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viernes, 15 de noviembre de 2013

Pequeña reflexión sobre la cuestión O’Connor- Cyrus: Hipersexualización adolescente obligada por la industria de la música.

por Flora Mitocondria
@FloraMito


Aunque la historia continuó (cinco cartas de Sinead y respuestas por Twitter de Miley), es importante tener presente el poder del mensaje que los medios y la industria musical hacen llegar a la franja etaria que más la consume: los adolescentes.



"No iba a escribir esta carta, pero hoy he estado evadiendo llamadas de varios periódicos deseosos de conocer mi opinión luego de que dijeras a Rolling Stone que el video de Wrecking Ball fue diseñado pensando en ser similar al de Nothing Compares... Así que esto es lo que necesito decir... Y lo digo con amor, en un espíritu maternal.



Estoy sumamente preocupada por lo que aquellos a tu alrededor te han llevado a pensar, o bien reforzar lo que tal vez sea tu idea, de que es de cualquier manera "cool" aparecer desnuda lamiendo un mazo en tus videos. En realidad lo que sucede es que oscureces tu talento cuando permites que te exploten de esa manera, ya sea el negocio musical o tú misma quien está detrás de tal explotación.

[Nota: Sinéad utiliza la expresión "pimped" que se deriva de "pimp" que significa "proxeneta"].



Permitir tal explotación solamente acarreará daño a largo plazo. Enviar el mensaje de que se te debe valorar (o de que tú misma lo haces) por tu atractivo sexual y no por tu obvio talento NO es de NINGUNA manera una forma de empoderarte ni de empoderar a ninguna mujer joven.

Me alegra escuchar que soy de alguna manera una especie de modelo para ti y espero que por ese motivo escuches con atención lo que te estoy diciendo.

Al negocio musical no le importas una mierda, tampoco ninguno de nosotros. Te van a prostituir por todo lo que vales y astutamente te van a hacer pensar que eso era lo que TÚ querías... y cuando termines en rehabilitación como un resultado de haber sido prostituida, ellos van a estar tomando el sol en sus yates en la costa de Antigua... yates que compraron gracias a que vendieron tu cuerpo. Te vas a sentir muy sola entonces.



A ninguno de los hombres babeando mientras te mira les importa una mierda, no te engañes. Muchas mujeres confunden lujuria con amor. Si un hombre te desea sexualmente no significa que le importas un cuerno. Todavía más cierto cuando tú misma das la impresión de que tampoco te importas un carajo. Y cuando empleas a personas que dan la impresión de que a la vez tampoco les vale madre lo que pase contigo. Nadie que realmente se preocupe por ti va a apoyar la idea de que te exploten así... y eso te incluye a ti misma.

Sí, estoy sugiriendo que no te estás cuidando. Eso debe cambiar. Debes protegerte como la joven hermosa que eres de cualquiera de tus empleados y de cualquiera que te rodee, incluyéndote. Este es un mundo peligroso. No andamos diciéndole a nuestras hijas que caminen desnudas por ahí porque las convertiríamos en presas de animales y tipos que son menos que animales (una preocupante cantidad de los cuales trabaja en la industria musical y media asociada).



Vales más que tu cuerpo o tu atractivo sexual. El mundo del espectáculo no ve las cosas de ese modo, les gusta que se vean de forma distinta, ya sea las revistas que te quieren en su portada, o lo que sea... no caigas en esas ilusiones... TODOS ellos te quieren porque les estás haciendo dinero con tu juventud o tu belleza... dinero que no podrían hacer si no fuera porque tu juventud te ciega frente a la maldad de la industria del espectáculo. Si tienes un corazón inocente no puedes reconocer a quienes no lo tienen.
Repito, tienes suficiente talento como para no necesitar que la industria de la música te utilice como a una prostituta. No deberías permitirle que te traten como a una bruta. No pienses ni por un momento que le importas un cuerno a cualquiera de ellos. Están ahí por el dinero... nosotros estamos ahí por la música. Siempre ha sido y siempre será así. Mientras más pronto una muchacha joven se da cuenta de esto, más pronto podrá estar REALMENTE en control.
También dijiste en Rolling Stone que tu aspecto está basado en el mío. El aspecto que yo elegí, lo elegí adrede en un momento en que mi compañía disquera me estaba pidiendo que hiciera lo que tú has hecho. Sentí que prefería ser juzgada por mi talento y no por mi aspecto físico. Estoy contenta de haber tomado esa decisión, en parte porque me evité encontrarme a mis casi 47 años con tremendo pedo mental en la cabeza... como desafortunadamente le sucede a tantas mujeres artistas que han basado su imagen en la sexualidad cuando alcanzan estas edades.



