de esa época. Se calcula que en la década de 1840, la mitad de todos los embarazos acababan en aborto. Actualmente, a medida que aumenta el poder de las mujeres, también aumenta la retórica antiabortista. Aunque  a ninguna cultura le ha sido desconocido el aborto, las investigaciones de Carroll Smith-Rosenberg documentan que éste se convierte en un problema político sólo cuando hay “alteraciones importantes en el equilibrio de poder entre hombres y mujeres, y en el de los hombres como cabeza de familia sobre sus tradicionales dependientes.” Durante estos periodos, estos cambios se reflejan en leyes concernientes al derecho de las mujeres a controlar su fertilidad.


Northrup, C. Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer. Urano.



[1] Conocí a una ginecóloga de China, quien me contó que había realizado 20.000 abortos. En China sólo se permite un hijo por pareja, y a veces ni siquiera uno. El aborto se practica corrientemente como control de la natalidad. Si una pareja tiene más de un hijo, los padres podrían perder un empleo o sufrir otras sanciones. En consecuencia, las parejas chinas eligen abortar los fetos femeninos, y ahora toda una generación de varones jóvenes no tienen mujeres suficientes de su edad para formar pareja, hecho que, aunque trágico, parece ser un cruel tipo de justicia.
[2] Carroll Smith-Rosenberg, Disorderly Conduct: Visions of Gender in Victorian America, Oxford University Press, Nueva York, 1986.

El aborto por Germaine Greer


Se supone que el feminismo apoya el aborto. Hay gente que imagina que hubo un tiempo en el que las feministas se manifestaban al grito de: “¿Qué queremos? ¡Queremos el aborto! ¿Cuándo lo queremos? ¡Lo queremos ya!”. Esas mismas personas piensan que, por una vez, las manifestaciones y los gritos dieron resultado. Las autoridades reticentes cedieron ante las voces de las mujeres y permitieron que una oleada de feticidios arrasara el mundo. En realidad no fue esto lo que ocurrió. En Estados Unidos, el factor determinante fue la decisión del Tribunal Supremo en el caso “Roe contra Wade”, que estableció el principio según el cual la ley no debía intervenir en la relación entre una mujer y su médico o médica y, por lo tanto, la intervención del Estado para impedir un aborto constituía un atentado contra la intimidad de la paciente. “Jane Roe” o Norma McCorvey, antigua voceadora  en los carnavales y drogadicta embarazada por tercera vez, fue la marioneta escogida por una joven abogada de Texas llamada Sarah Weddington;  Harry Blackmun, designado por Nixon como juez del Tribunal Supremo, redactó el veredicto. McCorvey se convirtió posteriormente a la religión evangélica y ahora reniega de su intervención en la decisión que “legalizó” el aborto en Estados Unidos. La decisión sobre el caso “Roe contra Wade” no se preocupó de abordar, ni menos aún de resolver, los profundos dilemas morales que se plantean en relación con el tema del aborto. Decisiones posteriores, como la prohibición de la financiación del aborto con fondo federales y la retención del pago de más de mil millones de dólares en contribuciones atrasadas a las Naciones Unidas por parte del Senado estadounidense, que alega que el FNUAP financia el aborto, revelan que la cuestión dista mucho de estar resuelta. Bastaría la acción concertada de otras personas que no sean la madre y que tengan un interés particular en el feto para conseguir que se reconociese que el embarazo se distingue de las demás relaciones paciente-médico por el hecho de que en ella intervienen otras dos partes interesadas, el futuro padre y la futura criatura. Cada vez que se reconoce a un feto como parte en un litigio, se está poniendo en peligro la decisión adoptada en el caso “Roe contra Wade”.
Los verdaderos poderes enfrentados en dicho caso fueron el establishment médico masculino y el sistema judicial masculino. La legislación sobre el aborto se incumplía de manera masiva; en un momento en el que los progresos tecnológicos estaban transformando un procedimiento antes arriesgado en una intervención sin complicaciones, esto abría la oportunidad de ganar fortunas con la interrupción del embarazo. Antes de la legalización, las clínicas de abortos de Estados Unidos estaban en manos de la delincuencia organizada, que se llevaba una buena tajada en concepto de alquileres y protección, y ésta no renunció al lucrativo negocio del aborto por el mero hecho de que se hubiese legalizado su práctica, sino que conservó la propiedad y buena parte del control de los centros. Muchas clínicas se vieron obligadas a mantener un ritmo acelerado de rotación de pacientes, con la exigencia de un determinado número de intervenciones por operador u operadora y hora, de manera que a menudo no se dejaba un tiempo suficiente para que actuase la anestesia cervical. Peor aún, algunas de las mujeres citadas para un aborto, y que lo pagaron, ni siquiera estaban embarazadas. Si los ataques contra los centros de abortos y sus clientes se vuelven más frecuentes, la intervención de la delincuencia organizada para proteger la industria del aborto será también cada vez más significativa; se incrementará el precio de las intervenciones y las mujeres sufragarán el coste adicional. Lo que “ganaron” las mujeres fue el “derecho” a someterse a procedimientos invasores para poner término a los embarazos no deseados, no únicamente por ellas sino también por sus progenitores, sus parejas sexuales, los gobiernos que se niegan a emplear a las madres, los caseros que no aceptan inquilinas con criaturas, los centros de enseñanza que no aceptan alumnas con hijas o hijos. Históricamente, el único logro de las campañas a favor del aborto fue hacer aparecer como mucho más feminista de lo que realmente era a un establishment no liberal.
Todos los abortistas encarcelados por “ayudar a chicas en dificultades” durante la fase de presiones que culminó con la legalización eran hombres. Todos se consideraban defensores de las mujeres y paladines de los derechos de la mujer. Como recompensa recibieron el afecto y la lealtad de las mujeres, agradecidas porque se les concediera el derecho a expiar con sufrimiento y dolor su actividad sexual. La consigna era “cada criatura, una criatura deseada”; también debería haber sido “cada aborto, un aborto deseado”, pero ambas posiciones en este falso debate jamás llegaron a dialogar. Cualquier feminista que considerase el aborto como un ataque contra las mujeres y luchase por el derecho consiguiente a tener hijas y/o hijos sin verse condenada a la pobreza, el desánimo y el fracaso aparecía como sospechosa de ser una criptomilitante pro-vida. En 1997, el cardenal Wilding dio un primer paso hacia la creación de una auténtica alternativa al aborto, mediante la oferta de una ayuda, en forma de una cantidad no especificada de dinero, a las mujeres que en otro caso hubiesen abortado por no poder afrontar el coste económico de tener un bebé. El estallido de indignación fue inmediato; se tachó el dinero ofrecido de soborno destinado a inducir a las mujeres a renunciar a la solución que más les convenía, o sea, no tener hijas ni hijos. A pesar de todo, comenzaron a afluir las donaciones al fondo creado por el cardenal Wilding; en el momento de escribir estas líneas, se han recibido 180.000 libras esterlinas en donativos y ya se han desembolsado la mitad de esta suma. Doscientas mujeres han solicitado la ayuda, de las cuales 50 ya han tenido criaturas y otras 50 están en camino. El cardenal Wilding confía sin duda, en que el gobierno acabe asumiendo esta responsabilidad y preste una ayuda por cada criatura concebida. Las feministas deberían compartir esta expectativa, pero los medios de comunicación las han acorralado en una posición que definen como “pro-aborto”. El feminismo está a favor de las mujeres más que del aborto;  siempre hemos abogado por la libertad de elección en el ámbito de la reproducción. La elección sólo es posible si existen verdaderas alternativas.