[Nota: Sinéad utiliza la expresión "middle age" que en inglés da a entender majomenos cuando uno pega los 40 parriba].
Empoderarse realmente como mujer sería rehusarte en el futuro a explotar tu cuerpo o tu sexualidad para que los hombres hagan dinero contigo. No necesito siquiera hacer la pregunta... He estado en este negocio lo suficiente como para saber que hay hombres haciendo más dinero que tú gracias a que te desnudas. Esto no está nada bien. Y está enviando señales muy peligrosas a otras mujeres jóvenes. Por favor en el futuro di que no cuando te pidan prostituirte. Tu cuerpo es para ti y para tu pareja. No es para cada basura bota-semen en la web, o cada miserable/avaro ejecutivo de la casa disquera para que compre a su amante diamantes.
En cuanto a deshacerse de la imagen de Hannah Montana... quien sea que te esté diciendo que desnudarte es la forma de conseguirlo NO respeta tu talento, o a ti como una joven mujer. Tus discos son lo suficientemente buenos como para preocuparte por sacudirte de la imagen de Hannah Montana. Ella está mááááás que superada para este momento... no porque te estés desnudando, sino porque haces excelentes discos.



Nos guste o no, nosotras las mujeres de la industria somos referentes y como tales tenemos que tener muchísimo cuidado con el mensaje que enviamos a otras mujeres. El mensaje que sigues enviando es que de alguna manera está bien ser prostituido... y no está nada bien Miley... es peligroso. A las mujeres se les debe valorar por mucho más que su sexualidad. No somos solo objetos de deseo. Te animo a enviar un mensaje más saludable a tus pares... que tanto ellas como tú valen más que lo que está pasando en este momento con tu carrera. Amablemente despide a cualquier maldito que no haya expresado alarma por todo esto pues eso significa que realmente no le importas".




¿Qué puedo agregar a esta poderosa carta? Nada, salvo continuar con su difusión y mantenerla presente lo más posible, aunque el ámbito de los flashes de noticias lo dificulten.
Es más que importante tener conciencia de cómo la industria discográfica y del espectáculo de los medios usa y abusa de los “jóvenes talentos” que hacen nacer cada día para luego sacarles todo el jugo posible y tirarlas a la basura cuando ya no sean rentables. Esto se imparte para adolescentes varones y mujeres, y es la maquinaria que los posiciona como meros productos a consumir y que serán consumibles y apetecibles a toda costa. Este es el ejemplo que dan a la juventud: que el venderse como un objeto que deba gustar al público, en base a la hipersexualización de su persona, es cool y te va a llevar al éxito y a que todos te amen y admiren.  Con la mentira de dar a conocer su talento, estas jóvenes caen en el engaño y acceden a mostrarse como femmes fatales a los 16 años, si siquiera tener idea de su sexualidad y sólo expresándola en formas totalmente sexistas y degradantes, hacia fuera, al público que compra. Y aunque esté de más, lo aclaro: no estoy hablando en contra de la sexualidad ni de la sensualidad ni de esas yerbas, pero hay que tener serios cuidados con esto. No es aceptable que se explote a una adolescente de esa manera para cumplir con la audiencia libidinosa y con eso llenar las cuentas bancarias de los productores discográficos. No nos olvidemos, esta es la misma gente que dejó que Chris Brown le diera tal paliza a su pareja Rihanna que la mandó al hospital, y que luego, se vendiera una pomposa reconciliación que incluyó la salida de un “hit” cantado por ambos en el que se explicitaban sus supuesta afición al sadomasoquismo*. Para completar el combo explosivo, un videoclip de miles de dólares (y que de seguro recaudó aún más) con nalgueadas coreografiadas.