Cuidaos angelitos míos, yo os añoro. Las demás son encantadoras. Vosotros también lo habriáis sido.
PAMELA PICKTON, Carta a dos criaturas que no llegaron a ser.

A medida que se agrava la crisis demográfica y los países altamente desarrollados comienzan a considerar, uno tras otro, con preocupación, el descenso de sus tasas de natalidad, cabe esperar que se restrinja el acceso al aborto. El Parlamento alemán aprobó en 1995 una ley federal sobre el aborto que exige que todas las mujeres que soliciten abortar “reciban asesoramiento”, o sea, que se sometan a un interrogatorio, y obtengan un certificado como requisito previo para la autorización del aborto; 264 de los 1.685 centros que ofrecen asesoramiento y emiten dichos certificados dependen de organizaciones de beneficencia católicas. Una ley aprobada en agosto de 1996 en la católica Baviera exige que las mujeres expongan un motivo para la interrupción del embarazo durante las sesiones de asesoramiento; y prohíbe que más del 25% de los ingresos de los médicos procedan de la realización de abortos. En Gran Bretaña, el lobby contra el aborto de la Cámara de los Comunes introduce cada año propuestas legislativas presentadas por diputados o diputadas particulares a iniciativa propia, aparentemente ajeno al hecho de que el establishment médico no está dispuesto a permitir de ningún modo que se restrinja lo más mínimo su derecho a disponer a su antojo de los blastocitos, fetos y embriones, cómo y cuándo le parezca conveniente. Las feministas reaccionan con gran preocupación ante cada nuevo ataque contra la accesibilidad del aborto y dedican sus escasos recursos a librar una batalla a favor de las organizaciones más ricas y poderosas del mundo. Las multinacionales farmacéuticas no van a permitir una revisión global del derecho al aborto, por temor a que se pueda poner en entredicho la acción de sus llamados productos anticonceptivos.

Las feministas occidentales se han marcado un autogol con la organización de campañas de presión a favor del derecho al aborto, en lugar de presionar a favor de la investigación de nuevos métodos anticonceptivos más seguros y baratos, y de intentar garantizar el acceso a servicios anticonceptivos, incluidos los anticonceptivos de urgencia y su asequibilidad.
Carta a The Lancet, agosto de 1996.

A pesar de que las mujeres todavía no tienen acceso a la tecnología abortiva como un derecho, a pesar de que una mujer tiene que recurrir al establishment médico para conseguir “la píldora del día siguiente”, a pesar de que los gobiernos siguen controlando las estadísticas sobre el aborto y continúan autorizando el número de camas destinadas a estas intervenciones, lo cual les permite ejercer un control de facto sobre el número de las mismas, a pesar de que la delincuencia organizada continúa llevándose una tajada de algunas clínicas de abortos estadounidenses, el lobby contra el aborto no ceja en su ofensiva. En las elecciones británicas de 1997, la alianza “pro-vida” esperaba poder presentar 50 candidatos y candidatas, lo cual permitiría ser considerada como un partido político y acceder a los espacios de propaganda concedidos a los partidos para alertar desde allí a la opinión pública inconsciente sobre los horrores de la interrupción del embarazo, pero se encontraron librando una acción de quinta columna. Un sondeo realizado por el dominical Mail on Sunday reveló que incluso después de una serie de escándalos, un 81% de las personas seguían considerando que una mujer tiene derecho a decidir si desea llevar adelante un embarazo o no. La proporción era muy inferior entre los miembros de la Cámara de los Comunes: sólo 298 apoyaban el derecho de la mujer a decidir frente a 254 contrarios al mismo. Otro sondeo realizado por MORI, por encargo del Consejo del Control de la Natalidad (British Birth Control Trust), y el Servicio de Asesoramiento sobre el Embarazo (British Pregnancy Advisory Service) británicos reveló que el aborto ya no era un tema minoritario; un 45% de las personas encuestadas tenían noticia de alguna amiga íntima o una mujer de su familia que se había llevado a cabo un aborto, mientras que en un sondeo análogo realizado en 1980, la proporción resultó ser sólo de un 27%. En 1996, un 64% de las personas respondieron afirmativamente a la pregunta de si se debería facilitar el acceso al aborto a “todas las que lo deseen”; la mitad del 11% de personas católicas incluidas en la muestra se mostraron de acuerdo con lo que treinta años atrás se hubiese considerado una postura extremista. A medida que un número creciente de personas conocen de primera mano las circunstancias y momentos en los que el aborto es la única solución posible, empiezan a comprender que el único principio factible es el del “derecho de la mujer a decidir”. Esas mismas personas manifestaron un incipiente abandono de la idea del aborto eugenésico ante la sospecha de un posible riesgo de discapacidad psíquica o física, encuestadas, frente a sólo un 66%, en 1997. La mujer parece estar ganando terreno en el enfrentamiento entre el derecho del médico y el derecho de la mujer a decidir si desea traer al mundo una criatura discapacitada.
Es innegable que las mujeres no podrán asumir la gestión de su vida si se les niega el acceso al aborto, pero que éste sea necesario es en sí mismo una consecuencia de la opresión. La mujer completa en edad fértil produce un óvulo al mes, que representa una sola posibilidad de embarazo cada 28 días. Un hombre se encuentra continuamente en proceso de espermatogénesis, cada día y cada noche, a todas horas, y puede liberar 400 millones de espermatozoides en cada eyaculación. Una mujer que maximizase su potencial reproductor no podría traer más de 30 criaturas al mundo si todos sus embarazos llegasen a buen término. Un hombre (joven) que tuviese relaciones sexuales con la mayor frecuencia posible con una mujer fértil distinta en cada ocasión podría engendrar tres o cuatro criaturas diarias. Un hombre que donase su esperma a un banco de esperma con la mayor frecuencia posible podría ser el padre genético de literalmente millares de criaturas. Parece muy poco racional que una mujer que no desea un embarazo exponga el cuello de su útero al contacto con un fluido seminal hiperfértil cuando lo que busca no es quedar preñada sino el placer sexual. El placer de una mujer no depende de la presencia de un pene en la vagina; ni tampoco el del hombre. Por consiguiente, tenemos que preguntarnos por qué la penetración se sigue describiendo, quizá con mayor frecuencia que nunca, como una relación sexual normal o completa. Ahora se acepta que las lesbianas y los hombres homosexuales que opten por no darse placer de este modo mantienen relaciones sexuales naturales y completas. Sólo a las personas heterosexuales se les pide que realicen el acto sexual de una manera ortodoxa, como si su objetivo fuese imitar a los padres fundadores y poblar la tierra, cuando eso es lo que menos les importa. La explicación parece residir en el carácter simbólico de la relación sexual como un acto de dominación.
La mitad de todos los embarazos que se producen en Gran Bretaña no son planificados.
Uno de cada cinco se interrumpirá.
Declaración conjunta de la Asociación de Planificación Familiar, British Birth Control Trust, Brook Advisory Centres y la AUTORIDAD De Educación Sanitaria, 1998.
Si aceptamos todo aborto provocado como el resultado de un embarazo no deseado y fácilmente evitado, tendremos que preguntarnos por qué siguen exponiéndose las mujeres a este riesgo. Una mujer que es incapaz de proteger el cuello de su útero con la hiperfecundidad masculina, que no puede pedir que hagan el amor de otra forma o que él use un condón, desde luego no lleva la voz cantante en la relación. Lo más probable es que el hombre haya iniciado el episodio sexual y haya escogido la hora y el lugar; la mujer posiblemente sigue bailando a sus espaldas. Ella concibe contra su voluntad porque él eyacula en el lugar y el momento en que lo hace. Si engendran una criatura no deseada, por ella, su pareja o por el padre y/o la madre de ella, a ella le tocará someterse a una intervención invasora y al trauma emocional, y resolver de este modo la situación. El colmo del insulto es que se le haga creer que este calvario constituye en cierto modo un privilegio. Su triste y onerosa obligación se presenta retóricamente como un derecho civil.
Cuando son otras personas quienes deciden que la criatura de una mujer no debe nacer, se la presionará para que cumpla su deber consigo misma, con el feto, con otras personas, con la institución sanitaria, con el Estado, sometiéndose a un aborto. Su autonomía es la consideración que menos cuenta. En ambos casos, se enfrenta con otras personas que saben mejor que ella lo que le conviene hacer. Se le exigirá que se someta a una serie de pruebas, sin ofrecerle otro tratamiento que la interrupción del embarazo, tanto si la aprueba como si no. Si se somete a una prueba, para la detección del síndrome de Down, por ejemplo, y luego rechaza la intervención del embarazo, le preguntarán por qué se hizo entonces la prueba. Y probablemente intentarán convencerla para que aborte. Su angustia psicológica se intensifica con la publicación periódica de los resultados de investigaciones destinadas a determinar si los fetos humanos tienen conciencia, sienten dolor y pueden aprender, y a partir de qué momento ocurre esto. En marzo de 1998, se anunció que los fetos prestan atención y pueden aprender a partir de la vigésima semana de gestación, antes de que se haya formado la corteza cerebral. Las pruebas eran poco convincentes, ya que se presentaba como conciencia la presencia de una reacción, pero consiguieron el efecto deseado, que era inquietar a las mujeres. Las feministas han alegado que es inmoral retrasar el aborto, pero las mismas autoridades que presentan regularmente pruebas de la incipiente sensibilidad del feto han bloqueado todas las medidas encaminadas a ofrecer procedimientos de aborto rápido y no traumático, que embriológicamente podrían ser idénticos a lo que se presenta como anticoncepción.