Quienes están detrás de esos sellos, claramente son capaces de ignorar la violencia que pueden sufrir las personas con las que trabajan y hasta pueden dar vuelta la cuestión, tornándola vendible. Así, terminan avalando cualquier tipo de violencia y usándola como bandera para luego hacer que una joven baile desnuda en un video mientras lame un martillo.
No voy a extenderme más, la carta de Sinead lo dice todo y más, porque abiertamente es un testimonio desde dentro de la industria y que saca a la luz el objetivo ulterior de ésta. Prestemos atención a este mensaje, ya que es el que le llega a la juventud hoy día y desde hace décadas. Y no hablo sólo de la industria yanqui, sino de la industria de la música, casi en general. Porque dicha máquina porta y comunica ideología, por más disfrazada que esté, y hay que revisar si esas ideas son las que queremos que lleguen y se reproduzcan ad eternum en la sociedad.

jueves, 7 de noviembre de 2013

¿De qué hablamos cuando hablamos de feminismo?

por Flora Mitocondria


En el afán de intentar delimitar universos, tal vez sea mejor buscar entre los grises, las respuestas a nuestras propias preguntas.


En un primer intento, quise arrojar algo de luz hacia la cuestión del feminismo en cuanto movimiento. Mientras escribo, siguen surgiendo más y más preguntas que temo, continuarán resonando al finalizar este artículo y tal vez, también en quién lo lea.
Buscando una direccionalidad de la cuestión, un punto por el que partir y tal vez encontrar una mínima respuesta; visité al diccionario. El Diccionario Ilustrado de la Lengua indica a  la voz feminismo como “Doctrina social que concede a la mujer igual capacidad y los mismos derechos que a los hombres.” Por lo menos reducida me sonó aquella definición e inmediatamente me nació otro interrogante: ¿Quién escribe éste y todos los diccionarios, que todos tomamos por verdad absoluta y clarificadora porque “mata burros”? Sea quien fuere, está de acuerdo en “conceder” (como quien le tira un hueso de sobra a un perro) que las mujeres podemos y debemos ser tan buenas como los hombres. Esta concepción suena tan retrógrada como aquellos sospechosos estudios de la Segunda Guerra, que aseguraban que las mujeres ahora sí eran emocionalmente estables como para ser obreras fabriles. Así, es como aquello que tan abstractamente llamamos patriarcado se manifestó y manifiesta en las sociedades: Las mujeres, como mucho, aspirarán a ser hombres.
Sacudiéndome la sensación asqueante que me produjo aquel libraco clasificatorio, continúo. A pesar de tener muy en consideración que el término feminismo fue probablemente acuñado primero por las mujeres, tendré que decir que no estoy de acuerdo en la etiqueta. Ni en ésta ni en ninguna. Por supuesto, valoro profundamente toda la teoría feminista y/o de género que ha surgido y surge a lo largo de la historia. También me propongo a conocer más al respecto, a leer, ver y adentrarme más en las diferentes ópticas de mujeres y hombres feministas. Esto me parece muy importante, porque creo que es parte fundamental de la toma de conciencia real, de la situación de las mujeres y hombres que hasta el día de hoy vivimos bajo las normas patriarcales.  Yo misma intento valerme de la intuición a la hora de buscar e investigar qué leer, qué audiovisuales ver, qué informaciones conocer y cómo procesar todo eso para nutrir mi entendimiento personal. Sin embargo, las etiquetas no me placen. La etiqueta feminismo o feminista parece que ayudara más a la división que a una conciencia comunitaria. Y por más de que haya sido  concebido por mujeres, tengo una fuerte sospecha sobre ésta y todas las etiquetas que hayan surgido dentro de un sistema que tiene por talento discriminar los aspectos para poder relegarlos más fácilmente. No me interesa llevar tal o cual insignia pegada en la frente, mucho menos si es fruto de una clasificación sistemática hacia todas las cosas y que contribuye a que ciertos individuos asocien el feminismo con el hembrismo, como contra del machismo; o que directamente tilden de feminazis a las malvadas mujeres que quitan trabajo a los hombres y los rechazan sexualmente al mismo tiempo.