No creo que a Jack se le pasaran jamás por la cabeza
Estos pensamientos. Los hombres son tan despilfarradores,
Tan descuidados con su semen. A menudo me pregunto
Qué vida podrían haber tenido esas criaturas
Con un poco de suerte.
El color de sus ojos…
Jean Earle, Menopause

A ninguna mujer que acuda al establishment médico para tener acceso a la tecnología abortiva se la animará a pensar que está ejerciendo un derecho. Si fuese un derecho podría ejercerlo siempre que quisiera. Sin embargo, si desea que el Servicio Nacional de Salud cubra el aborto, probablemente se encontrará con el hecho de que ella haya decidido que no debe llevar adelante ese embarazo no se considera suficiente; tendrá que convencer de lo acertado de su decisión a otras personas, que no tienen ningún interés en las consecuencias ni deberán responsabilizarse de ellas. En enero de 1997, un estudio sobre 108 autoridades sanitarias de Inglaterra y Gales, realizado por la British Abortion Law Reform Association (Asociación Británica a favor de la reforma de la Ley del Aborto), reveló que mientras algunas financiaban prácticamente todos los abortos, otras apenas cubrían 40%. Los médicos de cabecera remitían al sector privado o negaban sin más explicaciones el tratamiento gratuito a las mujeres que en su opinión tenían medios para costearlo.
Cuando a una mujer se le concede el derecho de un aborto gratuito, no se le permite escoger entre los diferentes métodos. El aborto, como la terapia de reposición hormonal o la píldora, se la presenta como una alternativa única, cuando, en realidad, existe una asombrosa variedad de alternativas. El aborto puede ser quirúrgico, parcialmente quirúrgico o totalmente no quirúrgico. Hace veinte años o más que es posible provocar el aborto por medios no quirúrgicos, sin la intervención de personas ajenas, pero el establishment sanitario controla y raciona el acceso a estos métodos. En Estados Unidos no se puede adquirir el RU-486, la llamada “píldora del día siguiente”, fabricado por la empresa francesa Roussel-Uclaf. En Gran Bretaña, la “píldora del día siguiente” suele consistir en una doble dosis de esteroides “anticonceptivos” y raras veces se ofrece sin endilgarle antes un sermón a la cliente sobre los métodos anticonceptivos fiables. Uno de los secretos mejor guardados de la ginecología es el uso del metotresate y otras sustancias citotóxicas para inducción no quirúrgica del aborto. En Estados Unidos, el aborto quirúrgico suele consistir en una intervención de diez minutos por aspiración, con anestesia local; en Canadá, se prefiere un engorroso procedimiento en dos fases, que incluye la inserción de un dilatador por imbibición, seguida de la dilatación y legrado con anestesia general al cabo de 24 horas; en Rusia, que tiene la tasa de abortos más alta del mundo, no se usa anestesia; en Gran Bretaña, el procedimiento habitual es la aspiración con anestesia general. Últimamente, el uso de pruebas de detección del embarazo más adecuadas y cánulas más pequeñas permite la extracción quirúrgica del óvulo fecundado a partir de las ocho o diez días de la concepción, cuando no supera el tamaño de una cabeza de alfiler, aproximadamente en el mismo momento en que se desprendería en una mujer que esté tomando píldoras “anticonceptivas” o lleve un dispositivo intrauterino. La posibilidad de que las mujeres tengan acceso a dicho procedimiento dependerá de que las clínicas se doten del equipo necesario para ofrecerlo. En el momento de escribir este libro, sólo alrededor de un 20% de las clínicas afiladas a la Federación de Planificación Familiar emplean este método y éste se utiliza únicamente en los Estados Unidos.
Quedar embarazada contra la propia voluntad significa empezar a perder el control sobre la propia vida. La tarea más urgente es evitar estrellarse. Si queremos que una mujer se una persona adulta, esto es incompatible con que su vida a la vez dependa de las decisiones de otras personas. Ser madre sin desearlo equivale a vivir como una esclava o un animal doméstico. Como cualquier persona adulta, una mujer desea no procrear o procrear en el momento en que lo considere oportuno; sin embargo, le hacen creer que tiene el deber de usar métodos anticonceptivos y que las técnicas disponibles son fáciles de usar y absolutamente eficaces. Si controlase plenamente las modalidades de su actividad sexual, podría exigir que su pareja masculina controlase su fecundidad excesiva en vez de delegar ella la responsabilidad de inhibir su capacidad fecundadora. La vasectomía, aunque es uno de los métodos disponibles, es culturalmente invisible. Los hombres no se quedan embarazados y, por lo tanto, se despreocupan de la anticoncepción. Los hombres contraen enfermedades de transmisión sexual y por eso usan condones, a veces, aunque no con la frecuencia que deberían ni mucho menos.

Parecen existir dos imágenes de las mujeres que abortan: furcias de corazón de piedra que se someten la intervención con la misma facilidad con que se someterían a una extracción dentaria, y la consideran simplemente como un método anticonceptivo más, o víctimas atormentadas por la depresión, los sentimientos de culpa y el arrepentimiento. La realidad se sitúa en algún punto intermedio. No es una decisión fácil. Es una intervención un poco más compleja que una extracción dentaria. Y la experiencia se supera.
Anne Marie, Girl Frenzy, n°6

En la actualidad, anticoncepción equivale a aborto, ya que no se ha llegado a demostrar que las píldoras de tercera generación impidan que el esperma fecunde al óvulo. Existe un grupo de presión a favor de que se receten “anticonceptivos” esteroides a jóvenes menores de catorce años, que en cualquier caso no deberían tener relaciones sexuales sin protección. En 1996, una encuesta nacional de opinión encargada por Schering Healthcare indicó que la proporción de mujeres que no utilizan la píldora debido a sus efectos secundarios se había incrementado de una cuarta parte a un tercio del total. Schering, prudentemente, preguntó a las mujeres si rechazarían los anticonceptivos si supiesen que son sustancias abortivas. El rechazo contra el aborto en cualquier momento del embarazo no es tan fuerte como para que a alguien se le ocurra organizar piquetes frente a las fábricas que producen píldoras anticonceptivas. Los DIU son claramente abortivos, pero las acciones emprendidas contra ellos no se han presentado al amparo de la Ley de Descripción de Actividades.(Trades Description Act), sino siempre sobre la base de sus efectos secundarios; estas acciones han tenido tanto éxito que las mujeres que desean que les coloquen un dispositivo intrauterino con fines “anticonceptivos” tienen que firmar ahora un formulario de exención de responsabilidades que ocupa 20 páginas. El último dispositivo que ha sido objeto de litigio es el 7 de cobre o Graviguard, comercializado en 1972 por G.D. Searle como una alternativa más segura que los esteroides de ingestión oral. Un centenar de mujeres británicas llevan diez años intentando conseguir una indemnización por daños y perjuicios de los fabricantes, una filial del gigantesco conglomerado Monsanto; la preparación del caso, del que finalmente ha renunciado a hacerse cargo del Comité de Asistencia Legal Gratuita (Legal Aid Board), ya ha costado 750.000 libras esterlinas. Diez de las mujeres siguen intentando llevar adelante la demanda. Centenares de mujeres en Australia, Nueva Zelanda y Canadá están a la espera del resultado de una demanda presentada en Australia, y Searle ha tenido que responder a 25 demandas judiciales en Estados Unidos, de las que ha ganado 19 y ha perdido cinco. Otros casos se han resultado mediante acuerdos extrajudiciales. Los dispositivos intrauterinos, medicinales  o no, actúan provocando una inflamación del útero, muchas veces acompañada de una infección; a las mujeres que los aceptan como un método anticonceptivo se les inserta de hecho un instrumento abortivo de uso personal. El resultado ha sido con frecuencia un aborto encubierto, acompañado de fuertes hemorragias e inflamación pelviana, con el alto riesgo concomitante de embarazo extrauterino.
Todo este sufrimiento, todos estos trastornos, son consecuencia directa de la insistencia en mantener accesible el cuello del útero a la eyaculación del pene.  Tanto si una piensa que la creación y desecho de tantos embriones es una cuestión preocupante como si no, en cualquier caso es innegable que el cínico engaño que sufren millones de mujeres a quienes se venden productos abortivos haciéndolos pasar por anticonceptivos es incompatible con el respeto que como seres humanos merecen las mujeres. Como también es un evidente menosprecio esperar que agradezcan que se les conceda la oportunidad de que les inserten instrumentos en el cuerpo para extraer por aspiración y raspado los productos de una concepción evitable. La tecnología falsamente anticonceptiva manipula a las mujeres de un modo que estamos empezando a rechazar cuando se practica con individuos de otras especies. En contra del dicho popular, la ignorancia les hace daño. Basta que nos preguntemos si tenemos alguna esperanza de proteger la fecundidad y la salud de las mujeres, y evitar la infinidad de millones de abortos que tienen lugar a diario, para constatar con cegadora claridad cuán poco libres son las mujeres. Todas las mujeres, desde las más jóvenes hasta las más viejas, son conscientes de que imponer las condiciones a la intimidad supondría recibir aún menos de lo que ahora ya se les concede. La mujer que se niegue a entrar en el matadero ginecológico –cuyas ramificaciones se extienden hasta todos los cuartos de baño del país- tiene que estar dispuesta a prescindir de la aprobación y las atenciones masculinas. Sabemos que el uso del condón entre los heterosexuales en ínfimo en relación con lo que debería ser para garantizar la protección de la salud y la fecundidad para las mujeres, pero ellas no se atreven a exigirlo por temor a acelerar todavía más la huida de los hombres de la auténtica compañía e intimidad para refugiarse en el reino del sexo virtual.


Greer, Germaine. La mujer completa. Kairós.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Métodos hormonales de anticoncepción