Es claro que no puedo ayudar a definir algo que no me interesa que tenga definición. Más allá del respeto inmenso que tengo hacia todo aquel que se enorgullezca de decirse feminista, creo que el camino puede ir por otro lado. No necesitamos de una definición para saber lo que sentimos después de ver unas cuantas publicidades de desodorante de hombre, o cuando nos dicen que ya podemos casarnos al constatar que podemos cocinar. Repito, mi más sincera admiración hacia quien decidió concienzudamente definirse como feminista, porque si tengo que decir qué creo que es el feminismo, en parte creo que es libertad. Libertad de elegir pararse tras una concepción en la que sea crea firmemente, tanto como tener conciencia plena de cómo actúa la sociedad en la que debemos vivir y poder dar cuenta de todas aquellas cosas que por alguna razón nos son naturales, pero sólo porque no han sido cuestionadas desde su raíz.
Esto último me parece importante y sobre todo lo dirijo a aquellas que por alguna causa, creen que el feminismo tiene una escala jerárquica en la que unas tienen más derecho que otras de decirse feministas. Esto no es una carrera ni una competencia. Y considero que primar ese aspecto meritorio, juega totalmente en contra de esa conciencia femenina que se busca alcanzar todo el tiempo; y que en realidad, contribuye más a aquel saber arraigado fuertemente de que las mujeres no pueden unirse, porque simplemente son competencia feroz. Para mí, eso también es feminismo. Es muy necesario reencontrarnos con nuestra naturaleza femenina individual, para luego, en conjunto conseguir fortalecernos. Y ese es justamente uno de los estigmas que se han perpetuado en la sociedad, ya que para el sistema es mucho más fácil doblegar a un grupo intentando separarlo o que jamás se conforme.
Casi sin darme cuenta entre en definiciones. No busco la verdad absoluta, porque creo que ya hemos concluido en que no existe tal. Sólo busco cuestionarme y que usted que lee esto, también se cuestione o busque aquello que haga ruido en su realidad. ¿Es feminismo sospechar de por qué toda la información histórica en forma de libros, textos, películas, etc; que desde la infancia nos instalan, son en su inmensa mayoría escritas, pensadas y creadas por hombres?
¿Es feminismo objetar contra la amplísima diferencia de los salarios entre hombres y mujeres ante idénticas condiciones de trabajo?
¿Es feminismo cuestionar por qué hace falta que haya un hombre para armar un mueble o arreglar un aparato?
¿Es feminismo dar cuenta de la estigmatización que sufrió una persona por sentirse una mujer encerrada en un cuerpo de hombre, y todas las burlas y discriminaciones que tuvo que soportar en el ámbito de un pequeño pueblo (como en el que crecí)?
¿Es feminismo tomar conciencia sobre el propio cuerpo, sobre las técnicas de mercado que quieren “facilitarnos las cosas” haciendo que arrojemos miles de desechos en toda nuestra vida fértil; y actuar en consecuencia hacia una dirección más amable con la naturaleza entera?
¿Es feminismo cortar con los hilos de los que pendemos y con los que la sociedad quiere sujetarnos para que obremos a su placer y beneficio? ¿Es feminismo tomar posesión cada una de su cuerpo?

Las preguntas pueden continuar por miles y ojalá asi sea. Porque más allá de las definiciones, es necesario buscar la conciencia, abrir los ojos, los oídos, la cabeza y el corazón; y analizar cómo y en función de qué se dispone todo en nuestra realidad. De este modo, no habrá camino correcto ni incorrecto, mucho menos tabla de méritos. Pero estaremos alerta a todas aquellas cosas de las que podemos prescindir y veremos más claramente, aquellas otras que pueden acercarnos a una vida más plena, armoniosa y despejada de lo innecesario y nocivo; como mujeres, como hombres, como niñas y niños, como sociedad. Y así osaremos buscar lo radiante de la vida, brillar y ver la felicidad y el goce del baile, de la lucha con alegría. Como Emma Goldman tal dijo o tal vez no, no importa realmente, lo que importa es su efecto: “Una revolución sin baile no es una revolución en absoluto.”