La píldora anticonceptiva simula un embarazo gracias al nivel hormonal que provoca, engañando hacia arriba, hacia la hipófisis, que es la glándula hormonal de control superior, y ella se deja engañar. Además, la píldora sustituye el ritmo natural por un compás que es totalmente regular y predecible, algo que no es nunca el ciclo propio, con sus oscilaciones naturales. Es comparable a la vida de un marcapasos, que sólo puede producir un compás mecánico en lugar del ritmo vivo del corazón.
No pueden pasarse por alto las ventajas de la píldora. Elimina cualquier miedo ante un embarazo no deseado y proporciona así a la sexualidad algo libre de toda preocupación. Sin ninguna preparación especial, la mujer puede encontrarse con su compañero y entregarse a él cuando tenga ganas. La píldora encubre hormonalmente los posibles inconvenientes que hubiera en relación con el periodo. A pesar de ello, en Alemania, a diferencia de los EE.UU., existe un claro cansancio de la píldora que podría estar relacionado con la creciente aversión hacia todo lo artificial e innatural, así como el temor al cáncer que sigue arrastrando a pesar de todas las explicaciones ginecológicas.
Ya existe una alternativa hormonal. Hace tiempo que se ha inventado la píldora para los hombres, pero no sale al mercado porque al parecer no se quiero (ellos no quieren). Es probable que no sería ningún buen negocio, pues, ¿qué hombre se tragaría todos los días unas hormonas y asumiría los posibles inconvenientes, sólo para prevenir tener descendencia o que ella no tuviera que impedir una concepción? Hasta que llegue ese momento mucho tiene que cambiar en la conciencia y el sobreentendimiento masculinos, y mientras tanto, debido al “exterminio blando”, habremos de enfrentarnos a otro tipo de problemas.
Mientras tanto la industria ha desarrollado una píldora especial para cada tipo de mujer, de tal manera que los efectos deseados son óptimos y los efectos secundarios no deseados mínimos. Así, toda mujer encuentra la píldora que mejor le va -a menos esto dice la publicidad e incluso tiene razón-, siempre que el médico que la administra sepa realmente de ello.
Las Pacientes jóvenes toman por lo general píldoras con más hormonas paraqué con ello todo pueda madurar mejor. Son también adecuadas para mujeres con hemorragia débil (hipermenorrea) y tendencia a las metrorragias, en caso de acné o de problemas cutáneos, si la matriz es demasiado pequeña, con el pecho demasiado pequeño, en caso de falta de peso (el estrógeno suministrado se encarga entonces de dar más redondez por la vía dela acumulación de agua) y para la falta de líbido, pero también en determinados problemas con hongos (candiasis) en la vagina. Pero por otro lado, los estrógenos también pueden fomentar la aparición de hongos vaginales.
Por el contrario, una píldora cuyos gestágenos tienen una acción parcial andrógena (masculina) se administra a las mujeres que tienen un periodo demasiado intenso, con mastopatía o mastodinia (dolores en el pecho), que padecen sobrepeso, edemas o tendencia a la sensación de plenitud, porque estos gestágenos deshidratan. A las mujeres con seborrea (tendencia a la sudoración y piel muy grasa) y con el problema de caída del cabello se las prescribe un tipo de píldora (como por ejemplo “Neoeunomyn”), cuyos gestágenos tienen una acción antiandrógena. En caso de masculinización y de acné grave se recetan tipos de píldora cuyos andrógenos son sustituidos por un antiandrógeno puro, como la ciproterona (en “Androcur” y “Diane 35”).
Contemplando con detenimiento los efectos a largo plazo, salvo en el caso citado en último lugar, no ha dado resultados esta prescripción según los síntomas, que naturalmente es muy alopática. Es evidente que a las mujeres no les sienta bien a largo plazo que se les empuje por vía hormonal hacia el polo opuesto. Las mujeres con predominio de estrógenos aparecen señaladas también por el destino como mujeres de la Luna y no deben, ni quieren, que se reduzca en absoluto su feminidad. Pero a las mujeres con predominio de gestágenos tampoco debe empujárselas hacia el polo lunar, pues en cualquier caso es algo que no les sentará especialmente bien. Desde la perspectiva de la medicina interpretativa todo está bien claro: los intentos de elaborar y mejorar esta creación no tienen éxito a largo plazo. La misión de reconciliarse con el polo opuesto (por ejemplo, en el sentido de C.G. Jung) significa hacerlo psíquicamente, no químicamente.
En cuanto a su composición química, existen diferentes tipos de preparados. Los que se emplean más a menudo son los combinados. Estos preparados de una fase contienen siempre la misma mezcla de estrógeno y gestágeno. Los preparados bifásicos, por el contrario, están adaptados al ciclo y proporcionan al principio más estrógenos y en la segunda fase más gestágeno. Los preparados secuenciales contienen primero sólo estrógeno y después sólo gestágeno. El objetivo ha sido y es conseguir siempre la píldora de dosis más baja. Realmente podría preguntarse por qué, si la industria constantemente asegura que las hormonas son inofensivas.
El resultado de los esfuerzos por reducir las hormonas es la minipíldora. Sólo contiene gestágenos, y en dosis muy bajas. Al influir sobre el medio de la mucosa impide esencialmente la ascensión de los espermatozoides. Según la información de la industria farmacéutica, tiene interés en especial para las mujeres que se han cansado de la píldora, que no quieren renunciar a su propio ciclo y que no tienen problemas de irregularidad con el ritmo. Las mujeres Luna con predominio de estrógenos, no obstante, suelen reaccionar mal a la mínima cantidad de gestágeno. Hay algunas mujeres que incluso con la dosis más bajas de gestágenos desarrollan sorprendentes efectos secundarios tales como brotes de acné, metrorragia y amenorrea.
Entre los efectos secundarios generales de la píldora habría que ver en primer lugar el tema de la pérdida del propio ritmo femenino. Excepto la minipíldora, todos los restantes tipos de píldora perturban el ciclo natural. Entre los efectos secundarios más conocidos están la hipertensión, el aumento de la trombosis (unido sobre todo al tabaco), los trastornos del metabolismo hepático y las enfermedades de la sangre. También aumenta la probabilidad de calcificación de los huesecillos del oído (ostoclerosis). Pueden producirse o intensificarse los ataques de migraña y crecer miomas. Pueden aparecer igualmente dolores en el pecho, aumento de peso, mareos (náuseas) y reducción de la líbido (con gestágenos). Aunque no peligrosas sí que son molestas las manchas pardas que aparecen alrededor de la boca, que se denominan cloasmas. El organismo ha interiorizado entonces el programa anticonceptivo y continúa practicándolo por sí mismo. El ritmo propio está tan debilitado que no es capaz de ajustarse él mismo. A nivel interpretativo, esto podría entenderse como que la mujer afectada ha sacrificado tanto su identidad femenina y su ritmo vital, que con sus propias fuerzas ya no puede encontrarlo.
En lo que respecta a la letalidad, hay que hacer constar de manera clara que el riesgo por los embarazos es muy superior al de la prevención con la píldora. De 30.000 mujeres que han tomado la píldora durante toda su vida fértil, según las estadísticas fallecen doce por efectos directos de la píldora y una por el embarazo producido a pesar del tratamiento. Sin embargo, por cada 10.000 embarazos siguen muriendo en promedio dos mujeres. Evidentemente, el riesgo de traer nuevas vidas es mayor que el rechazarlo de manera consecuente.
Desde el punto de vista médico se ponen pocos reparos a la píldora. Antes de administrarla puede hacerse toda una serie de análisis y exploraciones. A los tres meses es posible realizar un control, cada seis meses se recomienda explorar los pechos y los genitales, de vez en cuando incluso se determinan los niveles hormonales, algo que carece completamente de sentido tomando la píldora. La pausa en su toma que antes se recomendaba ya resulta innecesaria. Se hizo para determinar si todavía funcionaban los ciclos reguladores. La mayor tendencia al embarazo observada en las pausas se designó como un efecto rebote, pero hoy se pone en tela de juicio. En cualquier caso, la interpretación sería sencilla: un organismo al que durante mucho tiempo se ha impedido seguir su propia determinación, aprovecha la primera oportunidad para llegar a su meta.

La píldora del día después: una píldora como “Tetragynom”, o la anterior “13 Mikrlut” (ambas minipíldoras), deben tomarse dentro de las 48 primeras horas después de haber tenido relaciones sexuales sin protección y “resuelven” el problema mediante una hemorragia rápida y segura gracias a la progesterona que contienen. Por ese motivo, el procedimiento está permitido porque la mucosa se desprende antes del anidamiento, de tal manera que jurídicamente impide el ebarazo, pero no lo interrumpe. Este “método” es aplicable como máximo después de un resbalón, porque provoca una hemorragia y destruye por completo el ciclo natural.
Los fabricantes de nuestro país rechazan el preparado “RU 486”, la píldora abortiva, porque se dirige contra el óvulo ya anidado, lo que según el derecho alemán sería un aborto (véase también la página 127 y siguientes).

La inyección de los tres meses constituye, dentro de los métodos que utilizan las hormonas, la intervención más brutal en el equilibrio hormonal de la mujer. Realmente altera todo lo que puede alterarse. Debido a estos efectos secundarios extremadamente desagradables, ha desaparecido casi por completo de Alemania. De todas las maneras, sigue administrándose con frecuencia en Suiza después de los partos como prevención durante el período de lactancia. Mientras tanto, en Alemania ha vuelto a utilizarse en mujeres menopáusicas para tratar ataques de migraña que no responden a otros tratamientos, y de vez en cuando en casos de endometriosis y de dismenorrea grave. También las deportistas de alta competición parecen apreciarla por la amenorrea que produce.
Fuera de esto, se administra casi exclusivamente a mujeres mentalmente discapacitadas que se encuentran en centros de acogida, lo que da que pensar y plantearía cuestiones muy incómodas. ¿Cómo es que algo que se negaría a las personas que pueden defenderse se aplica a aquellas otras que no pueden defenderse? En cuanto que la conciencia no puede articularse con claridad, como al comienzo de la vida –desde la concepción hasta el quinto mes- o al fin de la misma, cuando de lo que se trata es de la extracción de órganos, o cuando el intelecto retrocede o desaparece, en nuestra sociedad nos volvemos extraordinariamente arriesgados.

Dahlke, R. Dahlke, M. Zahn, V. El camino femenino a la curación. El mensaje curativo del alma femenina. Cómo interpretar las causas espirituales de las enfermedades de la mujer. Robin Book.

martes, 20 de noviembre de 2012

Nuestra fertilidad


Tomar el asunto en nuestras manos
Siempre he pensado que las mujeres de la antigüedad tenían que conocer la manera de controlar su fertilidad mediante métodos que se han perdido en la noche de los tiempos. En medicina china hay 24 puntos de acupuntura o  digitopresión que se llaman Puntos Prohibidos. Cuando Jeanne Blum, terapeuta holística que trabaja con digitopresión, comenzó a investigar estos puntos, descubrió que se los llamaba “prohibidos” justamente por su capacidad para poner fin a un embarazo. Pero además descubrió que si las mujeres aprendían cuáles eran esos puntos y cómo estimularlos manualmente en el momento oportuno, podían controlar también sus ciclos a voluntad. Así pues, el sistema de los Puntos Prohibidos puede, con la práctica, emplearse como una forma de control de la natalidad o para acabar con un embarazo en su primera fase. Aunque no he logrado encontrar estudios que documenten el uso de estos puntos de esta manera, el continuo trabajo de Jeanne Blum con muchas clientas y las experiencias que le han relatado mujeres que han puesto en práctica lo que dice en su libro son testimonio de la efectividad de este sistema si se aplica correctamente. Los puntos y las instrucciones completas de este sistema para utilizarlo bien se encuentran en su libro Woman Heal Thyself: An Ancient Healing System for Contemporary Women (Charles Tuttle, 1996). Estos mismo puntos se pueden estimular para aliviar y sanar el síndrome premenstrual, la endometriosis, la dismenorrea y otros problemas menstruales.

Concepción y anticoncepción conscientes
Si las mujeres deseamos mejorar nuestra posición personal y profesional en el mundo, no tenemos otra opción que responsabilizarnos de nuestras creaciones y recuperar nuestro poder. Esto es particularmente cierto cuando se trata de tener hijos. Las mujeres hemos llegado a un momento de nuestra historia planetaria en que debemos aprender a procrear a partir de una decisión consciente, no simplemente para llenar un vacío interior ni para retener a un hombre. Estos motivos para concebir son restos de una programación tribal inconsciente que ya no nos beneficia.(…)
A las mujeres que están considerando la posibilidad de concebir les recomiendo que dediquen un tiempo a meditar y a orar junto con su pareja en busca de orientación respecto a la perspectiva de tener un hijo. Las mujeres tibetanas tradicionales siempre dedican un tiempo a la oración y la meditación antes de concebir. No todas son muy evolucionadas. Cuando la mujer eleva sus vibraciones mediante la oración y la meditación conscientes, hace más probable que conciba un alma de mentalidad similar. Esto se puede hacer incluso en el caso de considerar la posibilidad de ser madre soltera por inseminación de un donante. Lo importante es que la mujer vea su cuerpo como un canal para un nuevo espíritu y se rinda a la experiencia, que esté receptiva a todo lo que ésta tiene para enseñarle. (Si estás considerando la posibilidad de ser madre soltera, te recomiendo el libro Single Mothers by Choice [Times Books, 1994], de Jane Mates, asistenta social; para más información sobre la maternidad como solteras, visita www.singlemothers.org)
Todos los métodos anticonceptivos existentes en la actualidad tienen su lugar: píldoras, dispositivos intrauterinos, diafragmas, condones y el resto (…). Desgraciadamente, muchos médicos no presentan con objetividad los métodos de control de la natalidad. Cuando estaba estudiando y durante mis prácticas como residente, existía la tendencia de imponer los anticonceptivos orales como el método óptimo, y a restar importancia a la fiabilidad del diafragma y los condones. Esto no ha cambiado en más de treinta años, lo cual no es de extrañar, dada nuestra actitud cultural de controlar el cuerpo femenino. La píldora (y ahora el parche) es fácil de recetar, fácil de tomar (o usar), muy fiable y muy cómoda. Podemos usarla para manipular el ciclo menstrual, y evitar así las reglas totalmente o los fines de semana. En resumen, encaja en nuestro ideal cultural. La píldora anticonceptiva es el medicamento que más se ha estudiado en la historia. Por desgracia, dado que se fabrica con hormonas no bioidénticas, tiene más efectos secundarios de los que debería.
Muchos otros métodos anticonceptivos requieren más educación acerca del cuerpo y una participación más activa de la que exige la píldora. Esos métodos no encajan en la agenda normal de un médico muy ocupado. Muchos médicos piensan que las mujeres no querrán usar los métodos barrera como el diafragma, los preservativos y la espuma anticonceptiva porque han visto demasiados “fracasos”. Esto es cierto de algunas mujeres, pero no de todas. Los informes demuestran que en las mujeres que son usuarias ideales (que usan el método correctamente cada vez), los métodos barrera, e incluso el de “percepción de la fecundidad” (planificación familiar natural) pueden ser eficaces en un 95 a 98 por ciento.
Es importante distinguir entre el fracaso del método anticonceptivo y el fracaso de la mujer de usarlo correctamente. Muchas mujeres están socialmente condicionadas a  estar disponibles para el acto sexual sin involucrar a su pareja en la responsabilidad de la anticoncepción. Muchas mujeres están relacionadas con hombres que no colaboran en la anticoncepción y que piensan que eso es responsabilidad de la mujer. Aunque me gustaría decir que no vale la pena tener relaciones sexuales con esos hombres, sé que eso no siempre es posible, sobre todo en las situaciones tan corrientes en que hay problemas de violencia doméstica; evidentemente, para las mujeres que están en esta situación es mejor usar un método anticonceptivo que no requiera la colaboración masculina. Entre estos métodos están las píldoras, el parche, NuvaRing, el DIU, Depo-Provera, la ligadura de trompas y el preservativo femenino Reality. Los métodos que requieren una participación consciente de la pareja, como los condones, sencillamente no son apropiados para estas mujeres. De hecho, cuando el Departamento de Salud Pública de Filadelfia ofreció un rustido de métodos anticonceptivos a un grupo de mujeres de ingresos bajos, en su mayoría eligieron el preservativo femenino porque este método les daba más control sobre el riesgo de embarazo e infección a que habrían estado expuestas de no usarlo.
Para elegir el método anticonceptivo apropiado, la mujer debe decidir sinceramente en qué lugar está en su propia vida, y cuánta responsabilidad está dispuesta a asumir en su fecundidad. Algunas mujeres ni siquiera quieren pensar en llegar a conocer sus fases de ovulación ni observar su mucosidad cervical, y mucho menos están dispuestas a insertarse un diafragma antes de cada acto sexual. Eso es válido, y con frecuencia les va bien con la píldora u otro método “automático”. Otras mujeres prefieren métodos barrera, como el diafragma, y yo animo a usar esos métodos también, pero sólo a aquellas mujeres que se comprometen a usarlos conscientemente. He trabajado repetidamente con mujeres que se han hecho tres o cuatro abortos por no usar los llamados anticonceptivos “no naturales”; la píldora habría sido una mejor opción para esas mujeres, dado su comportamiento sexual; pero ellas se negaban a poner algo “no natural” en su cuerpo. Yo digo que no hay nada natural en el aborto, cuando la mujer no usa conscientemente su método anticonceptivo “natural”. Estas mujeres, si bien son conscientes respecto de los alimentos y al medio ambiente, suelen sufrir la división entre la mente y el cuerpo que todos hemos heredado: piensan que estar disponible sexualmente sin pedir a su pareja que comparta la responsabilidad forma parte de ser una mujer deseable. Esto es una lástima, dado particularmente que hay tantas maneras de expresarse sexualmente sin el riesgo de embarazos no intencionados (…). Recomiendo a todas las mujeres que hagan el mayor esfuerzo posible por poner en primer lugar sus necesidades sexuales y de fertilidad en toda relación. Hacerlo requiere valor y apoyo.

Northrup, C. Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer. Una guía para la salud física y emocional. Urano.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Tú decides cuándo tener un hijo



“Tú decides cuándo tener un hijo” debería ser un mantra que interiorizásemos todas las mujeres desde la primera menstruación (y sus parejas).

Lamentablemente, a medida que las mujeres hemos conquistado el mundo externo, nos hemos ido alejando del interno y hoy en día existe una gran falta de conocimiento y respeto por nuestro cuerpo.


Y esta desconexión con los procesos naturales lo ha aprovechado (y potenciado) la industria farmacéutica para patologizar y rentabilizar todos los procesos naturales femeninos: menstruación, concepción, embarazo, parto, lactancia, crianza y menopausia.

Muchas mujeres delegan todas estas etapas en agentes externos perdiéndose de esta forma la sabiduría implícita en cada proceso, que la hay e inmensa, y el verdadero poder.

El número de embarazos no deseados, a cualquier edad, y sus consecuencias son un claro ejemplo de que la mujer no controla y conoce su cuerpo. Extraña forma de liberación…

Por eso me parece muy interesante hacer referencia a este nuevo libro de Françoise Soler, autora de un librito pionero en España en los años 80 “Guía de los métodos anticonceptivos. Técnicas para disfrutar del sexo con responsabilidad”, monitora de métodos anticonceptivos naturales desde 1973 e introductora del método sintotérmico  en España.

“Tu decides cuándo tener un hijo ” es toda una declaración de intenciones y habla de tomar las riendas de un momento tan cumbre en la vida de la persona con información y conciencia.

El libro explica el funcionamiento de la fertilidad femenina, repasa los métodos convencionales y los métodos naturales (sintotérmico, temperatura basal , Bilings , …).

Estos datos nos sirven para:


  • Conocer nuestro cuerpo
  • Favorecer la concepción de forma natural. Y aquí también añadimos el libro “Dieta de la fertilidad” con todos sus consejos de hábitos de vida físicos, emocionales y mentales para tener un hijo
  • Evitar un embarazo no deseado


Aunque se conocen poco, los métodos naturales de anticoncepción son eficaces, respetuosos con el cuerpo femenino, no tienen efectos secundarios y algunos también han incorporado tecnología actual (Bioself , Método persona , …), pero exigen más conocimiento y compromiso, de la mujer y su pareja, que tomarse un cóctel hormonal en una pastillita.

Ojala todos los ministros y ministras de Sanidad e Igualdad leyesen libros de este tipo y los prescribiesen o los regalasen a las familias y colegios para aumentar el conocimiento de la población y practicar la PREVENCIÓN, lo más eficaz y sensato para evitar el abuso de la píldora del día después, las altísimas cifras de abortos de nuestra sociedad, …

Aunque me temo que las medidas que explica este libro son casi gratuitas y pueden aportar mucha luz a las personas sobre si mismas, algo poco interesante para el Sistema.

Porque ejercer el derecho al control de nuestra fecundidad, implica también tener control sobre nuestras vidas…

Sitio oficial: Editorial Integral
Más información: El dedo en la llaga  (capítulo 7)


Fuente:  http://www.elblogalternativo.com/2009/08/30/tu-decides-cuando-tener-un-hijo/

domingo, 23 de septiembre de 2012

Píldora anticonceptiva: ¿Estás segura que es para vos?

THE PILL: “Los efectos secundarios de la píldora Anticonceptiva son muchos”. Entrevista a Alexandra Pope.





“Hoy en día la píldora todavía se promociona como una forma de “controlar nuestra vida”. Lo irónico es que no sólo “No controlas”, sino que estás controlada por un medicamento. El verdadero sentido de “llevar el control” procede de conocer cómo funciona nuestro cuerpo valorando los cambios mensuales rítmicos como oportunidades de autodescubrimiento y cuidado propio, así como de acceso a las profundas fuentes de poder que el ciclo nos revela. ¡Eso es la verdadera libertad!”.

“Por desgracia muchos médicos no informan lo suficiente de los efectos secundarios ni de las contraindicaciones. A veces dicen algo pero de forma muy rápida… Hay algunos médicos que no son partidarios de la píldora, pero son pocos y dispersos. Hablar en contra de la píldora en el ámbito sanitario es visto como un suicidio profesional”
Alexandra Pope

-Llevamos 50 años de uso, abuso y mitificación de la píldora anticonceptiva.
-50 años de medicalizar con hormonas de síntesis y alterar el sistema endocrino femenino en mujeres SANAS.
-50 años ocultando y mintiendo sobre los efectos secundarios de la píldora en las mujeres, en el medio ambiente y en la sociedad.
-50 años politizando la píldora anticonceptiva como bandera de un tipo de feminismo, obviando otras formas contracepción eficaces, inocuas y respetuosas con el cuerpo femenino.
-50 años, sumados a siglos anteriores, estigmatizando y desinformando sobre el verdadero valor físico-psíquico de la menstruación y el poder que su conocimiento y conexión ofrece a las mujeres.
-50 años insultando a nuestra naturaleza y a quien estamos unidas mediante los ciclos sagrados.

Pero esto, empezando por el monopolio de información oficial al respecto, se está acabando y cada vez más expertos están cuestionando estos medicamentos y más y más mujeres abren los ojos para conocer y hacer justicia a su cuerpo.
La australiana Alexandra Pope, autora de “The wild genie” y co-autora de “The pill: are you sure it’s for you?” se ah convertido en una experta sobre el poder del ciclo menstrual y el camino desde la menarquía hasta la menopausia.
Alexandra Pope nos ayuda a descubrir la verdadera femineidad que llevamos dentro. A través de su literatura -ella es muy práctica- y nos brinda todo este conocimiento que muchos grupos “new age”, “empresas hippies” y “gurus” de pacotilla nos secuestran.
En esta entrevista, nos ofrece una visión global sobre el tema de la píldora

¿Cuáles son los efectos secundarios más comunes de la píldora?
Son muchos… Depresión, cambios de humor, pérdida de libido, aumento de peso … Afecta en general a la salud incluyendo el debilitamiento de la función inmunológica debido a la disrupción nutricional que supone la píldora en nuestro organismo. Las mujeres que toman la píldora u otros anticonceptivos hormonales pueden experimentar varios de estos efectos al mismo tiempo. La píldora también afecta a la fertilidad. Después de dejar de tomarla, la regla puede tardar mucho en volver y retrasar bastante la concepción. Menos comunes, pero más serios, son efectos secundarios como la osteoporosis, trombosis y cáncer de mama y cervical.

¿Sigue siendo la píldora un símbolo de libertad?
Hoy en día la píldora todavía se promociona como una forma de “controlar nuestra vida”. Lo irónico es que no sólo “no controlas”, sino que estás controlada por un medicamento. El verdadero sentido de “llevar el control” procede de conocer cómo funciona nuestro cuerpo valorando los cambios mensuales rítmicos como oportunidades de autodescubrimiento y cuidado propio, así como de acceso a las profundas fuentes de poder que el ciclo nos revela. ¡Eso es la verdadera libertad!”.


ESTROGENIZACIÓN DEL MEDIO
La píldora supone la estrogenización del medio, ya que sus residuos hormonales son imposibles de filtrar y de las aguas residuales pasan a la cadena trófica …
La píldora y otras formas de anticoncepción hormonal con estrógenos como la píldora anticonceptiva de emergencia, el parche y el anillo … han sido especialmente diseñadas para trastornar el funcionamiento natural del sistema endocrino de la mujer. Sin embargo, también actúa como disruptor endocrino cuando es vertido en el medio ambiente a través de las aguas residuales. Está demostrado que estos productos químicos afectan tanto a la fauna marina como a los humanos. La exposición a dichos disruptores estrogénicos del sistema endocrino durante un ciclo vital entero ha causado en algunas familias de peces una incapacidad reproductiva completa en sólo una generación. La Agencia de Medio Ambiente Británica estudió 10 ríos durante un período de 5 años. Los estudios muestran que el estrógeno en la orina procedente de la píldora que había llegado a los peces a través de aguas residuales … afectaba a un 50% de peces de sexo masculino al producir huevos en sus testículos y muchos habían desarrollado también órganos reproductivos femeninos. Además se observaron efectos en el comportamiento; por ejemplo, en los ratones, expuestos antes y después de nacer, que mostraban comportamientos anómalos en su vida adulta. Tenemos evidencias para afirmar que la exposición a estrógenos en el medio ambiente puede tener efectos adversos en los humanos. Por ejemplo, el dramático descenso del número y calidad del esperma, el aumento en la incidencia de cáncer en órganos reproductivos como el pecho, próstata, la pubertad prematura, y el aumento en la incidencia de endometriosis.

ETHINYLESTRODIOL
¿Qué pasa con la hormona ethinylestrodiol?
Uno de los temas principales de investigaciones recientes es el impacto medioambiental de algunos de los más recientes anticonceptivos hormonales. El parche y anillo anticonceptivos pueden suponer mayores riesgos medioambientales después de ser desechados que por los propios estrógenos de la orina. Un parche usado y arrojado al inodoro o enviado al vertedero puede dañar la fauna pues continúa desprendiendo la hormona ethinylestrodiol. Como vemos, los anticonceptivos hormonales pueden tener efectos que van más allá de la propia mujer individual que los usa.

EL GRAN NEGOCIO
¿Quién es el que gana con la implantación global de la píldora?
Las empresas farmacéuticas. Es un producto muy rentable para ellas. Para los médicos también es muy rentable. Simplemente recetan lo mismo cuando se acaba. A las mujeres que muestran preocupación les recetan otra marca de píldora y listo. Por desgracia muchos médicos no informan lo suficiente de los efectos secundarios ni de las contraindicaciones. A veces dicen algo pero de forma muy rápida. Hay algunos médicos que no son partidarios de la píldora, pero son pocos y dispersos. Hablar en contra de la píldora en el ámbito sanitario es visto como un suicidio profesional.

¿La píldora confunde al organismo femenino?
El ciclo menstrual de la mujer es un sistema muy sofisticado que cambia constantemente. Responde al medio interno y externo y nos informa mensualmente de cómo manejamos nuestras vidas. La píldora suprime este ciclo y, además de los muchos efectos secundarios mencionados antes, tiene un efecto mortal en nuestra capacidad de saber lo que sucede en nuestra vida a nivel físico y emocional. Enmascara los síntomas de problemas de salud confundiéndolos. Puede que no detectemos señales de problemas de salud o asuntos emocionales tan rápido como cuando tenemos un ciclo normal. Además distorsiona el paso por la menopausia, privándonos de uno de los momentos psico-espirituales más importantes en la vida de una mujer.

PÍLDORA Y FEMINISMO: ACLARANDO CONCEPTOS
¿Por qué, tantas veces, cuando alguien ataca a la píldora … los sectores feministas se sienten igualmente atacados, cuando no tiene nada que ver una cosa con la otra?
Supongo que nos referimos aquí a las actitudes antifeministas y patriarcales. Hoy en día la píldora se considera sinónimo de la anticoncepción. Desafortunadamente existe una gran ignorancia sobre otras formas anticonceptivas, así que cuando se cuestiona la píldora parece que estamos cuestionando la contracepción misma, y de ahí la reacción. Es muy triste que no se anime a las mujeres a conocer el funcionamiento de su propio ciclo menstrual, negándoles así la oportunidad de experimentar el método anticonceptivo más poderoso, el conocimiento de su propia fertilidad. Con dicho conocimiento las mujeres tienen verdadero control sobre sus cuerpos, y la capacidad de elegir desde su posición de poder. Se asume hoy en día que las mujeres son incapaces de manejar su fertilidad por sí mismas y que tienen que ser controladas por la medicina. Esas ideas pertenecen al siglo XIX, no al siglo XXI. Tenemos que cambiar las actitudes negativas sobre la menstruación y rescatar nuestro ciclo menstrual o ciclo de fertilidad como recurso exclusivamente femenino que, una vez entendido, proporciona no sólo herramientas anticonceptivas, también un método de autodescubrimiento y control personal…

*Esta entrevista ha sido publicada por la revista The Ecologist nº 39.
(Lamentablemente sus libros se encuentran solo en ingles
Para más info su página es Web: http://www.wildgenie.com/alexandra_pope_fs.html )